Mi hijo adolescente: ese extraño ser
de 12 a 17, Comprendiendo a tu hijo, Psicología, Comunicación
Ya no es un niño y no sólo cuando lo reclama a viva voz. Quizás el descubrimiento aparece mirando juntos la tele cuando hace un comentario que sorprende a los padres.
En esta etapa los hijos crecen, no sólo corporalmente sino intelectualmente y en sus habilidades sociales. Estas son formas del desarrollo que colaborarán en su desempeño como adultos.
Alrededor de los 12 años comienzan a ver las cosas de una forma diferente: ingresan en el pensamiento formal o lógico. Esta adquisición aumentará su modo de comprensión y está caracterizado por la posibilidad de abstraer, que es la forma de reflexión más específicamente humana. Conocer un objeto por su descripción sin tenerlo presente, proponer diferentes soluciones a un problema, anticiparse a un acontecimiento y preveer consecuencias son algunas de estas habilidades.
También son parte de estos logros el pensamiento complejo (comprender múltiples variables en relación a un suceso apartándose de la linealidad) y la posibilidad de generalizar a partir de reglas concretas, una de las bases del pensamiento científico.
Pueden ser observadores agudos de la realidad resaltando los errores, sobre todo de los adultos, de una manera más realista y con mayores fundamentos, vinculando causas a consecuencias. Comienzan a cuestionar la autoridad y las normas de la sociedad. Se vuelven más reflexivos y piensan cuestiones filosóficas o sobre su futuro.
Todas estas conquistas van configurando aspectos desconocidos para los padres que precisan reubicar las coordenadas de la comunicación. Por otra parte todo este potencial es fuente de confusión. Estos avances deben integrarse con las destrezas sociales y sostener cierto equilibrio entre su autoestima y la relación con el otro sexo.
¿Cómo pueden colaborar los progenitores?
Aparte de la habitual predisposición a la conversación es posible estimular y afianzar estas capacidades.
Si bien desde pequeños se puede fomentar el discernimiento es conveniente preguntarles el por qué de sus decisiones y solicitar que fundamenten sus elecciones. Esto implica que experimenten la construcción de hipótesis y les permite explorar varias posibles soluciones a un problema, lo que estimula el pensamiento complejo, alejando la linealidad.
Es posible pedirles su opinión en decisiones familiares siempre que haya disposición para escucharlos y aceptarlas. Es interesante generar un disenso respetuoso. Que ellos perciban que pueden expresarse aunque sus progenitores difieran en lo que están expresando. Es una buena oportunidad para ejercer el arte de la negociación y, por qué no, encontrar que a veces no es factible el acuerdo y cada uno se irá con su sentir.
Es el momento donde más valor toma la frase trata a tus hijos con el mismo respeto con que tratas a un amigo, incentivándolos a opinar sobre cuestiones del colegio o de la localidad que pueden surgir como una anécdota o la lectura del diario. Animarlo a pensar sobre proyectos futuros y a establecer sus propias metas.
El respeto por sus posiciones con saludables diferencias es el mejor reaseguro de diálogo para el crecimiento intelectual y social de los hijos.
Crecen desmesuradamente, usan flequillos lacios y estrenan voces graves. ¿Cómo adaptarse a estos cambios en quién ayer era nuestro pequeño niño? Ya no es un niño y no sólo cuando lo reclama a viva voz
Ya no es un niño y no sólo cuando lo reclama a viva voz. Quizás el descubrimiento aparece mirando juntos la tele cuando hace un comentario que sorprende a los padres.En esta etapa los hijos crecen, no sólo corporalmente sino intelectualmente y en sus habilidades sociales. Estas son formas del desarrollo que colaborarán en su desempeño como adultos.
Alrededor de los 12 años comienzan a ver las cosas de una forma diferente: ingresan en el pensamiento formal o lógico. Esta adquisición aumentará su modo de comprensión y está caracterizado por la posibilidad de abstraer, que es la forma de reflexión más específicamente humana. Conocer un objeto por su descripción sin tenerlo presente, proponer diferentes soluciones a un problema, anticiparse a un acontecimiento y preveer consecuencias son algunas de estas habilidades.
También son parte de estos logros el pensamiento complejo (comprender múltiples variables en relación a un suceso apartándose de la linealidad) y la posibilidad de generalizar a partir de reglas concretas, una de las bases del pensamiento científico.
Pueden ser observadores agudos de la realidad resaltando los errores, sobre todo de los adultos, de una manera más realista y con mayores fundamentos, vinculando causas a consecuencias. Comienzan a cuestionar la autoridad y las normas de la sociedad. Se vuelven más reflexivos y piensan cuestiones filosóficas o sobre su futuro.
Todas estas conquistas van configurando aspectos desconocidos para los padres que precisan reubicar las coordenadas de la comunicación. Por otra parte todo este potencial es fuente de confusión. Estos avances deben integrarse con las destrezas sociales y sostener cierto equilibrio entre su autoestima y la relación con el otro sexo.
¿Cómo pueden colaborar los progenitores?
Aparte de la habitual predisposición a la conversación es posible estimular y afianzar estas capacidades.
Si bien desde pequeños se puede fomentar el discernimiento es conveniente preguntarles el por qué de sus decisiones y solicitar que fundamenten sus elecciones. Esto implica que experimenten la construcción de hipótesis y les permite explorar varias posibles soluciones a un problema, lo que estimula el pensamiento complejo, alejando la linealidad.
Es posible pedirles su opinión en decisiones familiares siempre que haya disposición para escucharlos y aceptarlas. Es interesante generar un disenso respetuoso. Que ellos perciban que pueden expresarse aunque sus progenitores difieran en lo que están expresando. Es una buena oportunidad para ejercer el arte de la negociación y, por qué no, encontrar que a veces no es factible el acuerdo y cada uno se irá con su sentir.
Es el momento donde más valor toma la frase trata a tus hijos con el mismo respeto con que tratas a un amigo, incentivándolos a opinar sobre cuestiones del colegio o de la localidad que pueden surgir como una anécdota o la lectura del diario. Animarlo a pensar sobre proyectos futuros y a establecer sus propias metas.
El respeto por sus posiciones con saludables diferencias es el mejor reaseguro de diálogo para el crecimiento intelectual y social de los hijos.
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