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martes, 5 mayo 2009

¿Por qué mi hijo no habla conmigo?

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Antes éramos como carne y uña, hoy somos dos desconocidas. Hace apenas unos años, mi hija me contaba todas las novedades de su día, con lujo de detalles.

Volvía del colegio y mientras merendaba me
contaba con quién había jugado, con quién
se había peleado, anécdotas de la maestra y confesiones sobre el niño que le gustaba.

Yo, cómo mamá, sabía que ropa se ponía, cuándo llamar a la maestra particular, a que amiguita invitar a casa y cuál era su comida favorita.

Aproximadamente cuando cumplió 13 años, aunque pudo ser un poco antes o un poco después, nuestra “hora de confesiones”, terminó y nunca volví a saber nada de mi hija, por lo menos de boca de ella.

Con un poco más o un poco menos de exageración esta es la situación de muchas madres, y sus hij@s, que cuando ingresan a la adolescencia se desconectan y no vuelven a entenderse. Las madres se ponen ansiosas y las chicas o chicos a la defensiva. Vamos a echar un poco de luz acerca de esta situación.

Adolescencia, divino tesoro

Entre la niñez y la adolescencia existe un período llamado Pubertad. En ese momento los cambios son fundamentalmente físicos. El cuerpo infantil comienza a desarrollarse, estirarse y cambiar de forma. Los cambios que vive tanto el cuerpo como el psiquismo de una persona durante todo el período que comienza con la pubertad y culmina con la adultez, son inmensos.

Una de las mayores adquisiciones que deben alcanzar los adolescentes es la de tener una identidad propia, distinta de la de los padres. Mientras son niños los padres piensan y deciden por ellos. Los niños tienen las opiniones y actitudes de los padres. Por ejemplo, cuando se realizan las encuestas de mercado para productos “Kids” los que responden la encuesta son los padres, no los niños.

La lucha del adolescente es la de separarse y diferenciarse de sus padres, más aún cuando fueron muy unidos. Aquí no está en juego el amor mutuo, sino más bien de el crecimiento y la maduración.

El adolescente necesita generar un espacio propio y comenzar a forjar sus propias opiniones. En este período comienzan a escuchar y valorar opiniones de amigos, tutores e ídolos. Los padres son justamente de lo que quieren separarse y suelen tomar partido por opiniones opuestas a ellos.

Pero los padres también se ven instados a crecer. Tienen que dejar ir a su “niño” y darle lugar a su “adolescente”. Seguir pretendiendo tomar todas las decisiones es justamente no dejar que la vida siga su curso.

Cuanto más estrictos y cerrados son los padres, más difícil será para los chicos abrirse. De todas maneras no hay una receta infalible para aquellos padres que buscan que sus hijos vuelvan a hablarles, en la mayor parte de los casos sólo hay que esperar sin alejarse, acusarse o asustarse.

Es importante que tu hijo/a adolescente sepa que tú estarás presente para cuando se sienta preparado para contarte alguna cosa, y que no será juzgado, sino escuchado y guiado.

Al mismo tiempo es importante no ceder nuestras propias opiniones como padres para lograr ser “amigos” de nuestros hijos. No sólo no va a dar resultados, sino que generaremos mucha incertidumbre en nuestros hijos.

Es importante trasmitirles que tenemos distintas opiniones, porque vivimos en épocas distintas y tenemos experiencia de vida diferentes.

Fundamentalmente hay que encarar esta nueva etapa como un cambio tanto para los adolescentes como para los padres mismos.

En esta etapa más que nunca hay que abrirse al cambio y co-construir una familia.






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