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martes, 16 septiembre 2008

Berrinches en la infancia: ¿Nuestro sufre berrinches?

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Niños capaces de tener los berrinches más espectaculares sin importarles el lugar ni los espectadores...éstos nos llenan de angustia y de interrogantes.

En la cola del mercado, en la entrada del jardín de infantes,
a la salida del cine, en la casa de nuestros amigos...
la capacidad de los niños para hacer berrinches no discrimina ningún escenario y no se detiene ante la variedad de espectadores.

Para ir sabiendo de entrada: no podremos evitarlo.

Para aliviar un poco la angustia de algunos padres que creen que estos ataques repentinos de llantos, patadas y gritos son producto de alguna torpeza propia o algún rasgo de enfermedad de sus hijos, cumplimos en avisarles que los berrinches y escándalos son normales en ciertas edades.

Son esperables y comunes a todos los niños, aunque algunos puedan mostrarse más propensos.

Tienen sus comienzos cerca del año y pueden continuarse hasta los tres (¡con suerte!) o cuatro, o cinco años. Es una conducta propia de ese momento en el crecimiento, que coincide con el comienzo de los límites y los “no”.

Intentando simplificar la ecuación podríamos decir que el niño está atravesando un momento de reconocimiento de sí mismo como un ser separado y distinto del resto.

Al reconocerse como distinto, empiezan sus intentos por dominar y controlar aquello que lo rodea. El pequeño pone así a prueba a los adultos y comienza a enterarse hasta dónde le es posible llegar con sus demandas.

Por eso es común que los berrinches se desaten ante la puesta de límites o ante finales repentinos e inesperados por él.

La escena escandalosa sería demostración, bastante gráfica, de su voluntad independiente de la de sus papás, una muestra de rebeldía de pleno derecho. Es un intento por separarse de ellos y lo que siente como su dominio.

Dados los recursos con los que cuenta en esa temprana edad, podríamos pensar que es bastante efectivo.

Los niños también pueden servirse de los berrinches, llantos y gritos como un medio para descargar la angustia que genera encontrarse con el “no”.
Por eso es importante que no vean en estas escenas algo que deba suprimirse de inmediato. Más bien, al berrinche... se lo acompaña.

Se le presta (hasta donde nos es posible) nuestra atención y se intenta no desesperar ni mezclar, a lo que ya se desató, nuestro propio malestar.

Es frecuente ver a los padres tomando con violencia a los niños por el brazo, o comenzar a gritar más fuerte que sus hijos descontrolados. Lo mejor que podemos aportar es nuestra serenidad a la situación y no entrar en juegos de los que se nos hará más difícil salir.

Como decíamos antes, el llanto sirve para liberarlos de tensiones que no encuentran otra forma de tramitación.

Por eso no hay que desesperarse por callarlos rápidamente.

Sí debemos procurar que no se lastimen mientras están tan efusivos, ni que lastimen a otros niños.

Como padres notarán que a veces les resulta efectivo quedarse en silencio acompañándolos, y otras veces hablarles claramente y con mensajes cortos demostrando firmeza. Lo importante es que evitemos el enojo y las reacciones impulsivas.

También es importante que los dos padres emitan mensajes coherentes entre sí y sostengan sus posiciones ante los niños.

Otras veces, se puede poner un límite al tiempo que se ofrecen opciones para que el pequeño elija. Así se lo distrae de lo limitante y se le muestran otras posibilidades que están permitidas.

Algunas veces funciona que les adelantemos aquello que no podrán hacer próximamente o que les enunciemos si algo está llegando a su final.

Piensen que los finales y lo que se termina es leído en el pequeño como un límite y por ello puede provocarles estas reacciones.

Los berrinches serían una expresión, a la medida del niño, de su frustración y angustia por todo lo que no pueden hacer, y su intento por llevar adelante su voluntad.

Son las primeras reacciones ante el límite, y por todo eso: son necesarias.






Niños y pañales: Cúando retirar el pañal a nuestros hijos.
Niños y pañales: Cúando retirar el pañal a nuestros hijos.
La situación, el niño grita "Pipí!". Sus padres corren pero ya es tarde. El charco en el suelo denuncia el accidente.


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