Castigos para los niños: ¿debes castigar a tu hijo?
Estuvimos viendo el tema de los límites, pero ¿qué se hace cuándo los niños no los cumplen? ¿qué es correcto hacer y que no?. Aquí, algunas recomendaciones...
En la época de mis abuelos, hasta quizá la de mis padres,
una buena paliza dejaba
claro cuáles eran los límites para los niños.
La duda es la riqueza y la tragedia de nuestro tiempo, de nuestra posmodernidad.
Hoy en día todo es discutido: ¿está bien pegarle a los niños o no?, ¿es necesario castigarlos?, ¿los trauma de por vida?, ¿acaso los niños se vuelven más violentos? ¿aprenden por medio del castigo, o es un desquite y mera descarga de los padres?.
Vamos a dejar algunas cosillas en claro.
Digamos que es mejor no castigar, sino enseñar las mejores conductas, premiarlas cuando se cumplen y estimular a nuestros hijos a ser mejores personas. Sin embargo no pocas veces esto no alcanza.
Como padres tenemos que decidir cómo vamos a castigar a nuestros hijos, que aunque suene mal, es también parte de asumir la responsabilidad de ser padres.
Hay o habrá momentos en que nuestros hijos se pongan rebeldes o no cumplan las pautas que les damos y tendremos que tener pensado que vamos a hacer. Mi consejo es evitar el castigo físico a toda costa, eso es una postura personal, (aunque habría que ver que psicólogo se anima a recomendarlo).
Causar dolor puede ser efectivo pero también puede dañar el vínculo, generando desconfianza y resentimiento en los niños.
Por lo pronto es peligroso pasar el mensaje a nuestros hijos que quienes los aman tienen derecho a dañarlos físicamente: "porque te quiero te aporreo", como dice el dicho.
Lo que recomendamos son castigos que consistan en quitar beneficios por un tiempo: no ir a ciertos lugares, no comprar tal cosa, no ver la tele, no usar tal juguete.
Para los ataques de rabia o en momentos en que la situación se ponga muy descontrolada, la técnica de "la silla", también llamada "Time out", o bueno, en criollo: "vete para la escalera hasta que te calmes", puede ser muy efectiva.
Com técnica tiene varios pasos, pero en definitiva es que llevar al niño a una zona neutra hasta que se calme y esté dispuesto a hacer lo que le pedimos.
Algunos errores comunes son la falta de consistencia, es el caso de muchos padres que amenazan y luego no cumplen:
"Josecito, si no arreglas tu cuarto no vas al cumpleaños de tu amigo".
José, que ya sabe cómo manejar a su mamá perfectamente, no hace nada y con suerte su mamá logra que levante el pantalón del piso. A su mamá le da pena que José no vaya al cumpleaños, entonces se conforma con la escenita del pantalón y lo lleva al cumpleaños.
Mal, malísimo. Un castigo se cumple, grábenselo, mejor amenazar con menos pero cumplir (dejar a Josecito sin la tele por una hora), que decir cosas y luego no concretarlas. Los niños prueban los límites y si saben que mami es débil en sus decisiones, bueno, pues seguirán desobedeciendo. Esto va especialmente para las mamis protestonas/gritonas pero de corazón débil.
Tampoco sirve "sobornar" para que se cumpla: "Si no le pegas a tu hermanita te hago un regalo..." vamos, hay cosas que se tienen que hacer porque sí, no por un regalo, allí habría que replantearse qué tipo de personas queremos que nuestros hijos sean.
Por último no olvidemos la constancia. Tanto entre la pareja parental tienen que ponerse de acuerdo con respecto a lo que van a castigar, como también siempre castigar la misma conducta que determinaron que es inadecuada.
Retomando el ejemplo de Josecito, si se supone que todos los días tiene que ordenar su habitación, y unas veces lo castigan porque no lo hace y otras no, Josecito conocerá las excepciones, y podría llegar a creer que él no es responsable por su conducta, sino que los estados de ánimo de mamá lo son, o el cansancio de su papá.
En todo lo que le trasmitimos y dejamos de trasmitir a nuestros hijos, se forjará su futuro carácter, estemos despiertos y seamos bien responsables por lo que hacemos.
Espero que les haya sido de utilidad la información, ¡saludos!
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