Niños duermen mal: Ayuda a tu hijo a dormir
Todas las edades, Comprendiendo a tu hijo, Psicología, Problemas de sueño
"Duérmete mi niño, duérmete mi amor…" reza una antigua canción de cuna, reflejando el deseo de los padres cuando el pícaro sueño no quiere venir.
El dormir es un mecanismo reparador para todos los seres humanos y nuestros niños no son la excepción. Durante el día los chicos reciben gran cantidad de estímulos vinculados a la vida actual y a su modo de diversión. Este tipo de actividad, los excita y genera un aumento de la actividad cerebral
En los más chiquitos, el descanso es una actividad reparadora del equilibrio orgánico en general. Los niños precisan descansar entre 14 a 15 horas diarias hasta los once meses. Entre 12 y 14 horas del año hasta los cuatro y unas 10 a 12 horas entre los cuatro años y los seis.
¿Y por qué no duermen?
En una familia es necesario respetar ciertas regularidades. Se pueden tener diferentes horarios, pero guardar ciertos tiempos para los pequeñines. Estos tiempos les dan seguridad, ya que las rutinas son parte de cierta estabilidad en un mundo que para el bebé, es impredecible.
Es necesaria una secuencia que se repita para que el bebé la vaya incorporando. Por otro lado, las dificultades de la noche están relacionadas al trajín del día.
Algunas preguntas se imponen cuando un bebé no duerme: ¿Tuvo tiempos de actividad y tranquilidad? ¿Se respetaron sus ritmos o hubo cambios abruptos?
También es importante observar si el niño compartió espacio con sus padres. A veces, cuando el lapso de separación es demasiado prolongado los pequeños buscan a la noche a la madre que no tienen durante el día y la encuentran. Cansada y somnolienta pero disponible.
Otro factor que afecta el buen dormir son las actividades estimulantes antes de acostarlos como bailar, jugar intensamente o el televisor.
Algunas ideas para un buen descanso.
Los chicos precisan un equilibrio entre la actividad y el sueño. A veces, pasan horas encerrados en un departamento o con juegos electrónicos. Es necesario incluir otro tipo de actividades: llevarlos al parque, con sus trepadores y toboganes, la vereda (para los que viven en barrios) o el triciclo y la bicicleta. Son juegos activos que les permiten descargar energías, sacarse las tensiones generadoras de rabietas, jugar con otros y socializar. En lugar de ‘cargarlos’ como los juegos electrónicos los tranquiliza.
En el caso de los bebés, el paseíllo en cochecito, cumple estas mismas funciones, pero al aire libre. Los espacios en galerías o shopings con su acumulación de gente, ruidos fuertes y luces no provocan este mismo efecto relajante.
Hay que revalorizar la siestita. En casa o en el jardín, ese corte entre la actividad de la mañana y la tarde produce el necesario descanso para retomar fuerzas y seguir jugando.
A veces, en lugar del reposo se puede organizar un juego tranquilo, un cuento, o cantar canciones suaves, determinando una pausa en el día. A veces nos parece que son de goma y les bastan nuestros cuentos para dormir.
Los padres actuales, con jornadas laborales que exceden lo tolerable para cualquier sujeto, distancias largas para regresar al hogar, se encuentran a menudo en un atolladero. Querer cumplir con los hijos, el trabajo, la pareja y los amigos. Vuelven cansados y les parece que ya es hora de ir a la cama.
¿Qué hacer cuando nuestros hijos no son capaces de conciliar el sueño?
"Duérmete mi niño, duérmete mi amor…" reza una antigua canción de cuna, reflejando el deseo de los padres cuando el pícaro sueño no quiere venir.El dormir es un mecanismo reparador para todos los seres humanos y nuestros niños no son la excepción. Durante el día los chicos reciben gran cantidad de estímulos vinculados a la vida actual y a su modo de diversión. Este tipo de actividad, los excita y genera un aumento de la actividad cerebral
En los más chiquitos, el descanso es una actividad reparadora del equilibrio orgánico en general. Los niños precisan descansar entre 14 a 15 horas diarias hasta los once meses. Entre 12 y 14 horas del año hasta los cuatro y unas 10 a 12 horas entre los cuatro años y los seis.
¿Y por qué no duermen?
En una familia es necesario respetar ciertas regularidades. Se pueden tener diferentes horarios, pero guardar ciertos tiempos para los pequeñines. Estos tiempos les dan seguridad, ya que las rutinas son parte de cierta estabilidad en un mundo que para el bebé, es impredecible.
Es necesaria una secuencia que se repita para que el bebé la vaya incorporando. Por otro lado, las dificultades de la noche están relacionadas al trajín del día.
Algunas preguntas se imponen cuando un bebé no duerme: ¿Tuvo tiempos de actividad y tranquilidad? ¿Se respetaron sus ritmos o hubo cambios abruptos?
También es importante observar si el niño compartió espacio con sus padres. A veces, cuando el lapso de separación es demasiado prolongado los pequeños buscan a la noche a la madre que no tienen durante el día y la encuentran. Cansada y somnolienta pero disponible.
Otro factor que afecta el buen dormir son las actividades estimulantes antes de acostarlos como bailar, jugar intensamente o el televisor.
Algunas ideas para un buen descanso.
Los chicos precisan un equilibrio entre la actividad y el sueño. A veces, pasan horas encerrados en un departamento o con juegos electrónicos. Es necesario incluir otro tipo de actividades: llevarlos al parque, con sus trepadores y toboganes, la vereda (para los que viven en barrios) o el triciclo y la bicicleta. Son juegos activos que les permiten descargar energías, sacarse las tensiones generadoras de rabietas, jugar con otros y socializar. En lugar de ‘cargarlos’ como los juegos electrónicos los tranquiliza.
En el caso de los bebés, el paseíllo en cochecito, cumple estas mismas funciones, pero al aire libre. Los espacios en galerías o shopings con su acumulación de gente, ruidos fuertes y luces no provocan este mismo efecto relajante.
Hay que revalorizar la siestita. En casa o en el jardín, ese corte entre la actividad de la mañana y la tarde produce el necesario descanso para retomar fuerzas y seguir jugando.
A veces, en lugar del reposo se puede organizar un juego tranquilo, un cuento, o cantar canciones suaves, determinando una pausa en el día. A veces nos parece que son de goma y les bastan nuestros cuentos para dormir.
Los padres actuales, con jornadas laborales que exceden lo tolerable para cualquier sujeto, distancias largas para regresar al hogar, se encuentran a menudo en un atolladero. Querer cumplir con los hijos, el trabajo, la pareja y los amigos. Vuelven cansados y les parece que ya es hora de ir a la cama.
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