Las crisis familiares: ¿lo justifican todo?
de 12 a 17, Comprendiendo a tu hijo, Psicología, Crisis familiares
Por ejemplo (el cortejo, matrimonio y procreación), y también de madurez (niñez y adolescencia de los hijos) y desprendimiento (los hijos que se casan o se van a vivir solos, vejez de los padres). Esos son los procesos esperables y podríamos llamarlos normales.
Las sociedades y comunidades medianamente sanas ofrecen vías de contención para estos procesos. Por ejemplo el rito del casamiento, las fiestas de cumpleaños, los funerales, etc.

Sin embargo, muchas veces las familias padecen procesos inesperados, que irrumpen y lastiman a los miembros del grupo familiar. Estamos hablando de la muerte prematura o inesperada de uno de sus miembros, accidentes, violaciones, robos, pérdidas de poder adquisitivos, mudanzas, etc, etc. Hay muchos ejemplos ya que la vida es más inesperada de lo que se tiende a pensar.
Estos hechos por su carácter inesperado y disruptivo pueden ser traumáticos para el grupo familiar. Si no son procesados por los miembros del grupo de una manera medianamente sana, se enquistan en el grupo y sirven de justificativo para todos los fracasos, retrasos y excesos de la familia o de algún miembro del grupo en particular.
Existen ejemplos de hijos que jamás se van de las casas de sus padres por cuidar a la madre que quedó viuda prematuramente y nunca se sobrepuso, por ejemplo.
Pero ¿qué sucede en el caso de los hijos que transitando la adolescencia, utilizan la culpa de los padres como justificativo de su conducta?
Me refiero al caso del adolescente que no le va bien en el colegio y su madre explica a la maestra: “Es que desde que (xx cuestión), José no se ha puesto a estudiar”. O también: “Cómo quiere que José estudie con lo que ha sucedido”. Es José también el que muchas veces se aprovecha de la situación y se justifica con lo que ha pasado, incluso cuando ha pasado mucho tiempo desde la situación mencionada.
El tema no es disminuir la importancia de la tragedia, pero sí evitar justificarse por ella y en este sentido la familia debería aprender de lo que ha sucedido. Ignorar lo ocurrido tampoco es una buena alternativa.
Procesar sanamente sería afrontar el hecho, hablar sobre él, experimentar y sobreponerse a las emociones que produce y luego de algún (o bastante) tiempo, dejarlo ir, que es distinto a olvidarse.
Sea lo que sea que haya sucedido, es esperable un proceso de duelo, donde las emociones de enojo y dolor, tristeza se interpongan con la cotidianeidad. Pero pasado un tiempo, lo que haya pasado no debería interferir con la vida cotidiana.
El concepto de resiliencia es relativamente nuevo dentro de la psicología y plantea que uno debe aprender de la adversidad, no justificarse por ella.
Si en la familia, hay hijos que se justifican continuamente por lo que ha ocurrido, habría que replantearse alguna de estas cuestiones.
La culpa en sí misma no sirve sino se convierte en responsabilidad. “Mamá es que es tu culpa, porque te has divorciado” y la madre cede. ¡Un minuto! Los hijos tienen responsabilidades, y los padres en este caso no deben ceder, porque estarán creando hijos frustrados que se justifican en su pasado.
El pasado no nos determina, lo que nos determina es cómo miramos ese pasado, el presente y el futuro.
¿Hasta dónde es sano excusar las conductas de nuestros hijos por las cosas que sucedieron en el pasado?. Las familias pasan por numerosos procesos: fundacionales, de crecimiento y expansión...
Por ejemplo (el cortejo, matrimonio y procreación), y también de madurez (niñez y adolescencia de los hijos) y desprendimiento (los hijos que se casan o se van a vivir solos, vejez de los padres). Esos son los procesos esperables y podríamos llamarlos normales.
Las sociedades y comunidades medianamente sanas ofrecen vías de contención para estos procesos. Por ejemplo el rito del casamiento, las fiestas de cumpleaños, los funerales, etc.

Estos hechos por su carácter inesperado y disruptivo pueden ser traumáticos para el grupo familiar. Si no son procesados por los miembros del grupo de una manera medianamente sana, se enquistan en el grupo y sirven de justificativo para todos los fracasos, retrasos y excesos de la familia o de algún miembro del grupo en particular.
Existen ejemplos de hijos que jamás se van de las casas de sus padres por cuidar a la madre que quedó viuda prematuramente y nunca se sobrepuso, por ejemplo.
Pero ¿qué sucede en el caso de los hijos que transitando la adolescencia, utilizan la culpa de los padres como justificativo de su conducta?
Me refiero al caso del adolescente que no le va bien en el colegio y su madre explica a la maestra: “Es que desde que (xx cuestión), José no se ha puesto a estudiar”. O también: “Cómo quiere que José estudie con lo que ha sucedido”. Es José también el que muchas veces se aprovecha de la situación y se justifica con lo que ha pasado, incluso cuando ha pasado mucho tiempo desde la situación mencionada.
El tema no es disminuir la importancia de la tragedia, pero sí evitar justificarse por ella y en este sentido la familia debería aprender de lo que ha sucedido. Ignorar lo ocurrido tampoco es una buena alternativa.
Procesar sanamente sería afrontar el hecho, hablar sobre él, experimentar y sobreponerse a las emociones que produce y luego de algún (o bastante) tiempo, dejarlo ir, que es distinto a olvidarse.
Sea lo que sea que haya sucedido, es esperable un proceso de duelo, donde las emociones de enojo y dolor, tristeza se interpongan con la cotidianeidad. Pero pasado un tiempo, lo que haya pasado no debería interferir con la vida cotidiana.
El concepto de resiliencia es relativamente nuevo dentro de la psicología y plantea que uno debe aprender de la adversidad, no justificarse por ella.
Si en la familia, hay hijos que se justifican continuamente por lo que ha ocurrido, habría que replantearse alguna de estas cuestiones.
La culpa en sí misma no sirve sino se convierte en responsabilidad. “Mamá es que es tu culpa, porque te has divorciado” y la madre cede. ¡Un minuto! Los hijos tienen responsabilidades, y los padres en este caso no deben ceder, porque estarán creando hijos frustrados que se justifican en su pasado.
El pasado no nos determina, lo que nos determina es cómo miramos ese pasado, el presente y el futuro.
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