Acompañar a un bebé: juega con tu bebé
de 0 a 5, Estimulando a tu hijo, Psicología, Bebés, Juegos infantiles

Para que sus labores sean hechas de la mejor manera posible y evitarles conflictos extras, nada mejor que un ambiente acogedor y compañero.
Trabajar solo puede ser demasiado duro, y trabajar en equipo trae beneficios y ahorro de esfuerzos. De allí que podemos tomar como nuestra la idea de un “trabajo en equipo” entre el bebé y la familia que lo rodea.
El bebé está haciendo un esfuerzo muy grande al intentar distinguir las señales que recibe y que provienen del interior de sí mismo, de las que le llegan del exterior. De esa manera, está en la tarea de comprender que el mundo y él son dos cosas diferentes. También anda haciendo comparaciones entre todo lo que se le acerca y se le ofrece.
El pequeño deberá ir abandonando su mundo interior relacionado con la fantasía (un mundo muy bonito), para pasar a un mundo exterior más real y concreto (que a veces no es tan bonito). Por eso es preferible que ese mundo o ambiente lo esté esperando y sea lo más acogedor posible.
De allí que si en su casa se vive una situación tensa y agresiva, el bebé lo asimilará dando muestras de ello y fallando en sus adquisiciones elementales. Así encontraremos sumado al malestar familiar, el malestar producido por un bebé que parece más complicado que otros.
(Los niños están abiertos al mundo exterior y cuentan con pocos filtros contra agresiones y descuidos. Su desvalimiento inicial los mantiene en una situación obligada de dependencia e impotencia para cambiar lo que les molesta.)
Dada esta situación, a los trabajos primarios de los padres, habrá que agregar un condimento extra capaz de colaborar con el bebé en lugar de hacerlo enfurecer.
Las tareas básicas u ocupaciones primarias de los padres podrían llevar por nombre: ofrecer pañales limpios, leche tibia, cama cálida y cómoda, abrigos suaves. Son en sí mismas, tareas que podrán ser neutras o pálidas. Lo que viene en ayuda y socorro del bebé tiene que ver con la forma en que estas tareas diarias son llevadas a cabo en la práctica. Tiene que ver con el color que elegimos para pintarlas.
De todo esto se desprende la importancia de cambiar un pañal, o dar un biberón, o acomodar una almohadita en la cuna. Si lo hacemos automáticamente o a desgano, dejamos al niño sin recibir su cuota de ayuda para que realice su trabajo lo mejor posible. Si en cambio, nos ofrecemos dispuestos a dar y hacer con ganas, deseo y buena voluntad; lo que percibirá el pequeño es una suerte de empujón hacia delante que lo hará avanzar en estadíos más evolucionados de crecimiento.
De este modo nuestro trabajo también será bien retribuido. Los niños se dejarán acompañar y actuarán conforme a los parámetros de lo saludable. De ahí que este trabajo sea una verdadera labor de idas y vueltas, entre un medio que se muestra colaborador y un niño que trabaja para crecer.
Acompañar a un bebé es una importante tarea. Los bebés están haciendo un gran trabajo. Si los vemos así, como trabajadores esmerados, quzás sea más fácil darnos cuenta de cómo podemos ayudarlos.
Para que sus labores sean hechas de la mejor manera posible y evitarles conflictos extras, nada mejor que un ambiente acogedor y compañero.Trabajar solo puede ser demasiado duro, y trabajar en equipo trae beneficios y ahorro de esfuerzos. De allí que podemos tomar como nuestra la idea de un “trabajo en equipo” entre el bebé y la familia que lo rodea.
El bebé está haciendo un esfuerzo muy grande al intentar distinguir las señales que recibe y que provienen del interior de sí mismo, de las que le llegan del exterior. De esa manera, está en la tarea de comprender que el mundo y él son dos cosas diferentes. También anda haciendo comparaciones entre todo lo que se le acerca y se le ofrece.
El pequeño deberá ir abandonando su mundo interior relacionado con la fantasía (un mundo muy bonito), para pasar a un mundo exterior más real y concreto (que a veces no es tan bonito). Por eso es preferible que ese mundo o ambiente lo esté esperando y sea lo más acogedor posible.
De allí que si en su casa se vive una situación tensa y agresiva, el bebé lo asimilará dando muestras de ello y fallando en sus adquisiciones elementales. Así encontraremos sumado al malestar familiar, el malestar producido por un bebé que parece más complicado que otros.
(Los niños están abiertos al mundo exterior y cuentan con pocos filtros contra agresiones y descuidos. Su desvalimiento inicial los mantiene en una situación obligada de dependencia e impotencia para cambiar lo que les molesta.)
Dada esta situación, a los trabajos primarios de los padres, habrá que agregar un condimento extra capaz de colaborar con el bebé en lugar de hacerlo enfurecer.
Las tareas básicas u ocupaciones primarias de los padres podrían llevar por nombre: ofrecer pañales limpios, leche tibia, cama cálida y cómoda, abrigos suaves. Son en sí mismas, tareas que podrán ser neutras o pálidas. Lo que viene en ayuda y socorro del bebé tiene que ver con la forma en que estas tareas diarias son llevadas a cabo en la práctica. Tiene que ver con el color que elegimos para pintarlas.
De todo esto se desprende la importancia de cambiar un pañal, o dar un biberón, o acomodar una almohadita en la cuna. Si lo hacemos automáticamente o a desgano, dejamos al niño sin recibir su cuota de ayuda para que realice su trabajo lo mejor posible. Si en cambio, nos ofrecemos dispuestos a dar y hacer con ganas, deseo y buena voluntad; lo que percibirá el pequeño es una suerte de empujón hacia delante que lo hará avanzar en estadíos más evolucionados de crecimiento.
De este modo nuestro trabajo también será bien retribuido. Los niños se dejarán acompañar y actuarán conforme a los parámetros de lo saludable. De ahí que este trabajo sea una verdadera labor de idas y vueltas, entre un medio que se muestra colaborador y un niño que trabaja para crecer.
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