Comunicación con él hijo adolescente
de 12 a 17, Comprendiendo a tu hijo, Psicología, Comunicación
Es una edad marcada por la dificultad para establecer distancias y encontrar la óptima.
Cambia todo cambia…
Su cuerpo, la voz y pensamientos. Ya no son niños pero no son grandes. La indefinición e incertidumbre son el segundo nombre de la adolescencia y la comunicación no es ajena a este proceso. Los hijos precisan mayores espacios individuales sin perder la orientación de los padres.
Entonces…
o Comunicarse es intercambiar, aceptar al otro en su diferencia, aunque a veces no nos agrade. En oportunidades se confunde conversar y convencer. Se cree que por tener buenos argumentos se tiene la razón. Quizás no hay ‘razón’ sino ‘razones’. Comprender qué dice nuestro hijo, cuáles son sus razones permitirá abrirnos a su mirada del problema. ¿Estamos dispuestos a intercambiar con nuestr@s hij@s honestamente, sin apurarnos a ‘contestar’?
o El aprendizaje ha estado vinculado a ‘la letra con sangre entra’ y considerar que es la repetición la que genera conductas favorables. Esto produce una mala interpretación y solemos aburrir con sermones, actitudes doctorales que provocan ‘sordera para padres’. Suele ser más efectivo y mejora el vínculo poder explorar posibilidades, por ejemplo, sobre un comportamiento inadecuado. Preguntas tales como: ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Cómo piensas resolver? ¿Y si…?. Abren a la capacidad responsiva dando autonomía para la acción.
Por supuesto que los padres deben monitorear esa acción. Cualquier solución vale pero no vale lo mismo. Estos diálogos introducen el respeto por el otro, las consecuencias de los actos desde un lugar de mayor compromiso que un sermón sabihondo que deja el problema intacto y traslada el eje al ‘pesado de mi padre’ o ‘la gritona de mi madre’.
o Necesitan diferenciarse y para ello un oponente a su altura: ni un ogro autoritario ni una gelatina que dice sí a todo. Esto es, podemos discutir, coincidir o disentir pero la decisión final es de los padres.
o Es importante la coherencia entre lo que sentimos y decimos. A veces, no es lo qué se dice, sino la manera cómo se dice. Con frecuencia, no son las palabras tanto como los gestos y el tono de su voz. Si hacemos ‘como si’ dialogamos pero nuestra intención es manipular la situación el joven lo notará y reaccionará con rechazo.
o Evitar las ‘luchas de poder’. Si los desafiamos, nos ponemos a la misma altura y no hay adulto que piense. Conviene tomar distancia, mirar la situación y volver a la conversación desde otro lugar.
o Saber respetar los silencios. Es propio de esta edad pasar temporadas de ‘bicho bolita’, encerrado en sus pensamientos o poco comunicativos.
o A veces el cuerpo es el primer vehículo de acercamiento: un abrazo, un gesto afectuoso expresan otro código para acercarnos cuando las palabras se vuelven difíciles.
Hay que usar toda la comprensión pero también toda la firmeza. Tener la flexibilidad para entender que los adultos en determinados momentos estarán más dispuestos a conversar y en otros momentos deberán decir que no, algunas veces sonreír y de tanto en tanto abrir la puerta para ir a jugar.
-¡Contigo no se puede hablar!. La frase proviene del adolescente enojado antes del portazo y la huida. Cuando los hijos se inaguran en esta estapa lo códigos de relación se modifican.
Es una edad marcada por la dificultad para establecer distancias y encontrar la óptima.Cambia todo cambia…
Su cuerpo, la voz y pensamientos. Ya no son niños pero no son grandes. La indefinición e incertidumbre son el segundo nombre de la adolescencia y la comunicación no es ajena a este proceso. Los hijos precisan mayores espacios individuales sin perder la orientación de los padres.
