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jueves, 14 agosto 2008

Niños y pañales: Cúando retirar el pañal a nuestros hijos.

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La situación, el niño grita "Pipí!". Sus padres corren pero ya es tarde. El charco en el suelo denuncia el accidente.

Desde el año y medio a los 4 años los niños adquieren la capacidad de controlar sus esfínteres. Esto implica que pueden contener voluntariamente la orina y las heces. Antes de esa fecha no están preparados orgánica ni psíquicamente. Si bien sabemos de madres y padres que ‘logran’ que sus hijos las controlen antes es por un adiestramiento muy penoso para el niño que se acostumbra a un horario más que por detectar la señal que recibe de su cuerpo.

Es una de las tareas que más paciencia requiere ya que depende de múltiples factores. En este aprendizaje el niñ@ no solo regula una función biológica, sino que empieza a manejar una herramienta de autonomía. Caminar le permitió conquistar el espacio. Retener o expulsar le da el poder de decidir sobre su cuerpo y sus productos, cuando entregarlos y cuando no.

Si los padres están muy apurados o ansiosos el crío puede manejar la situación aguantándose o haciéndoselo en el momento menos indicado.

Si nos disponemos para este proceso se podrán evitar enojos y castigos. El niño siente una ambivalencia, quiere satisfacer el pedido del adulto y también manejar su cuerpo experimentando ese control que nunca había tenido.

Del mismo modo cuando se enoja quiere mostrar su disgusto y ‘se hace’. Ha descubierto un instrumento poderosísimo que tiene muy atenta a toda la familia.

¿Cómo ayudarles a establecer el hábito?

Es conveniente iniciar la educación cuando vemos ciertas condiciones:

- reconocer al pis y la materia fecal por su nombre.

- Percibir anticipadamente la sensación de micción y defecación.

- Mostrar interés por el orinal o ‘hacer’ como los grandes.

Los períodos de primavera y verano son ideales. Hay que prepararse para un período de mojaduras y las temperaturas altas permiten que estén con menos ropa.

Observar los horarios en que el pequeño moja o ensucia el pañal y llevarlo al sanitario en esos momentos.

Lo inevitable…

Saber que el proceso no se puede evitar y llevará, según el niño, de 1 a 3 meses. La actitud calma y respetuosa de los padres les permitirá atravesar esta desafiante etapa. Un moderado júbilo frente a los logros y la aceptación y estimulación en los traspiés es lo más conveniente. “Has tenido un escape pero ya podrás lograrlo”. “Trata de avisarme cuando tienes ganas”.

Exasperarse, humillarlos o gritarles lastima al niño y si está desarrollando su oposición mediante el control de esfínteres solo le hará afirmarse en esta actitud. Despertará la necesidad de descargar su ira ensuciándose.

Hay momentos en que los padres pueden sentirse impotentes y desmoralizados frente a la titánica tarea y la pila de ropa que aumenta.

Como en todo lo atinente a los niños, comprender el proceso, revisar las conductas familiares y organizarse para dedicar un tiempo extra a esta tarea son parte de la clave.

En un mundo que gira cada vez más rápido se dificulta insertar una tarea que requiere tiempo. Pero ese día llegará y se podrá escuchar: “Mira, ya no me hago!”







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