Ayuda a tu hijo a estudiar
de 12 a 17, Estudios, Psicología, Creando hábitos
La tarea de los padres es observar hasta donde
los hijos pueden resolverlos o
precisan de una orientación.
-¡Tengo un examen!
En general, las dificultades para estudiar se descubren en situaciones de evaluación, cuando llegan notas bajas y los padres se comienzan a preocupar por el rendimiento. Los chicos leen pero no fijan los contenidos, repiten como loros o ni siquiera se interesan.
Durante muchos años la escuela tuvo una función formadora, no solo pedagógicamente sino en valores y hábitos que se ha ido desdibujando. Los docentes no siempre son figuras de autoridad para los jóvenes que están sin rumbo.
La autoridad es una construcción en relación al saber, el respeto, un recorrido y prestigio. Por otro lado la familia, que es la principal responsable de la formación de los menores, también tiene dificultades con estos temas y no hay intercambio fluido con la escuela ni afianzamiento de pautas. En este marco complejo transcurre la educación de los adolescentes.
Los padres pueden aportar a resolver esta situación (más allá de la participación en mejorar el vínculo familia escuela) dándole a los críos el hábito de estudiar.
Cómo, cuánto y dónde
Las dificultades más importantes alrededor de una evaluación pueden surgir en dos aspectos: la preparación del examen y la ejecución del mismo.
En cuanto a la preparación del examen:
• Ayudarlos a confeccionar un organigrama con sus actividades escolares, extraescolares y horas de estudio para que sepan cuando tienen que sentarse a estudiar, observando si hay un equilibrio entre actividades, horas de descanso, alimentación, ocio, etc. Esto también permite supervisar la distribución de esa carga horaria ya que a veces destinan muchas horas a una materia y escasos minutos a otra.
• Organizar el material de estudio: que tengan carpetas con apuntes sobre los temas dados en las asignaturas que se evaluarán.
• Fomentar el uso de técnicas de estudio (leer, subrayar, construir una síntesis).
Estas requieren habilidades que se adquieren sólo con su uso. Cuanto más se ejercita un joven en la lectura comprensiva más rápidamente entenderá los textos.
• Estimular la responsabilidad: que los hijos construyan en un lugar visible de la casa un calendario con las fechas de entregas y exámenes hace que sus padres puedan preguntarles como marchan y compartir el proceso. El objetivo es que sean ellos responsables y los padres colaboren. No a la inversa. Si los adultos permanentemente se hacen cargo ellos no desarrollarán el compromiso.
• Observar que el ambiente de estudio sea cómodo, luminoso y beneficie la concentración. Nadie puede estudiar con música, el ordenador y contestando el teléfono.
• Favorecer la práctica deportiva no sólo mantiene el estado físico sino que permite una descarga del stress y las emociones negativas dejando una mejor predisposición para las tareas.
• La falta de interés por los contenidos puede disminuir el desempeño académico.
• La tarea de aprendizaje requiere dedicación. Un niño de 11 a 13 años debe invertir aproximadamente una o dos horas diarias de estudio. Conforme aumente la complejidad es mayor la cantidad de tiempo. Hacia los 15 tienen que disponer de 2 a 4 horas. Esto a veces, se hace complejo porque les cuesta seleccionar. Una conversación franca con el adolescente puede permitir que elijan las actividades recreativas a mantener y cuáles recortar en períodos de pruebas acentuando que algo debe elegirse.
En cuánto a la ejecución del examen:
• Aparte del ítem fundamental que es haber estudiado adecuadamente es de suma importancia:
• Leer toda la evaluación para luego responder: esto ayuda a organizar mentalmente las respuestas.
• Distribuir aproximadamente el tiempo: estimar algunos minutos para cada respuesta. Si no se puede contestar alguna pregunta es preferible avanzar con otra y dejar la “difícil” para el final.
• Dejar unos momentos para la revisión global. Unos minutos antes de finalizar el examen dar una segunda mirada para corregir expresiones, ver si hubo alguna omisión, etc.
Si vemos que a pesar del empeño siguen teniendo dificultades es provechoso hacer entrevistas con los docentes para ver si es necesario un apoyo escolar o consulta especializada.
