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jueves, 14 agosto 2008

Vivir y convivir con un adolescente

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Y resulta que aquél niño que solía calmarse con unas palabras suaves y con mimos; comienza a mostrarse como un ser humano desafiante y dificil de sobrellevar.


Sobrevivir a la presencia adolescente en nuestra casa puede provocarnos más de un dolor de cabeza y llevarnos a experimentar cierta desorientación.

A no desesperarse y a intentar comprender que nuestros hijos se encuentran en una etapa de sus vidas cargada de importancia, que trae consigo características distintas a TODO lo conocido en momentos anteriores.

Los adolescentes se encuentran transitando un proceso difícil y su camino suele estar atiborrado de tropezones y molestias, difíciles de situar aún para ellos mismos. Un adolescente es un ser completamente incomodante para aquellos que lo rodean, pero también (y a tener ésto muy en cuenta) es un ser incómodo.

¿Por qué? Básicamente incómodo por la gran cantidad de cambios que se encuentra experimentando. Y cuando decimos cambios, estamos cerca de hablar de una revolución que llega para alterarles todos los aspectos de su armoniosa existencia.

Hay cambios del orden físico: cuerpos torpes y grandes que pueden modificarse de un día para el otro sin pedir permiso y sin traer consigo el manual de instrucciones y usos. Hay también hormonas revueltas: que invitan a descubrir la presencia del otro sexo con curiosidad y/o atropello.

Y hay cambios psicológicos: la búsqueda de una identidad propia que los separe de la de sus padres, un intento por independizarse que los lleva a tener que aplicar medidas extremas y dolorosas.

Ahora bien, el saber que todo esto les anda ocurriendo a nuestros hijos puede ayudarnos a comprenderlos y tolerarlos.

Pero además, para que no haya padres ahogados por tan comprometido panorama, aquí les va un salvavidas o una mano que puede servir de rescate en los momentos de mayores turbulencias: ¿Qué posición tomar ante hijos que atraviesan esta etapa?

La clave para padres que no se pretenden perfectos, pero que aspiran a ser lo suficientemente buenos para hijos adolescentes, es fácil de enunciar pero algo más complicada de entender y llevar a la práctica... para un hijo adolescente nada mejor que: un padre adulto.

Y con esto lo que se sugiere es que los padres ocupen el lugar de la madurez sin retroceder ante el avasallamiento de los jóvenes. Y esto implica, que puedan tomar la responsabilidad de respetar y de sostener a hijos tambaleantes.

Es que el ser adolescente no sólo va cargado de caos, también trae consigo cierta deliciosa inmadurez. Y es importante que esto así sea.

La inmadurez es quien habilitará a nuestros hijos a desarrollar herramientas novedosas, quien los llevará a ser más creadores, innovadores y despreocupados que cualquier adulto. Inmadurez que hará a los jóvenes seguir ideas revolucionarias, fantasías e idealismos. Este es el valor de una etapa que debe permanecer y transcurrir con la frescura propia de quien no tiene todavía que tomar responsabilidades de adulto.

Un adolescente necesita la presencia (a su lado y no encima) de padres que ocupen lugares de madurez y que no se dejen destituir apresuradamente.

En definitiva, hacen falta más adultos allí donde se vislumbre la presencia adolescente. Para que ellos transiten su inmadurez con el tiempo conveniente, sin que tengan la necesidad de crecer a las apuradas y ocupar lugares que no les corresponden aún.

Si podemos, a pesar de las dificultades y enfrentamientos, permitirles transitar su adolescencia y su inmadurez con sus tiempos, sin pretenderlos rectos, prolijos, organizados y serios como adultos en miniatura, lograremos jóvenes capaces de alcanzar la adultez con una gran cantidad de herramientas. Herramientas que habrán podido forjar en este tiempo ideal para crear, inventar, armar y desarmar, tomar decisiones, equivocarse y desandar lo andado; gracias al respaldo de contar con padres capaces de estar a la atura de las circunstancias.







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