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jueves, 26 febrero 2009

Incentivar a nuestros hijos: Niños que no se creen capaces.

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Los hijos tienen distintos niveles de maduración y a veces sienten que no pueden dar con el estándar. ¿Cómo debemos actuar?. Aprende ayudar a tu hijo cuando está desanimado y piensa que no es capaz.

Cabizbajo, esquivando la mirada, pronuncia la frase temida:
-¡No puedo!

A partir de los 6 años la motricidad se va afianzando logrando mayor especialización en los movimientos.

En el proceso de pensamiento las cosas son diferentes. Si bien se estabiliza el lenguaje oral, comienza todo el proceso de formación escolar que implica un gran compromiso para los chicos. Aumentan las exigencias ya que están en permanente aprendizaje: la lectoescritura, el cálculo y la naturaleza.

Los hijos tienen distintos niveles de maduración y a veces sienten que no pueden dar con el estándar.

¿Qué hacer?

La primera diferencia a observar es si esta impotencia invade todos los aspectos de la vida del chico. Si es parcial habrá que indagar si no se siente a gusto o tiene dificultades y eso lo está perturbando en alguna de sus actividades (escuela, deporte, etc.). Evaluar cuál es el área para estimularlo a buscar ayuda o fomentarle el contacto con otros.

Otra cuestión importante es la relación proceso-meta. Por ejemplo, los pequeños cuando ven a un tenista no piensan en las horas de práctica que lleva. Quieren ser como él, usar la raqueta y ganar. Son los mayores quiénes están encargados de sostener el proceso.

Hay chicos que se desaniman fácilmente y los padres los acompañan en una peregrinación en busca de un ideal: -No es bueno para el tenis- ¿No sabe o no tolera ese tiempo de aprendizaje necesario para ver logros? El abandonar en el primer escalón de la frustración va generando una especie de inmunidad; cada vez necesita menos frustración para sentir que no podrá.

En esta evolución los progenitores son claves incentivando, acordando pautas antes de iniciar la tarea que incluyan un tiempo para ejercitar la tolerancia:- asistirás un mes y allí decidimos si quieres continuar-. También evitando la descalificación y la sobreprotección.

Cuando se observa que el no puedo se traslada a todos los aspectos de la vida del niño debemos pensar algunas posibilidades. En primer lugar, si el ritmo familiar tiene niveles muy altos de competitividad y exigencias a los que el niño pequeño no consigue responder, desistiendo de participar e impotentizándose.

También si instalarse en la dificultad es una forma de conseguir la ayuda y atención del adulto. Cuando los chiquillos detectan que hacen un gestito, fruncen la boquita y papá o mamá corren a auxiliarlo es probable que usen este recurso de la comunicación.

¿Cómo los incentivamos?

En estos momentos es importante que los padres se mantengan firmes. Asesorarlos en el problema pero no resolverlos por ellos. Permitir que se conecten con el obstáculo y la solucionen es la única forma de aumentar sus recursos y para que se sientan fuertes. Si a la primera queja se los retira de la situación no pueden desarrollar ese necesario umbral de tolerancia.

Es preciso trazar una diferencia entre estimular sus logros y halagarlos. En el primer caso lo que se valora es el proceso aunque el resultado no sea tan favorable.

Los padres deben eliminar toda censura y enfocarse en las posibilidades del pequeño, enfatizando los progresos. Si sienten lástima o ceden le trasmiten desánimo y falta de confianza lo cual es negativo para su autoestima.

Poco a poco recuperarán la fuerza para sentirse felices pero el cambio de actitud del adulto es fundamental si se quiere que el hijo cambie la suya.

Alentarlos es ayudarlos a crecer y afirmarlos en un yo puedo.






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