Niños y cuentos: algo mágico en la infancia
Todas las edades, Creando hábitos, Lectura, Psicología
Contar historias a tus hijos es una de esas actividades que tu no puedes dejar pasar.
- ¡Ultimas localidades! ¡Apresúrense a conseguir sus entradas, que se agotan! ¡Últimos lugares disponibles y el show ya está por comenzar!
Almohadones en el piso, pantuflas en nuestros pies, nada que tape nuestros oídos; y así vamos armando el escenario para la presentación de esta noche.
Los espectadores vienen de lejos… o no tanto, algunos se acercan desde la cocina y otros llegan viajando desde el salón; a escuchar la historia que se contará hoy en nuestra habitación.
Después que la princesa se salvó de las temibles garras del dragón púrpura, al parecer hoy, el cuento será sobre un astronauta que perdió un zapato en el espacio.
El encargado de contar la historia va a ser papá, hay mucha expectativa y algunos temen que se olvide el cuento en la mejor parte.
Los más inquietos andan preguntándose cómo será ese astronauta, ¿será valiente?, ¿le gustarán las aventuras?, ¿tendrá amigos en su viaje?
-¡Shhhhhh!, silencio... ¡que ya está comenzando el cuento!
Las historias han sido desde siempre un buen modo de compartir experiencias entre los miembros de los pueblos antiguos, un modo de transmisión de la cultura y un alegre motivo de reunión entre la gente.
Los cuentos y las narraciones tienen el poder de captar la atención de aquellos dispuestos a viajar en el tiempo y a tomar prestada la identidad de los protagonistas.
Así, las historias se han metido tanto en la cultura, que hoy las disfrutamos en todo tipo de pantallas y con sonidos en stereo o envolventes, desde casa, en un cine o en el teatro.
No es de extrañar que la fascinación por escuchar y dejarse envolver en las historias aparezca desde muy temprana edad en los pequeños.
Los cuentos proponen a los niños un aventón a lugares a los que les gustaría llegar. Los acercan a sus propias fantasías y ofrecen así palabras para muchas de las cosas que están atravesando y que no llegan a poder expresar.
Los niños encuentran en las historias que los héroes y protagonistas sufren pérdidas, desencuentros, maltratos, castigos, se desesperan, son abandonados por sus padres, se pierden, se asustan, se quedan solos… en fin, que son iguales a ellos.
Con un marco de fantasía y escenarios sorprendentes, demuestran a los pequeños que no están solos en todo lo que les toca vivir.
Brindan así la posibilidad de resolver conflictos que se dan en el interior de ellos mismos.
Los niños se acercan así a combatir sus miedos, sin necesidad de pasar por peligros reales. Las historias se escuchan desde la cama y al lado de papá y mamá con la mayor de las calmas.
Los niños atraviesan así, situaciones que a veces imaginan o temen, pero de la mano de una princesa o del capitán de un barco.
Y resuelven con ellos, en los finales.
Hay cuentos escritos con fines terapéuticos. Con intención de acercar soluciones a problemas que padecen los niños.
Hay otros, los cuentos populares, que relatan fantasías universales de muerte, abandono, castigo… fantasías comunes a todos.
Y hay otros que se inventan cada noche, justo antes de ir a dormir. Son aquellos que quedarán anónimos en la historia de la humanidad, pero que sorprenden a los niños antes de acostarse. Son los que se crean para cada uno en especial aunque no estén sujetos a una gramática estricta.
La tarea es altamente recomendable para todos los padres, cualquiera sea el tipo de cuento que se decidan a contar.
Y además un secretito: narrar historias es una de las actividades terapéuticas más valiosas que existen para los que tomen la iniciativa de empezar a contarlas.
Las historias abren una puerta al regocijo. Aquel que cuenta y aquel que escucha son invitados a adentrarse en los caminos de la fantasía e imaginación.
Contar historias a tus hijos es una de esas actividades que tu no puedes dejar pasar. - ¡Ultimas localidades! ¡Apresúrense a conseguir sus entradas, que se agotan! ¡Últimos lugares disponibles y el show ya está por comenzar!
Almohadones en el piso, pantuflas en nuestros pies, nada que tape nuestros oídos; y así vamos armando el escenario para la presentación de esta noche.
Los espectadores vienen de lejos… o no tanto, algunos se acercan desde la cocina y otros llegan viajando desde el salón; a escuchar la historia que se contará hoy en nuestra habitación.
Después que la princesa se salvó de las temibles garras del dragón púrpura, al parecer hoy, el cuento será sobre un astronauta que perdió un zapato en el espacio.
El encargado de contar la historia va a ser papá, hay mucha expectativa y algunos temen que se olvide el cuento en la mejor parte.
Los más inquietos andan preguntándose cómo será ese astronauta, ¿será valiente?, ¿le gustarán las aventuras?, ¿tendrá amigos en su viaje?
-¡Shhhhhh!, silencio... ¡que ya está comenzando el cuento!
Las historias han sido desde siempre un buen modo de compartir experiencias entre los miembros de los pueblos antiguos, un modo de transmisión de la cultura y un alegre motivo de reunión entre la gente.
Los cuentos y las narraciones tienen el poder de captar la atención de aquellos dispuestos a viajar en el tiempo y a tomar prestada la identidad de los protagonistas.
Así, las historias se han metido tanto en la cultura, que hoy las disfrutamos en todo tipo de pantallas y con sonidos en stereo o envolventes, desde casa, en un cine o en el teatro.
No es de extrañar que la fascinación por escuchar y dejarse envolver en las historias aparezca desde muy temprana edad en los pequeños.
Los cuentos proponen a los niños un aventón a lugares a los que les gustaría llegar. Los acercan a sus propias fantasías y ofrecen así palabras para muchas de las cosas que están atravesando y que no llegan a poder expresar.
Los niños encuentran en las historias que los héroes y protagonistas sufren pérdidas, desencuentros, maltratos, castigos, se desesperan, son abandonados por sus padres, se pierden, se asustan, se quedan solos… en fin, que son iguales a ellos.
Con un marco de fantasía y escenarios sorprendentes, demuestran a los pequeños que no están solos en todo lo que les toca vivir.
Brindan así la posibilidad de resolver conflictos que se dan en el interior de ellos mismos.
Los niños se acercan así a combatir sus miedos, sin necesidad de pasar por peligros reales. Las historias se escuchan desde la cama y al lado de papá y mamá con la mayor de las calmas.
Los niños atraviesan así, situaciones que a veces imaginan o temen, pero de la mano de una princesa o del capitán de un barco.
Y resuelven con ellos, en los finales.
Hay cuentos escritos con fines terapéuticos. Con intención de acercar soluciones a problemas que padecen los niños.
Hay otros, los cuentos populares, que relatan fantasías universales de muerte, abandono, castigo… fantasías comunes a todos.
Y hay otros que se inventan cada noche, justo antes de ir a dormir. Son aquellos que quedarán anónimos en la historia de la humanidad, pero que sorprenden a los niños antes de acostarse. Son los que se crean para cada uno en especial aunque no estén sujetos a una gramática estricta.
La tarea es altamente recomendable para todos los padres, cualquiera sea el tipo de cuento que se decidan a contar.
Y además un secretito: narrar historias es una de las actividades terapéuticas más valiosas que existen para los que tomen la iniciativa de empezar a contarlas.
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