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lunes, 15 diciembre 2008

Significado de los primeros dibujos de nuestros hijos

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Avanza de a poquito, cambia, crece, da vueltas, adquiere formas diferentes, se hace más elegante...¿Y si los garabatos que dibujan nuestros hijos tuvieran algo para contar?


El garabato viene reclamando su lugar entre los juegos de los niños.

El es un juego más y como tal, requiere que se lo deje de tratar como una pérdida de tiempo o algo sin sentido. En realidad viene a ofrecerse como una ventanita abierta a la comprensión de nuestros hijos en plenísimo desarrollo.

Si se le presta la suficiente atención, se observará que el juego de garabatear tiene variantes y modificaciones que se producen con el tiempo y el ejercicio. Y es en ellas donde está la posibilidad, para los padres, de espiar como se van produciendo grandísimos logros psicológicos y fisiológicos en los niños.

El garabato no solamente es el paso previo y necesario para llegar a dibujos “realistas”, sinó además es la antesala de lo que será la capacidad para la escritura.

Es un juego que en sus primeros comienzos no tiene una finalidad utilitaria, ni se lanza hacia la búsqueda de una producción final... no intenta lograr un gran dibujo. Por el contrario, se destaca por llenar al niño del placer y el gozo que le dan sus propios movimientos. Es un juego motor, y como tal, brinda la posibilidad de convertirse en un modo de descargar energía.

En el comienzo el niño se entrega a realizar trazos sin siquiera mirar la hoja sobre la que trabaja y sin levantar el lápiz.

Si lo observamos garabateando entre hojas y colores, no lo veremos utilizar sus deditos ni sus manos, tampoco girar sus muñecas para producir sus dibujos. Lo que sí hallaremos son grandes movimientos que realizan con sus brazos. Éstos se mueven de aquí para allá al ritmo que comienzan a producir algo sobre la hoja.

Son estos movimientos los que llenaran de excitación y alegría al niño aplicado a su tarea de dibujar.

Y lo llevarán a querer repetir esta experiencia.

Esta etapa nos habla de las condiciones evolutivas en las que está nuestro hijo: no puede, por el momento, acceder a movimientos controlados, finos ni intencionados, ni coordinarlos con la visión.

Esto lo condiciona a ser más bien torpe y eso se manifiesta no sólo en sus dibujitos sinó en todas las actividades de su vida cotidiana. Camina como si fuera a caerse, se mancha cuando come...

A partir del ejercicio y el paso de algunos meses desde que comienza a familiarizarse con éste juego, notarán, si se dedicaron a observar, que sus hijos comienzan a mirar ahora sí sus propias producciones.

Lo que se produce es un avance muy entusiasmante. Comienzan a coordinar los propios movimientos con la visión. Descubren que hay relación entre su acción y aquello que queda plasmado en la hoja.

Esto sin duda es un logro, una conquista digna en su desarrollo (aunque parezca algo tan sencillo).

Se hace así presente cierta posibilidad de control y dominio en el niño. Esto sin duda, lo llena de alegría y los hace disfrutar aún más de este juego.

En el entusiasmo por sus producciones, notarán que sus hijos los convidan con sus garabatos y quedan muy pendientes de la acogida que tengan. Estén atentos a ello.

Otro momento importante, y tal vez el más esperado por nosotros, es cuando los garabatos ganan un nuevo terreno y comienzan a tener sus propios nombres, aunque estén lejos aún de parecerse a algo real.

El logro aquí es más rico aún que los anteriores. Es el momento de relacionar los movimientos que él mismo hace con cosas del mundo en el que vive.

Somos así testigos de un cambio fundamental a nivel del pensamiento: los niños comienzan, a tientas, a utilizar… la imaginación.

Ya no se regirán sólo por un pensamiento ligado a las acciones y movimientos, el pensamiento kinésico. Sinó que su capacidad de imaginar incipiente, los llevará a decir que su dibujo es un perro corriendo, el tío Alberto saltando, o un árbol y un pajarito.

En éstos momentos, y dado que conocemos un poco más en qué andan sus avances intelectuales, podemos ayudarlos si los estimulamos a que continúen imaginando cosillas.

Y eso significa, que por un tiempo más, no debemos preocuparnos ni insistirles en que sus dibujos “deban” parecerse a lo que dicen representar de la realidad porque sólo conseguiremos ponerles una presión a la que no podrán responder.

Con un poco más de tiempo notarán que los dibujos comienzan a ser más reconocibles y el dominio sobre los materiales llegará sin duda a ser completo.

En el mientras tanto, observen qué útil y provechoso les resulta esto de comenzar a hacer garabatos desde bien temprano.






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