Niñera, babysitter, canguro: ¿cómo elegirla?
de 0 a 5, Estimulando a tu hijo, Psicología, Cuidadores
Partiendo de esta base, y conociendo la dificultad
inherente a tomar una elección y
llevarla adelante, la tarea de elegir una persona que se encargue de cuidar a nuestros niños puede introducirnos en un mar de dudas impregnado por miedos y culpas.
Que no cunda el pánico. Si tenemos que dejar a los niños en manos de otras personas, siempre habrá quién esté listo para cumplir esa tarea, o quién pueda hacerlo del modo más feliz.
Para ello la búsqueda debe ser tomada con responsabilidad y compromiso. Y así sabremos que estamos obrando de la mejor manera.
Muchas búsquedas de niñeras o personal para cuidado de niños se pueden efectuar a través de agencias especializadas en conseguir gente apta. Sin embargo, nuestra mirada sobre los candidatos puede dejarnos más tranquilos a la hora de la selección. Un trabajo conjunto entre agencias y padres sería uno de los caminos ideales.
Por otra parte, está la posibilidad de la “recomendación”. Esto, es, encontrar a alguien que se encargue de cuidar a nuestros hijos a partir de una recomendación de gente que sea de nuestra entera confianza. Allí también nuestra mirada sobre el candidato debe ser la decisiva. Nunca tomemos decisiones apresuradas ni basándonos únicamente o enteramente en las opiniones de otros. Recordemos aquí que los padres de los niños somos NOSOTROS, no los demás.
Una vez que se llega al punto de encontrarse cara a cara con la persona que nos llega, ya sea por agencia o por recomendación, es importante que podamos interactuar con ella durante algunos días, y con el niño. Nuestra función aquí es la de ser observadores, sin prejuicios y sin juzgamientos, observar al otro y ver qué sensaciones nos produce en el modo de conducirse hacia el pequeño y cómo resuelve las situaciones cotidianas. También ver qué reacción muestran nuestros hijos. Ellos tienen sensores más apropiados que los nuestros, y nos mostrarán sin velos si hay química o no.
Algunas personas preferirán contratar niñeras de mayor edad, ya que valoran en ellas el papel de la experiencia. También pueden reflejar con más facilidad la imagen de “abuela”, que es asociada con más ternura y entrega hacia los niños.
Otras personas se sentirán más a gusto con niñeras jóvenes, donde lo que prevalezca sea la energía y frescura en el modo de relacionarse con los niños. Se vinculan con más facilidad a la imagen de agilidad y rapidez para solucionar cualquier problema que surja.
En ambos casos las personas deberán ser capaces de ofrecer alguna vía de estimulación a los niños. Por el camino de la ternura y la contención, o por la senda de la diversión y la dinámica. Así, los niños estarán gustosos de pasar el tiempo con ellas, y no sentirán tan pesado la ausencia de sus padres.
Lo importante a la hora de elegir, sea cual sea el camino que optemos, es tomarnos un tiempo para la observación. Compartir una tarde con niñera y niño podrá ser una buena forma de evaluar si la persona que tenemos en frente es la más indicada para nuestro hijo. No olvidemos que distintas personalidades y formas de actuar pueden ser más afines a nuestro modo de crianza que otros. Debemos respetarnos a nosotros mismos, eligiendo acorde a nuestras convicciones.
También es importante que la baby-sitter tenga tiempo para acomodarse a la casa en la que va a trabajar, o que conozca la zona donde residimos. Démosle ese tiempo para enseñarle dónde están las cosas dentro de nuestro hogar (pañales, botiquín, biberones, etc.) y dónde acudir en caso de necesitar ayuda extra. Esta familiaridad con el lugar de trabajo hará que esta persona esté más cómoda y segura sobre sus tareas.
Al mismo tiempo se le deben indicar todos los “no” antes de que comience a trabajar con el niño. Las cosas que no puede hacer nuestro hijo, por su propia seguridad.
Dándoles este mapa de acción, facilitamos su tarea y le damos más confianza para actuar. Para que el trabajo de padres y cuidadores esté amalgamado. Así se llega a un trabajo en equipo entre padres y baby-sitters que dará los mejores resultados.
