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miércoles, 11 febrero 2009

Agresividad infantil: Mi hijo muerde

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La maestra da la noticia a los padres. El niño mordió a un compañerito. ¿Cómo manejar al pequeñín?¿Qué hacer en esos momentos? Algunas sugerencias prácticas para ayudar a los pequeños mordedores.

Entre los 10 meses y los dos años los niños no cuentan con el lenguaje como herramienta concreta. Entonces, deben recurrir a otros modos de comunicación. Nos agrada cuando son cariñosos y dulces con sus besos y abrazos pero nos alerta cuando se expresan violentamente. Una de estas formas es morder. Comprendiendo las causas los padres podrán resolver con más herramientas la situación aunque esto no significa que lo permitamos.

La primera causa de mordeduras es el dolor que provoca la dentición por la aparición de nuevas piezas necesita descarga y los peques buscan asirse de todo lo que encuentran en su camino y a veces es la mejilla de un compañero de guardería.



Los niños generalmente muerden como consecuencia de la frustración y el enfado. Pero no cualquier niño que se enfada muerde sistemáticamente. En este caso es importante observar algunas conductas familiares cotidianas: si el niño se muestra huraño, nervioso y con dificultades para jugar con sus pares, así como el clima que se vive en la casa. Si los padres están molestos y se hieren, verbal o físicamente ellos imitarán esta conducta en la relación con los otros, agrediendo, golpeando o mordiendo. Otras veces ni los adultos tienen claro su enfado y hay frustraciones en relación a la pareja u otros familiares directos que se vuelcan, involuntariamente en el niño.

Cuando las mordidas se dan hacia otros niños los padres pueden experimentar vergüenza e impulsos de castigar al niño. Es una primera reacción normal pero se hace preciso poner paños fríos y buscar mejores soluciones. Si corregimos al niño con la misma acción que realiza (dañar) lo confirmamos en su acción.

Algunas acciones posibles para padres y educadores:

Parte de la calma del niño consiste en los límites claros. La firmeza en los berrinches lo contiene y alivia la excitación, que puede provocar la reacción de la mordida. Esta actitud también debe sostenerse en el colegio.

Estimular los juegos tranquilos, la lectura de cuentos y actividades que contribuyan a relajar y disminuir la agitación.

• Cuando son más pequeñitos y vemos que claramente el motivo es la dentición se puede ofrecer juguetes de goma y mordillos para que se descargue.

Observe como fue el día del niño cuando aparecen las mordidas: su descanso, alimentación, las relaciones con otros. Estas pistas nos permiten detectar las causas de su intranquilidad. También es una forma para llamar la atención del adulto y puede que los educadores descubran que el niño tiene dificultad para interactuar en grupos numerosos o donde hay mucho alboroto.

Puede ser de utilidad el denominado “Tiempo afuera”. Separar al niño de la actividad o el grupo tantos minutos como edad tenga, para pensar en lo sucedido. Se le permite retomar la actividad cuando está calmo.

Concéntrese en el niño que ha sufrido la mordedura. Si el objetivo es captar la atención a padres y educadores observará que morder no da buenos resultados porque el beneficiario del afecto y el cuidado es el perjudicado.

La mayoría de los mordedores abandonan su hábito en la medida en que mejora su habilidad de hablar, pudiendo usar palabras para expresar su frustración y coraje. Esto ocurre como alrededor de los 3 años de edad.

Cuando los padres se enfrentan al problema del morder con solidez y decisión, la mayoría de los niños entienden lo que se les dice y dejan de hacerlo. Una vez más, el trabajo de padres nos convoca a la conjunción del amor y la firmeza como dos opuestos que se complementan.






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