Niños que lloran en la comida
de 0 a 5, Creando hábitos, Psicología, Tristeza y Depresión, Alimentación
Si les pido que recuerden la mejor fiesta a la que hayan asistido, estoy segura que en el recuerdo que de ella tengan, hay un elemento que no puede faltar: comida. Que la comida sea un ingrediente importante en cualquier festividad, no tiene que ver con una casualidad, más bien lo contrario. Algunos hasta podrían afirmar que sin una buena comida no hay fiesta…
Así, vamos pasando a ver a través de los velos y comenzamos a acercarnos a una idea deliciosa: comer no responde solamente a una necesidad biológica de nuestro cuerpo, tiene que ver con algo más. En el comer hallamos un plus y un placer.
De ahí que podamos pensar que el momento de la comida debería ser un momento de alegría. A la hora de comer todo debería fluir en un clima placentero y distendido.
Pero hay veces que esto no es así…
Como una alarma sonando sin motivos claros, muchos niños muestran la capacidad de sus pulmones para llorar y gritar escandalosamente, justo a la hora de la comida. Y que la alarma suene “justo” en ese momento nos indica que algo estamos haciendo mal.
Los motivos pueden ser tantos como madres hay en el mundo. Sin embargo, lo primero que debemos tener claro es que el problema no es solamente del niño.
Los llantos a la hora de la comida podrían estar mostrando la falta de un verdadero clima de cariño entre los comensales, o hacia el niño. También pueden evidenciar las tensiones familiares, discusiones, agresiones, etc. De ahí que si queremos solucionar los problemas a la hora de la comida, tengamos que hacer una inspección que va mucho más allá del niño lloroso.
Muchas madres se quejan de que sus hijos no comen, sin embargo cuando vemos a los niños los encontramos perfectamente nutridos. De ahí se desprende la siguiente hipótesis para investigar: nuestras creencias sobre la alimentación. Preguntémonos a nosotros mismos qué creemos que es estar bien alimentado. Porque tal vez sea nuestro el error de querer hacer comer más cantidad que la que el niño necesita. Hay veces en que creemos que engullir de comida es una garantía de bienestar.
También debemos estar atentos a nuestros propios problemas con la comida. Muchos adultos los tienen, sobre todo las mujeres. Los hijos suelen repetir problemas que las madres tienen o han tenido con la alimentación. Aquí entran toda la serie de desórdenes alimentarios que puedan imaginar.
En otros casos encontramos “madres con culpas” que intentan hacer en el momento de la comida lo que no han podido hacer durante todo el día. Así, tratan de dar en la comida todo el cuidado que sienten no les están pudiendo dar en otras situaciones. Aquí hay que ser claros: más calorías no es igual a más amor.
Algunas claves para pacificar estos benditos momentos:
- respetar los gustos de los niños.
- No forzarlos a comer algo que les produce rechazo o asco (ejemplos extraídos de niños reales: repollo, carne, ensalada, pescado.)
- Sí se puede: “disfrazarlos” para que puedan comerlos sin repulsión, en el caso de que consideremos que es un alimento importante e irremplazable.
- En la medida de nuestras posibilidades, darles opciones y hacerlos partícipes en la elección de los alimentos. Algunas madres no toleran que sus hijos coman tres días seguidos la misma comida. Eso es un problema que las madres deben resolver consigo mismas.
- No entrar a calcular cuánto comió el niño si no hay un problema de peso real.
- En lo posible debemos recrear un clima de fluidez, despreocupación y calidez a la hora de la comida.
- Eliminar las presiones.
Como cuando nos preparamos para ir a una fiesta, así debemos encarar la tarea diaria de comer junto a nuestros hijos. Una fiesta en la que todos estemos invitados y haya un lugar especial esperando por cada uno.
Para algunos niños la hora de la comida se parece más a una tortura. ¿Qué cosas andan fallando en este momento de encuentro entre padres e hijos?. Aquí algunos consejos.
Si les pido que recuerden la mejor fiesta a la que hayan asistido, estoy segura que en el recuerdo que de ella tengan, hay un elemento que no puede faltar: comida. Que la comida sea un ingrediente importante en cualquier festividad, no tiene que ver con una casualidad, más bien lo contrario. Algunos hasta podrían afirmar que sin una buena comida no hay fiesta… Así, vamos pasando a ver a través de los velos y comenzamos a acercarnos a una idea deliciosa: comer no responde solamente a una necesidad biológica de nuestro cuerpo, tiene que ver con algo más. En el comer hallamos un plus y un placer.
De ahí que podamos pensar que el momento de la comida debería ser un momento de alegría. A la hora de comer todo debería fluir en un clima placentero y distendido.
Pero hay veces que esto no es así…
Como una alarma sonando sin motivos claros, muchos niños muestran la capacidad de sus pulmones para llorar y gritar escandalosamente, justo a la hora de la comida. Y que la alarma suene “justo” en ese momento nos indica que algo estamos haciendo mal.
Los motivos pueden ser tantos como madres hay en el mundo. Sin embargo, lo primero que debemos tener claro es que el problema no es solamente del niño.
Los llantos a la hora de la comida podrían estar mostrando la falta de un verdadero clima de cariño entre los comensales, o hacia el niño. También pueden evidenciar las tensiones familiares, discusiones, agresiones, etc. De ahí que si queremos solucionar los problemas a la hora de la comida, tengamos que hacer una inspección que va mucho más allá del niño lloroso.
Muchas madres se quejan de que sus hijos no comen, sin embargo cuando vemos a los niños los encontramos perfectamente nutridos. De ahí se desprende la siguiente hipótesis para investigar: nuestras creencias sobre la alimentación. Preguntémonos a nosotros mismos qué creemos que es estar bien alimentado. Porque tal vez sea nuestro el error de querer hacer comer más cantidad que la que el niño necesita. Hay veces en que creemos que engullir de comida es una garantía de bienestar.
También debemos estar atentos a nuestros propios problemas con la comida. Muchos adultos los tienen, sobre todo las mujeres. Los hijos suelen repetir problemas que las madres tienen o han tenido con la alimentación. Aquí entran toda la serie de desórdenes alimentarios que puedan imaginar.
En otros casos encontramos “madres con culpas” que intentan hacer en el momento de la comida lo que no han podido hacer durante todo el día. Así, tratan de dar en la comida todo el cuidado que sienten no les están pudiendo dar en otras situaciones. Aquí hay que ser claros: más calorías no es igual a más amor.
Algunas claves para pacificar estos benditos momentos:
- respetar los gustos de los niños.
- No forzarlos a comer algo que les produce rechazo o asco (ejemplos extraídos de niños reales: repollo, carne, ensalada, pescado.)
- Sí se puede: “disfrazarlos” para que puedan comerlos sin repulsión, en el caso de que consideremos que es un alimento importante e irremplazable.
- En la medida de nuestras posibilidades, darles opciones y hacerlos partícipes en la elección de los alimentos. Algunas madres no toleran que sus hijos coman tres días seguidos la misma comida. Eso es un problema que las madres deben resolver consigo mismas.
- No entrar a calcular cuánto comió el niño si no hay un problema de peso real.
- En lo posible debemos recrear un clima de fluidez, despreocupación y calidez a la hora de la comida.
- Eliminar las presiones.
Como cuando nos preparamos para ir a una fiesta, así debemos encarar la tarea diaria de comer junto a nuestros hijos. Una fiesta en la que todos estemos invitados y haya un lugar especial esperando por cada uno.
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