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viernes, 24 abril 2009

Cuando los niños quieren hacerlo todo solos

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El gurrumín se está poniendo un jersey y cuando la mamá quier colaborar le recuerda sus habilidades aunque termine enroscado en la prenda. Pero ¿dónde está el límite?

Yo puedo

El deseo es una fuerza esencial en el ser humano y el poder, como potencial, se desarrolla a través de la acción. En esta etapa están llenos de intenciones. Descubren su fuerza motriz, el lenguaje ya es un hecho y experimentan mejoras cotidianas de sus habilidades. Quieren vestirse, comer hasta cruzar la calle solos pero ¿hasta dónde los autorizamos? ¿Hay algún riesgo en este pedido?

La experiencia va grabando en sus pensamientos y sentimientos la sensación de logro. Cuando se repiten actividades y su resultado es positivo están plenos de algarabía. A nivel cerebral las neuronas realizan un camino de facilitación que va a haciendo más fluido el recorrido de las vivencias repetidas generando el hábito.

Por eso al principio, los pequeños tiene serias dificultades y hasta imposibilidad de abrochar un botón y con el tiempo para el adulto es un acto automático que se realiza sin mirar.

En los primeros años de vida está la base de nuestras adquisiciones futuras. Los infantes se regocijan con sus logros y esto genera un fortalecimiento en la constitución de su identidad. Cuando mamá y papá le dicen que no o que no puede experimenta una frustración. Su majestad debe obedecer y esto no le agrada ya que sienten menguada su fuerza y por qué no, parte de su omnipotencia.

Es muy importante alentar estos estados por que son la base de una sana autoestima pero es necesario diferenciar claramente lo que el niño quiere de lo que puede. A esta edad no tienen desarrollada la función de anticipación. A consecuencia de esto y su propia indefensión, necesitan verse grandioso y sus logros son reales. Los que no deben confundirse son los adultos. Los hijos no pueden hacer cualquier cosa aunque quieran. Necesitan ser protegidos con firmeza. De nada vale decirles pero que desobediente eres, yo sabía que te ibas a golpear… Si mamá sabe que puede golpearse es su responsabilidad adulta decir no subas allí, cuidándolo, retirándolo del peligro. Luego el pequeño expresará su enojo con un berrinche pero así son los lugares y están más que claros: el adulto cuida y el niño es cuidado. Parece una simpleza pero hoy muchos padres consultan: no me hace caso ¿qué hago? Quiere comer golosinas y papas fritas todos los días sino llora en relación a niños de 4 o 5 años.

Hay una gran confusión. Que los niños sean más despiertos e inteligentes no significa que los padres dejen de lado sus funciones.

Es preciso evaluar claramente si el niño está en condiciones de hacer lo que se propone y, aunque sea engorroso, quizás requiera colaboración. Puede vestirse solo si a los padres no les incomoda que salga mal abotonado pero no puede decidir llevar un gorro de lana un caluroso día de verano. Si bien no es una conducta de riesto es parte de un orden social y ambiental y son los padres quienes lo introducen. No pueden decidir llevar un florero de cristal cuya rotura sería penosa pero sí las cucharas para el desayuno.

Todo es cuestión de equilibrio y es fundamental saber que si el pequeño intenta experimentar cosas para las que no está madurativamente preparado la frustración será mayor de lo tolerable generando el efecto contrario, perjudicando su autoestima, originando temores más los riesgos de lesiones o accidentes.

A la inversa, la colaboración y logros adecuados despiertan un feliz, lo hice yo!








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