Adolescentes que se portan mal en la escuela
de 12 a 17, Psicología, Colegio, Problemas de comportamiento
No todos los adolescentes son rebeldes e irreverentes. Los hay también más mansos y tranquilos, más reflexivos y de los que se meten para adentro.
Sin embargo la etapa adolescente tiene esa impronta característica, de desafío a la autoridad. Y es el ámbito de la escuela uno de los lugares más frecuentes donde se pone de manifiesto la tendencia a ir “contra la corriente”, y ver hasta dónde es posible llegar. Así a través de burlas, enfrentamientos, falta de responsabilidad con sus tareas, contestaciones fuera de lugar, peleas con compañeros, etc.; se pone en marcha una ola de situaciones de difícil control.
Que ello ocurra en el ámbito educativo, no deja exentos a los padres. O por lo menos, no debería librarlos de la responsabilidad y el cuidado que deben tener para con sus hijos.
Al mismo tiempo, las autoridades y maestros, tienen también su lugar, su participación en lo que ocurra frente a ellos mientras los jóvenes estén en clase.
Y a su vez, los jóvenes también tienen su rol a desempeñar en esta dinámica que conforman con educadores, autoridades y padres.
Si se puede embarrar con algo el terreno de la falta de disciplina en los jóvenes, es tomando una posición que pretenda limpiar “culpas” asignándolas a los demás personajes implicados. La escuela acusando a los padres, los padres cuestionando a la escuela, y padres y escuela culpando al joven.
En un tema tan complejo, es necesario que se reúnan todas las variables y que puedan armar así un plan, estrategia, o negociación que permita dar vuelta la tortilla a favor de todos. Es por ello que las posturas rígidas no servirán de mucho para solucionar conflictos que pertenecen a todos los intervinientes.
La llamada de un adolescente a los “otros”, (escuela y padres) no debe dejar de oírse, ni debe patearse para otro lado. Es una convocatoria a un trabajo conjunto y en equipo, desde donde propiciar límites posibles de sostener.
Esto implica, básicamente, sostener a los jóvenes dentro de la enseñanza y de las instituciones a pesar de sus faltas. Esto es, no dejarlos sin red. No desembarazarse de ellos.
Muchas instituciones optan por un modo “expulsivo” hacia los que no pueden seguir el ritmo de “lo esperable.”
Los adolescentes necesitan que exista siempre la posibilidad de perder algo.
Imagínense que para quién no tiene nada, la amenaza de perder algo no puede hacer ninguna mella. De allí que los sistemas que sean expulsivos, eliminan el problema que tienen frente a su nariz, pero no sirven para alinear lo desalineado.
No olvidemos que “la autoridad” es en realidad un semblante. Una posición dentro de un juego de roles que debe poder tener un campo de acción. Y para ello debe haber algo en juego, algo que de verdad interese al joven y lo acerque al punto de detención de su mal comportamiento. Averiguar de qué se trata, requiere una investigación y un acercamiento al adolescente que puede hacerse si se pone voluntad.
Se necesitan maestros, padres y autoridades dispuestos a hacer un lugar a la singularidad de los jóvenes, a lo propio, a lo que se sale de lo general. A esa parte adolescente que no puede seguir los caminos de lo “general”, lo “normal”, o lo “estandarizado”. Sin pretender que todos sean iguales de “correctos o apropiados”. Se requiere dar un lugar a lo diferente, pues puede que bajo exigencias generales se encuentren individuos con necesidades distintas. A escucharlas entonces.
No todos los adolescentes son rebeldes e irreverentes. Los hay también mansos y tranquilos, más reflexivos. Sin embargo ¿qué ocurre cuando nuestro hijo se porta mal en el colegio?.
No todos los adolescentes son rebeldes e irreverentes. Los hay también más mansos y tranquilos, más reflexivos y de los que se meten para adentro.
Sin embargo la etapa adolescente tiene esa impronta característica, de desafío a la autoridad. Y es el ámbito de la escuela uno de los lugares más frecuentes donde se pone de manifiesto la tendencia a ir “contra la corriente”, y ver hasta dónde es posible llegar. Así a través de burlas, enfrentamientos, falta de responsabilidad con sus tareas, contestaciones fuera de lugar, peleas con compañeros, etc.; se pone en marcha una ola de situaciones de difícil control.

Al mismo tiempo, las autoridades y maestros, tienen también su lugar, su participación en lo que ocurra frente a ellos mientras los jóvenes estén en clase.
Y a su vez, los jóvenes también tienen su rol a desempeñar en esta dinámica que conforman con educadores, autoridades y padres.
Si se puede embarrar con algo el terreno de la falta de disciplina en los jóvenes, es tomando una posición que pretenda limpiar “culpas” asignándolas a los demás personajes implicados. La escuela acusando a los padres, los padres cuestionando a la escuela, y padres y escuela culpando al joven.
En un tema tan complejo, es necesario que se reúnan todas las variables y que puedan armar así un plan, estrategia, o negociación que permita dar vuelta la tortilla a favor de todos. Es por ello que las posturas rígidas no servirán de mucho para solucionar conflictos que pertenecen a todos los intervinientes.
La llamada de un adolescente a los “otros”, (escuela y padres) no debe dejar de oírse, ni debe patearse para otro lado. Es una convocatoria a un trabajo conjunto y en equipo, desde donde propiciar límites posibles de sostener.
Esto implica, básicamente, sostener a los jóvenes dentro de la enseñanza y de las instituciones a pesar de sus faltas. Esto es, no dejarlos sin red. No desembarazarse de ellos.
Muchas instituciones optan por un modo “expulsivo” hacia los que no pueden seguir el ritmo de “lo esperable.”
Los adolescentes necesitan que exista siempre la posibilidad de perder algo.
Imagínense que para quién no tiene nada, la amenaza de perder algo no puede hacer ninguna mella. De allí que los sistemas que sean expulsivos, eliminan el problema que tienen frente a su nariz, pero no sirven para alinear lo desalineado.
No olvidemos que “la autoridad” es en realidad un semblante. Una posición dentro de un juego de roles que debe poder tener un campo de acción. Y para ello debe haber algo en juego, algo que de verdad interese al joven y lo acerque al punto de detención de su mal comportamiento. Averiguar de qué se trata, requiere una investigación y un acercamiento al adolescente que puede hacerse si se pone voluntad.
Se necesitan maestros, padres y autoridades dispuestos a hacer un lugar a la singularidad de los jóvenes, a lo propio, a lo que se sale de lo general. A esa parte adolescente que no puede seguir los caminos de lo “general”, lo “normal”, o lo “estandarizado”. Sin pretender que todos sean iguales de “correctos o apropiados”. Se requiere dar un lugar a lo diferente, pues puede que bajo exigencias generales se encuentren individuos con necesidades distintas. A escucharlas entonces.
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