Las elecciones tienen ese "no sé que" de ambigüedad, que lleva en cada decisión tomada haya algo que debemos ceder, perder, para poder acceder aquello que elegimos.
Partiendo de esta base, y conociendo la dificultad
inherente a tomar una elección y
llevarla adelante, la tarea de elegir una persona que se encargue de cuidar a nuestros niños puede introducirnos en un mar de dudas impregnado por miedos y culpas.Que no cunda el pánico. Si tenemos que dejar a los niños en manos de otras personas, siempre habrá quién esté listo para cumplir esa tarea, o quién pueda hacerlo del modo más feliz.
Para ello la búsqueda debe ser tomada con responsabilidad y compromiso. Y así sabremos que estamos obrando de la mejor manera.
Muchas búsquedas de niñeras o personal para cuidado de niños se pueden efectuar a través de agencias especializadas en conseguir gente apta. Sin embargo, nuestra mirada sobre los candidatos puede dejarnos más tranquilos a la hora de la selección. Un trabajo conjunto entre agencias y padres sería uno de los caminos ideales.
Por otra parte, está la posibilidad de la “recomendación”. Esto, es, encontrar a alguien que se encargue de cuidar a nuestros hijos a partir de una recomendación de gente que sea de nuestra entera confianza. Allí también nuestra mirada sobre el candidato debe ser la decisiva. Nunca tomemos decisiones apresuradas ni basándonos únicamente o enteramente en las opiniones de otros. Recordemos aquí que los padres de los niños somos NOSOTROS, no los demás.
Una vez que se llega al punto de encontrarse cara a cara con la persona que nos llega, ya sea por agencia o por recomendación, es importante que podamos interactuar con ella durante algunos días, y con el niño. Nuestra función aquí es la de ser observadores, sin prejuicios y sin juzgamientos, observar al otro y ver qué sensaciones nos produce en el modo de conducirse hacia el pequeño y cómo resuelve las situaciones cotidianas. También ver qué reacción muestran nuestros hijos. Ellos tienen sensores más apropiados que los nuestros, y nos mostrarán sin velos si hay química o no.
Algunas personas preferirán contratar niñeras de mayor edad, ya que valoran en ellas el papel de la experiencia. También pueden reflejar con más facilidad la imagen de “abuela”, que es asociada con más ternura y entrega hacia los niños.
Otras personas se sentirán más a gusto con niñeras jóvenes, donde lo que prevalezca sea la energía y frescura en el modo de relacionarse con los niños. Se vinculan con más facilidad a la imagen de agilidad y rapidez para solucionar cualquier problema que surja.
En ambos casos las personas deberán ser capaces de ofrecer alguna vía de estimulación a los niños. Por el camino de la ternura y la contención, o por la senda de la diversión y la dinámica. Así, los niños estarán gustosos de pasar el tiempo con ellas, y no sentirán tan pesado la ausencia de sus padres.
Lo importante a la hora de elegir, sea cual sea el camino que optemos, es tomarnos un tiempo para la observación. Compartir una tarde con niñera y niño podrá ser una buena forma de evaluar si la persona que tenemos en frente es la más indicada para nuestro hijo. No olvidemos que distintas personalidades y formas de actuar pueden ser más afines a nuestro modo de crianza que otros. Debemos respetarnos a nosotros mismos, eligiendo acorde a nuestras convicciones.
También es importante que la baby-sitter tenga tiempo para acomodarse a la casa en la que va a trabajar, o que conozca la zona donde residimos. Démosle ese tiempo para enseñarle dónde están las cosas dentro de nuestro hogar (pañales, botiquín, biberones, etc.) y dónde acudir en caso de necesitar ayuda extra. Esta familiaridad con el lugar de trabajo hará que esta persona esté más cómoda y segura sobre sus tareas.
Al mismo tiempo se le deben indicar todos los “no” antes de que comience a trabajar con el niño. Las cosas que no puede hacer nuestro hijo, por su propia seguridad.
Dándoles este mapa de acción, facilitamos su tarea y le damos más confianza para actuar. Para que el trabajo de padres y cuidadores esté amalgamado. Así se llega a un trabajo en equipo entre padres y baby-sitters que dará los mejores resultados.
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