Durante la escolaridad los hijos se encuentran con distintos obstáculos que van superando. Los padres deben observar hasta donde los hijos pueden resolverlos o precisan de una orientación.
La tarea de los padres es observar hasta donde
los hijos pueden resolverlos o
precisan de una orientación.-¡Tengo un examen!
En general, las dificultades para estudiar se descubren en situaciones de evaluación, cuando llegan notas bajas y los padres se comienzan a preocupar por el rendimiento. Los chicos leen pero no fijan los contenidos, repiten como loros o ni siquiera se interesan.
Durante muchos años la escuela tuvo una función formadora, no solo pedagógicamente sino en valores y hábitos que se ha ido desdibujando. Los docentes no siempre son figuras de autoridad para los jóvenes que están sin rumbo.
La autoridad es una construcción en relación al saber, el respeto, un recorrido y prestigio. Por otro lado la familia, que es la principal responsable de la formación de los menores, también tiene dificultades con estos temas y no hay intercambio fluido con la escuela ni afianzamiento de pautas. En este marco complejo transcurre la educación de los adolescentes.
Los padres pueden aportar a resolver esta situación (más allá de la participación en mejorar el vínculo familia escuela) dándole a los críos el hábito de estudiar.
Cómo, cuánto y dónde
Las dificultades más importantes alrededor de una evaluación pueden surgir en dos aspectos: la preparación del examen y la ejecución del mismo.
En cuanto a la preparación del examen:
• Ayudarlos a confeccionar un organigrama con sus actividades escolares, extraescolares y horas de estudio para que sepan cuando tienen que sentarse a estudiar, observando si hay un equilibrio entre actividades, horas de descanso, alimentación, ocio, etc. Esto también permite supervisar la distribución de esa carga horaria ya que a veces destinan muchas horas a una materia y escasos minutos a otra.
• Organizar el material de estudio: que tengan carpetas con apuntes sobre los temas dados en las asignaturas que se evaluarán.
• Fomentar el uso de técnicas de estudio (leer, subrayar, construir una síntesis).
Estas requieren habilidades que se adquieren sólo con su uso. Cuanto más se ejercita un joven en la lectura comprensiva más rápidamente entenderá los textos.
• Estimular la responsabilidad: que los hijos construyan en un lugar visible de la casa un calendario con las fechas de entregas y exámenes hace que sus padres puedan preguntarles como marchan y compartir el proceso. El objetivo es que sean ellos responsables y los padres colaboren. No a la inversa. Si los adultos permanentemente se hacen cargo ellos no desarrollarán el compromiso.
• Observar que el ambiente de estudio sea cómodo, luminoso y beneficie la concentración. Nadie puede estudiar con música, el ordenador y contestando el teléfono.
• Favorecer la práctica deportiva no sólo mantiene el estado físico sino que permite una descarga del stress y las emociones negativas dejando una mejor predisposición para las tareas.
• La falta de interés por los contenidos puede disminuir el desempeño académico.
• La tarea de aprendizaje requiere dedicación. Un niño de 11 a 13 años debe invertir aproximadamente una o dos horas diarias de estudio. Conforme aumente la complejidad es mayor la cantidad de tiempo. Hacia los 15 tienen que disponer de 2 a 4 horas. Esto a veces, se hace complejo porque les cuesta seleccionar. Una conversación franca con el adolescente puede permitir que elijan las actividades recreativas a mantener y cuáles recortar en períodos de pruebas acentuando que algo debe elegirse.
En cuánto a la ejecución del examen:
• Aparte del ítem fundamental que es haber estudiado adecuadamente es de suma importancia:
• Leer toda la evaluación para luego responder: esto ayuda a organizar mentalmente las respuestas.
• Distribuir aproximadamente el tiempo: estimar algunos minutos para cada respuesta. Si no se puede contestar alguna pregunta es preferible avanzar con otra y dejar la “difícil” para el final.
• Dejar unos momentos para la revisión global. Unos minutos antes de finalizar el examen dar una segunda mirada para corregir expresiones, ver si hubo alguna omisión, etc.
Si vemos que a pesar del empeño siguen teniendo dificultades es provechoso hacer entrevistas con los docentes para ver si es necesario un apoyo escolar o consulta especializada.
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