Juegos de bebés
de 0 a 5, Estimulando a tu hijo, Juegos infantiles, Psicología
Es el adulto quién toma al niño en sus brazos y como por esta vez no hay que alimentarlo, ni cambiarlo, ni calmarlo para que deje de llorar; empieza a circular entre ellos la posibilidad de crear algo distinto.
El adulto encuentra en el bebé un compañero que no juzga ni desaprueba. Eso lo libera de tensiones y lo predispone a relajarse y dejarse llevar. No acostumbra a jugar más desde que se siente crecido, pero la presencia del bebé justifica que haya un juego.
El niño obtiene del adulto un sostén que le otorga consistencia y lo guía en movimientos que lo sacan de sus reflejos esteriotipados.
Así, niño y adulto comienzan a inventar un espacio lúdico con sus cuerpos, que no se rige por reglamentos difíciles de entender para ninguno de los dos.
El padre comienza a moverse de aquí para allá con su hijo en brazos y se le ocurre comenzar a cantar una canción que le daba vueltas por la cabeza. O empieza a inventar unas tonadas que acompañen bien a su balanceo.
El niño siente el ir y venir en brazos cómodos. La sensación es en todo el cuerpo. Hay movimiento y eso le gusta.
Ambos disfrutan de este juego inventado y simple.
El padre propone ahora nuevas posiciones al bebé. Así, lo sostiene en el aire para que el bebé quede en posición vertical. Apoya sus piecitos sobre la mesa y juntos simulan que el bebé puede caminar. Luego lo sienta sobre sus rodillas y le hace caballito.
El bebé ríe. La sensación es muy divertida.
Sin saberlo, el padre ayuda así al pequeñín a ir practicando posiciones que más adelante el niño deberá poder tomar por su cuenta.
Ahora es el adulto quién eleva al niño por encima de su cabeza y lo hace bajar rápidamente, produciendo el efecto simulado de una caída.
El niño ríe sin parar.
Ahora, puede experimentar una sensación nueva en su cuerpo. Una sensación de vacío, sin angustiarse por ello. Sensación que cuando crezca le producirán algunas palabras o frases, capaces de dejarlo sin aliento o cortarle la respiración por un segundo. Ahora se acerca a esta sensación a través del juego y de los movimientos de su cuerpo acompañado por papá.
Luego dejan la actividad tan movida, y padre e hijo se sientan cómodos. Y allí es cuando ocurre otra fantástica y divertida idea. El padre tapa la visión al bebé por unos instantes para luego devolvérsela, mientras dice con alegría “acá está”.
Así, padre juega mientras baña a su hijo en una cascada de palabras. Lo va bañando en lenguaje y le otorga claves para su futuro desarrollo.
El niño comienza a practicar entre risas y juegos, la posibilidad de la presencia y la ausencia. Algo que ve, desaparece y vuelve a aparecer. Y en el mientras tanto la posibilidad de esperar sin romper en llanto.
El padre acerca algunos objetos al niño, y este decide tocarlos, acercárselos a la boca, chuparlos.
Hay lugar para experimentar sin tener miedo y sin correr riesgos.
Tal vez no se estén dando cuenta de lo que están haciendo. Pero juntos comparten un tiempo rico sin obligaciones ni preocupaciones.
Así, se juega.
Los bebes también juegan. Los juegos con bebes ocurren cuando se dan las condiciones para un verdadero encuentro. Cuando adulto y bebé se suman uno al otro, y proponen movimientos y sonidos.
Es el adulto quién toma al niño en sus brazos y como por esta vez no hay que alimentarlo, ni cambiarlo, ni calmarlo para que deje de llorar; empieza a circular entre ellos la posibilidad de crear algo distinto.El adulto encuentra en el bebé un compañero que no juzga ni desaprueba. Eso lo libera de tensiones y lo predispone a relajarse y dejarse llevar. No acostumbra a jugar más desde que se siente crecido, pero la presencia del bebé justifica que haya un juego.
El niño obtiene del adulto un sostén que le otorga consistencia y lo guía en movimientos que lo sacan de sus reflejos esteriotipados.
Así, niño y adulto comienzan a inventar un espacio lúdico con sus cuerpos, que no se rige por reglamentos difíciles de entender para ninguno de los dos.
El padre comienza a moverse de aquí para allá con su hijo en brazos y se le ocurre comenzar a cantar una canción que le daba vueltas por la cabeza. O empieza a inventar unas tonadas que acompañen bien a su balanceo.
El niño siente el ir y venir en brazos cómodos. La sensación es en todo el cuerpo. Hay movimiento y eso le gusta.
Ambos disfrutan de este juego inventado y simple.
El padre propone ahora nuevas posiciones al bebé. Así, lo sostiene en el aire para que el bebé quede en posición vertical. Apoya sus piecitos sobre la mesa y juntos simulan que el bebé puede caminar. Luego lo sienta sobre sus rodillas y le hace caballito.
El bebé ríe. La sensación es muy divertida.
Sin saberlo, el padre ayuda así al pequeñín a ir practicando posiciones que más adelante el niño deberá poder tomar por su cuenta.
Ahora es el adulto quién eleva al niño por encima de su cabeza y lo hace bajar rápidamente, produciendo el efecto simulado de una caída.
El niño ríe sin parar.
Ahora, puede experimentar una sensación nueva en su cuerpo. Una sensación de vacío, sin angustiarse por ello. Sensación que cuando crezca le producirán algunas palabras o frases, capaces de dejarlo sin aliento o cortarle la respiración por un segundo. Ahora se acerca a esta sensación a través del juego y de los movimientos de su cuerpo acompañado por papá.
Luego dejan la actividad tan movida, y padre e hijo se sientan cómodos. Y allí es cuando ocurre otra fantástica y divertida idea. El padre tapa la visión al bebé por unos instantes para luego devolvérsela, mientras dice con alegría “acá está”.
Así, padre juega mientras baña a su hijo en una cascada de palabras. Lo va bañando en lenguaje y le otorga claves para su futuro desarrollo.
El niño comienza a practicar entre risas y juegos, la posibilidad de la presencia y la ausencia. Algo que ve, desaparece y vuelve a aparecer. Y en el mientras tanto la posibilidad de esperar sin romper en llanto.
El padre acerca algunos objetos al niño, y este decide tocarlos, acercárselos a la boca, chuparlos.
Hay lugar para experimentar sin tener miedo y sin correr riesgos.
Tal vez no se estén dando cuenta de lo que están haciendo. Pero juntos comparten un tiempo rico sin obligaciones ni preocupaciones.
Así, se juega.
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