Hijos acostumbrados a dormir con sus padres
de 0 a 5, Creando hábitos, Psicología, Problemas de sueño, Sueño, pesadillas y terrores nocturnos
Se requiere voluntad, y mucha. Se requiere la intención y no la duda; la determinación a hacer lo que venimos postergando y que debió establecerse antes.
Si no se hizo en su debido momento, deberíamos saber por qué. Por lo general son dudas, temores y angustias de los padres los que impiden llevar adelante el proceso de independencia en los niños a la hora de irse a dormir. Es decir, suele responder a una necesidad de los padres más que de los niños, por más que sean ellos quienes lloran y pataleen.

Si creemos que ya hemos superado esa especie de necesidad inicial de mantener a los niños en el medio de la cama con nosotros, entonces se está listo para dar el paso que requerirá de trabajo en equipo entre padres y de disciplina.
Que los niños puedan dormir tranquilamente en sus camitas, en sus habitaciones; requerirá de un proceso. Saberlo así, predispone a no pretender que en un día o dos, los niños incorporen el nuevo orden que queremos fundar. Proceso: requerirá de días y noches.
Entonces si la decisión está tomada y consensuada entre padres, manos a la obra. No retroceder, ni titubear es la mejor forma de ir hacia delante.
A tener en cuenta:
- No debemos, ni podemos atribuir el fracaso a los niños. No son ellos, somos nosotros. Olvidémonos de descansar en aquello de que la culpa siempre es de los demás, y utilizar excusas por más que suenen reales.
- Hacer intentos y quedarse en la mitad, no ayuda a nadie. Y retroceder cuando se empieza a avanzar es señal de miedo, cansancio y dudas.
- Permitirnos trabajar en bloque entre los dos padres. Trabajar con la misma intención entre ambos. Evitando que uno sea el que prohíbe mientras el otro invita al niño a la cama otra vez.
- No ir ante cada llamado del niño. Discernir cuándo le ocurre algo importante y cuando quiere llamar nuestra atención.
- No permitir las excepciones en el momento en que se está intentando que el niño adquiera el hábito.
- Mantenerse firme y sereno.
- No enojarse con el niño ni con nosotros mismos.
- Puede que el trabajo requiera de noches sin dormir, o mal dormir. No es excusa para no comenzarlo y sostenerlo.
Y recuerden padres que lo que están haciendo va mucho más allá del mero hecho de dormir cada uno en su cama. Tiene una trascendencia mas allá de lo visible, y es a ella a la que deberá apuntar este trabajo tan tedioso. Permitiendo esta separación a la hora de dormir se abren las puertas a la salud de toda la familia.
Es importante recordar también, que ser duros o firmes no significa ser malos, ni crueles. Y que el llanto que debamos soportar durante algunas noches encubre un beneficio mucho más grande que el que sospechamos. Es un acto de amor hacia ellos y nosotros que requiere de un trabajo que no es gratuito ni fácil.
A intentarlo una y otra vez, con constancia. Sabiendo que no hay recetas mágicas pero que no es algo imposible y que se logra cuando le damos su justa importancia.
Como lloraba nuestro bebé empezó a dormir con nosotros, el bebé es ahora un niño que no puede dormir solo y siempre quiere dormir con sus papás. ¿y ahora que hacemos?
Se requiere voluntad, y mucha. Se requiere la intención y no la duda; la determinación a hacer lo que venimos postergando y que debió establecerse antes.
Si no se hizo en su debido momento, deberíamos saber por qué. Por lo general son dudas, temores y angustias de los padres los que impiden llevar adelante el proceso de independencia en los niños a la hora de irse a dormir. Es decir, suele responder a una necesidad de los padres más que de los niños, por más que sean ellos quienes lloran y pataleen.

Si creemos que ya hemos superado esa especie de necesidad inicial de mantener a los niños en el medio de la cama con nosotros, entonces se está listo para dar el paso que requerirá de trabajo en equipo entre padres y de disciplina.
Que los niños puedan dormir tranquilamente en sus camitas, en sus habitaciones; requerirá de un proceso. Saberlo así, predispone a no pretender que en un día o dos, los niños incorporen el nuevo orden que queremos fundar. Proceso: requerirá de días y noches.
Entonces si la decisión está tomada y consensuada entre padres, manos a la obra. No retroceder, ni titubear es la mejor forma de ir hacia delante.
A tener en cuenta:
- No debemos, ni podemos atribuir el fracaso a los niños. No son ellos, somos nosotros. Olvidémonos de descansar en aquello de que la culpa siempre es de los demás, y utilizar excusas por más que suenen reales.
- Hacer intentos y quedarse en la mitad, no ayuda a nadie. Y retroceder cuando se empieza a avanzar es señal de miedo, cansancio y dudas.
- Permitirnos trabajar en bloque entre los dos padres. Trabajar con la misma intención entre ambos. Evitando que uno sea el que prohíbe mientras el otro invita al niño a la cama otra vez.
- No ir ante cada llamado del niño. Discernir cuándo le ocurre algo importante y cuando quiere llamar nuestra atención.
- No permitir las excepciones en el momento en que se está intentando que el niño adquiera el hábito.
- Mantenerse firme y sereno.
- No enojarse con el niño ni con nosotros mismos.
- Puede que el trabajo requiera de noches sin dormir, o mal dormir. No es excusa para no comenzarlo y sostenerlo.
Y recuerden padres que lo que están haciendo va mucho más allá del mero hecho de dormir cada uno en su cama. Tiene una trascendencia mas allá de lo visible, y es a ella a la que deberá apuntar este trabajo tan tedioso. Permitiendo esta separación a la hora de dormir se abren las puertas a la salud de toda la familia.
Es importante recordar también, que ser duros o firmes no significa ser malos, ni crueles. Y que el llanto que debamos soportar durante algunas noches encubre un beneficio mucho más grande que el que sospechamos. Es un acto de amor hacia ellos y nosotros que requiere de un trabajo que no es gratuito ni fácil.
A intentarlo una y otra vez, con constancia. Sabiendo que no hay recetas mágicas pero que no es algo imposible y que se logra cuando le damos su justa importancia.
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