Entonces…
o Comunicarse es intercambiar, aceptar al otro en su diferencia, aunque a veces no nos agrade. En oportunidades se confunde conversar y convencer. Se cree que por tener buenos argumentos se tiene la razón. Quizás no hay ‘razón’ sino ‘razones’. Comprender qué dice nuestro hijo, cuáles son sus razones permitirá abrirnos a su mirada del problema. ¿Estamos dispuestos a intercambiar con nuestr@s hij@s honestamente, sin apurarnos a ‘contestar’?
o El aprendizaje ha estado vinculado a ‘la letra con sangre entra’ y considerar que es la repetición la que genera conductas favorables. Esto produce una mala interpretación y solemos aburrir con sermones, actitudes doctorales que provocan ‘sordera para padres’. Suele ser más efectivo y mejora el vínculo poder explorar posibilidades, por ejemplo, sobre un comportamiento inadecuado. Preguntas tales como: ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Cómo piensas resolver? ¿Y si…?. Abren a la capacidad responsiva dando autonomía para la acción.
Por supuesto que los padres deben monitorear esa acción. Cualquier solución vale pero no vale lo mismo. Estos diálogos introducen el respeto por el otro, las consecuencias de los actos desde un lugar de mayor compromiso que un sermón sabihondo que deja el problema intacto y traslada el eje al ‘pesado de mi padre’ o ‘la gritona de mi madre’.
o Necesitan diferenciarse y para ello un oponente a su altura: ni un ogro autoritario ni una gelatina que dice sí a todo. Esto es, podemos discutir, coincidir o disentir pero la decisión final es de los padres.
o Es importante la coherencia entre lo que sentimos y decimos. A veces, no es lo qué se dice, sino la manera cómo se dice. Con frecuencia, no son las palabras tanto como los gestos y el tono de su voz. Si hacemos ‘como si’ dialogamos pero nuestra intención es manipular la situación el joven lo notará y reaccionará con rechazo.
o Evitar las ‘luchas de poder’. Si los desafiamos, nos ponemos a la misma altura y no hay adulto que piense. Conviene tomar distancia, mirar la situación y volver a la conversación desde otro lugar.
o Saber respetar los silencios. Es propio de esta edad pasar temporadas de ‘bicho bolita’, encerrado en sus pensamientos o poco comunicativos.
o A veces el cuerpo es el primer vehículo de acercamiento: un abrazo, un gesto afectuoso expresan otro código para acercarnos cuando las palabras se vuelven difíciles.
Hay que usar toda la comprensión pero también toda la firmeza. Tener la flexibilidad para entender que los adultos en determinados momentos estarán más dispuestos a conversar y en otros momentos deberán decir que no, algunas veces sonreír y de tanto en tanto abrir la puerta para ir a jugar.
| Adolescentes: preocupados por su imagen | |
| Apretándose los granitos de la náriz, probándose ropa o haciendo morisquetas, ensayan cosas, pendientes del reflejo del espejo. Así se pasan todos los días como si su aspecto fuera lo mas importante. | |
| Adolescentes, libros y lectura... ¿Misión imposible? | |
| Internet, televisión, consolas de videojuego y otras electro-novedades compiten por el tiempo de ocio. Nadie los culpa: son mas atractivos, novedosos y a primera vista mucho mas atractivos. | |
| Libro para adolescentes: Atrévete a ser diferente de Fred Hartley | |
| Durante toda la vida es difícil atreverse a ser uno mismo, pero particularmente en la adolescencia, cuando buscamos aceptación fuera del nucleo familiar y el rechazo puede llegar a ser una pesadilla. | |
| Adolescentes cuestionan, contradicen, se revelan, contestan.. | |
| Así no es. ¡Tu no entiendes nada!. Lapidario, el adolescente se aleja dejando perplejos a sus padres. Contrariarlos y descalificarlos es parte de su tarea de crecimiento. ¿Por qué llevan la contra? | |
< Portada

