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miércoles, 4 febrero 2009

Mi hijo no quiere ir al colegio: No quiero ir a la escuela

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El niño se queja de algún malestar físico y pide quedarse en casa. La situación se repite a la mañana siguiente y los padres se inquietan: ¿Qué sucede ? ¿Por qué no quiere ir a la escuela?.


-¡No quiero ir a la escuela Me duele la barriguita!

En los primeros años de escolaridad se comienzan a experimentar nuevas formas de organización. Los cuadernos, las primeras tareas, el cuidado de los útiles introduce a los hijos en el mundo de la responsabilidad.

Para los padres la educación primaria es un hito de crecimiento, cierre de una etapa y comienzo de la alfabetización.

Cuando un niño quiere faltar al colegio siempre tiene una razón. Es importante averiguar cual es para ayudarlo en lugar de juzgarlo, lo cual no significa consentirlo y aceptar que no acuda.

Ocasionalmente, los hijos piden no concurrir a la escuela. Esto es normal: un poco de fatiga, el madrugón o estar mimosos. No debe preocuparnos y cada familia lo resolverá según su ideario. Algunas admiten que el niño se ausente un día de lluvia o al regreso de un viaje. Otras son más estrictas o simplemente no tienen con quien dejar al pequeño por cuestiones laborales.

Cuando el pedido se transforma en cotidiano hay que observar algunas variables: la primera un control con el pediatra para descartar alguna enfermedad. En general si el niño se queja de dolor o malestar es porque lo siente, aunque sea debido a una tensión.

También es conveniente pensar cómo están las cosas en casa. ¿Hay discusiones entre los padres? O problemas laborales? El niño puede estar percibiéndolos aunque no hablemos delante de él. La tristeza, un gesto o el estado nervioso hace que los pequeños, que son como esponjas, absorban lo que pasa en su medio. La pérdida de un ser querido o de una mascota también les afecta y puede generar retracción.

Algunos padres atraviesan momentos de angustia o soledad y los niños interpretar que deben acompañarlos y cuidarlos.

Una vez que analizamos las variables familiares es de mucha utilidad conversar con la maestra. Nos permitirá informarnos si hay algún problema en el aula. A veces no son situaciones de mucha importancia pero una pelea con su mejor amigo para ellos es fatal. También hay situaciones de burla u hostigamiento y el niño puede no sentirse hábil par afrontarlas.

¿Cómo les ayudamos?

• Una charla franca y abierta. Si acusamos con expresiones del tipo: “Estás exagerando”, “¡Eres un mentiroso!”, cerramos el diálogo y se hace difícil depositar la confianza en el adulto.

Si se están atravesando problemas familiares hablar con los pequeños informando sin involucrarlos ni preocuparlos. Por ej: "mamá tiene un inconveniente en el trabajo pero lo está solucionando. Tú estate tranquilo que no será nada". Estas conversaciones hacen sentir a los hijos confiados ya que comprenden que hay un problema y que la solución está en manos de los mayores, lo cual les alivia.

• Las cuestiones de la escuela son complejas. Lo más adecuado es primero conversar con el niño para que piense una solución, investigar las dimensiones del conflicto y cómo considera que lo resolvería más favorablemente. Explorar lo ayuda a fortalecerse y sentir que puede alimenta su autoestima. Si la resolución excede al niño comentarle a la maestra para que ella pueda mediar la situación. No es prudente inmiscuirse en los problemas de los menores ni directamente: “¿Qué le hiciste a mi hijo?, ni indirectamente “Vé y dile a Juancito que…” Esto los transforma en muñequillos sin opinión y puede agravar la situación con los compañeros.

Algunos chicos cuando presentan dificultades pedagógicas se sienten avergonzados. No quieren enfrentarse con su cuaderno incompleto a ser regañados por la maestra y esto deriva en ausentismo por temor o falta de motivación.
Afortunadamente paciencia, reflexión y algunas estrategias podrán conducir al tan ansiado regreso a la escuela, al reencuentro con los pares y la maestra.






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