Límites a nuestros hijos: Aprendiendo a decir ¡Basta!
Todas las edades, Creando hábitos, Límites, Psicología
A ninguna madre le gusta estar regañando desde la mañana
hasta la noche.
Y sin embargo es menester entender que los chicos necesitan límites.
Dejar que los niños crezcan sin límites como en el “país del nunca jamás” de Peter Pan, trae problemas y... muchos. Los niños necesitan límites tanto como amor, me atrevería a decir. O bien amar también es poner límites, es decir: “hasta aquí y no más”.
Si un niño no entiende que hay límites para su conducta puede hacerse daño tanto a sí mismo, como a los demás. Se puede hacer daño físico ya que no entiende “que por allí no se corre” o sea porque los demás ya no quieren jugar con él. Puede dañar a otros tanto física como mentalmente porque no sabe que “eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca”. Como dice la canción de Serrat.
Una profesora mía siempre decía que los padres tienen que tener el Hilo Conductor. Dentro de las opciones que nosotros disponemos los niños pueden elegir. Es decir: una niña pequeña no puede elegir entre todos los zapatos que tiene en la gaveta, sino que entre los dos o tres pares que los grandes elijan, ella puede elegir el que más le gusta. Eso es darle además de límites, cuidado y criterio.
Tal como explicaba allá en el siglo pasado Vigotzky la autorregulación se adquiere primero a través de los padres. Es el cuidador quien controla y guía la actividad del niño. Luego (y sólo luego) se compartirá entre niños y padres la resolución del problema. Si los padres no pueden ponerse en el rol de “cuidador que pone los límites”, el niño de más grandecito tendrá serias dificultades para autorregular su conducta.
Cómo poner límites
Hasta ahora aquellas mamis que no querían ponerse en el papel de bruja habrán entendido que hacen más daño por no poner límites que poniéndose firme. Ahora veremos cómo poner límites a los niños de una manera eficaz y coherente.
Lo primero que hay que entender es que los chicos entienden mejor las consecuencias que las razones. Porque hay Madres y Padres que dicen “Pero si yo le explico que está mal por esto y por aquello y él lo vuelve a hacer”. Bueno, no sigan explicando tantísimo, les propongo que lo recompensen cuando hace algo bien y tenga alguna consecuencia o privación cuando se porta mal.
Lo ideal es proporcionar consecuencias inmediatas al buen o mal comportamiento, no esperar. Si esperamos es probable que el niño tenga dificultades para asociar la recompensa o el castigo con la conducta que ha hecho.
Otra clave es tener reglas claras y consistentes. Es decir si algo está mal, está mal para todos los hermanos y siempre. Ambos padres y/o cuidadores tienen que acordar con estas reglas. Si nuestro criterio es demasiado flexible, considerado o confuso, los niños no entienden que es lo que se espera de ellos y no saben cómo comportarse.
Antes que castigar intenta anticipar las malas conductas, y ofrecer recompensas por portarse bien, explicitar las reglas antes de que suceda el hecho. Por ejemplo siempre que van a lo de la abuela los niños no saludan y se van a saltar a la cama de la abuela. Pues bien, cuando van de camino les dices “siempre que vamos a lo de la abuela, ustedes…. Si hoy no lo hacen les doy “X” o vamos a tomar un helado.
Sea como fuere no lo olviden dar límites también es amar, enseña a manejarse en la vida y los protege de frustraciones futuras. Ya descubrirán a la princesa detrás de la bruja, todo a su tiempo.
Intento ser una madre comprensiva, tener paciencia infinita. No quiero que mis hijos me vean como a una bruja, me molesta retarlos o enojarme con ellos. Pero… ¡No puedo más!.
A ninguna madre le gusta estar regañando desde la mañana
hasta la noche.

Y sin embargo es menester entender que los chicos necesitan límites.
Dejar que los niños crezcan sin límites como en el “país del nunca jamás” de Peter Pan, trae problemas y... muchos. Los niños necesitan límites tanto como amor, me atrevería a decir. O bien amar también es poner límites, es decir: “hasta aquí y no más”.
Si un niño no entiende que hay límites para su conducta puede hacerse daño tanto a sí mismo, como a los demás. Se puede hacer daño físico ya que no entiende “que por allí no se corre” o sea porque los demás ya no quieren jugar con él. Puede dañar a otros tanto física como mentalmente porque no sabe que “eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca”. Como dice la canción de Serrat.
Una profesora mía siempre decía que los padres tienen que tener el Hilo Conductor. Dentro de las opciones que nosotros disponemos los niños pueden elegir. Es decir: una niña pequeña no puede elegir entre todos los zapatos que tiene en la gaveta, sino que entre los dos o tres pares que los grandes elijan, ella puede elegir el que más le gusta. Eso es darle además de límites, cuidado y criterio.
Tal como explicaba allá en el siglo pasado Vigotzky la autorregulación se adquiere primero a través de los padres. Es el cuidador quien controla y guía la actividad del niño. Luego (y sólo luego) se compartirá entre niños y padres la resolución del problema. Si los padres no pueden ponerse en el rol de “cuidador que pone los límites”, el niño de más grandecito tendrá serias dificultades para autorregular su conducta.
Cómo poner límites
Hasta ahora aquellas mamis que no querían ponerse en el papel de bruja habrán entendido que hacen más daño por no poner límites que poniéndose firme. Ahora veremos cómo poner límites a los niños de una manera eficaz y coherente.
Lo primero que hay que entender es que los chicos entienden mejor las consecuencias que las razones. Porque hay Madres y Padres que dicen “Pero si yo le explico que está mal por esto y por aquello y él lo vuelve a hacer”. Bueno, no sigan explicando tantísimo, les propongo que lo recompensen cuando hace algo bien y tenga alguna consecuencia o privación cuando se porta mal.
Lo ideal es proporcionar consecuencias inmediatas al buen o mal comportamiento, no esperar. Si esperamos es probable que el niño tenga dificultades para asociar la recompensa o el castigo con la conducta que ha hecho.
Otra clave es tener reglas claras y consistentes. Es decir si algo está mal, está mal para todos los hermanos y siempre. Ambos padres y/o cuidadores tienen que acordar con estas reglas. Si nuestro criterio es demasiado flexible, considerado o confuso, los niños no entienden que es lo que se espera de ellos y no saben cómo comportarse.
Antes que castigar intenta anticipar las malas conductas, y ofrecer recompensas por portarse bien, explicitar las reglas antes de que suceda el hecho. Por ejemplo siempre que van a lo de la abuela los niños no saludan y se van a saltar a la cama de la abuela. Pues bien, cuando van de camino les dices “siempre que vamos a lo de la abuela, ustedes…. Si hoy no lo hacen les doy “X” o vamos a tomar un helado.
Sea como fuere no lo olviden dar límites también es amar, enseña a manejarse en la vida y los protege de frustraciones futuras. Ya descubrirán a la princesa detrás de la bruja, todo a su tiempo.
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