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martes, 30 diciembre 2008

Adolescentes y lectura, es imprescindible

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Libros: aquellos refugios encuadernados. Cada libro es un mundo que nos protege de la incierta o amenazante realidad. En algunos sectores sociales esto no está bien visto.

Son varias las razones que se arguyen y los motes al lector
son en general los siguientes: soberbio (porque se cree
más que los demás), débil, solitario, distraído, indiferente, aburrido, y etcétera, etcétera. El que se aleja del grupo, aunque sea temporariamente y para leer, no recibe el beneplácito del resto. ¿Será por esto que muchas personas eligen leer antes de irse a dormir?

Como contrapartida está lo que le sucede a la persona que lee: cuando leemos nos abstraemos del mundo exterior, toda la concentración e intimidad se da entre uno mismo y el libro. El resto del mundo se apaga y se aleja. Y esto constituye un refugio.

Pero lo más importante es que se pone en cuestión. Cuando uno lee no sólo se absorbe información, se reflexiona y se ponen “patas para arriba” nuestras creencias propias o heredadas. Y esto es tal vez lo más amenazante para los demás. Porque una persona que lee, en realidad, hace mucho más que esto: también cuestiona, reflexiona y piensa. Quizá con constancia también logre crear su propio pensamiento, su propia subjetividad.

No dejo de insistir que para adolescentes y jóvenes es fundamental la lectura para formar su pensamiento abstracto, reflexivo y crítico. Durante la adolescencia la flexibilidad mental permite el establecimiento y cambio de paradigmas; y una profundidad y navegación de las ideas que nos resultaría imposible en la adultez.

La lectura es una de las pocas vías para poder desarrollar íntegramente esta capacidad.

El acto de leer es una demora que, a diferencia de la imagen, nos permite dialogar. El diálogo está en la lectura entrelíneas y en las pausas de la lectura, está también en el comentario de lo leído a los otros, hacia los otros. Incluso en los libros más fundamentalistas, podemos dialogar, porque podemos cerrarlos, subrayarlos y pensarlos.

No hay dictaduras en los libros, muy a pesar de algunos autores.

Pero en especial cada libro es un mundo que nos protege de la incierta o amenazante realidad. Los jóvenes se refugian en los libros, porque se protegen de una realidad que aún no pueden aceptar, por sus injusticias, dolores, engaños o dificultades.

Los libros son refugios que les permiten pensar o imaginar un mundo mejor, distinto, al actual. En este sentido los libros dan esperanza al mostrar que la vida cambia, sigue y que puede ser diferente.

Es en esos refugios encuadernados que las personas pueden ensayar ser distintas, al identificarse con los personajes o historias diferentes a las suyas propias. La lectura sin querer nos permite empatizar con historias diferentes a las propias y así abrir nuestros horizontes y perspectivas.

Leer entonces, es un refugio activo que nos permite imaginar infinitos horizontes.






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