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jueves, 14 agosto 2008

Lectura en nuestros hijos: fomentar la lectura de los niños

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¿Por qué mi hijo no lee? Los padres se preocupan viendo al adolescente pegado al ordenador, el MP3 y la tele. Los libros en el estante reflejan abandono.

A esta edad el interés se traslada al cuerpo, las emociones y el crecimiento. Las relaciones con otros adolescentes y la diferenciación con los padres toman relevancia.

Toda esta energía al servicio del desarrollo deja poco tiempo para tareas de concentración y reflexión. Son todo movimiento y acción.

Investigaciones de las neurociencias descubrieron que a nivel cerebral se producen cambios importantes en el lóbulo frontal. Es donde se localizan las funciones superiores del razonamiento y la voluntad o capacidad de tomar decisiones, funciones ejecutivas indispensables para el aprendizaje.

En esa región se provocan nuevas conexiones neuronales, producto de todos los cambios y en ese proceso los adolescentes se desconectan. No sólo metafóricamente sino literalmente. Cambian las redes y se expresa en confusión, modificaciones hormonales y emocionales. También estarían influidos por estos cambios otros aspectos de la personalidad como la socialización y el autocontrol.

Estas teorías suman para comprender el estado de los jóvenes no sólo por ese duelo afectivo que se produce por dejar un cuerpo, un modo de vivir para adquirir otras responsabilidades y autonomía, sino por sus consecuentes reacciones neuroquímicas.

¿Y entonces?


A pesar de todo esto el mundo sigue andando y los adolescentes algún día se transforman en adultos. Para apuntalar este proceso un pilar básico es su educación. Es necesario seguir fomentando el interés por la lectura. Estimular sus inquietudes de esta época, observando los cambios en sus gustos.

Suelen leer con facilidad materiales de revistas o notas del diario, seleccionando aquellas que más coinciden con sus intereses. A veces captamos su atención con libros que fueron llevados al cine.

Un tema aparte es el estudio. En general, las currículas actuales no contemplan la comprensión de textos y técnicas de lectura interpretativa. Se privilegian los contenidos pero los jóvenes no saben estudiar. Por ello, si la escuela no hace la tarea deben resolverla los padres. Los chicos no leen, a veces no comprenden y abandonan.

Es factible ayudarles a buscar material, enseñarles a descifrar lo que leen u organizar las carpetas. Cuando las asignatuas son importantes es necesario contratar un profesor que lo asista.

Con respecto al hábito lector, la actitud de la familia establece siempre el primer escalón. Incentivar una salida de campo sin pantallas y con alguna novela puede ser una experiencia inédita de diálogo y lectura.

Rescatar los blogs, el chat y las páginas web en su función lectora. Si bien los adolescentes maltratan bastante el lenguaje para acceder a estos espacios tienen que ejercitar la lectura aunque en una función más cercana a la oralidad.

En esta etapa siguen precisando adultos que los orienten en una actitud respetuosa y firme por más que protesten. Requieren pautas y acompañamiento.

Transcurriendo este ciclo se irán dirigiendo hacia la adultez donde consolidarán los hábitos recibidos. Y a no desesperar. Si fueron niños lectores no abandonarán la práctica, sólo lo postergarán momentáneamente reencontrándose más tarde con el placer de leer.






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