Niños manipuladores: Cuándo decir basta
Psicología, Creando hábitos, Todas las edades, Manipulación
Todos los niños tienen la capacidad
de convertirse en excelentes
manipuladores.
Que lo sean o no, dependerá del lugar que le hagan sus padres a estos manejos.
Cualquier niño tiene una dificultad natural: no reconocer hasta dónde pueden llegar. Así, los niños son excelentes demandantes. De allí que intenten conseguir todo lo que se les presente apetitoso, sin cuestionarse y sin mucho análisis de lo que conlleva cada pedido.
Cada llanto de un bebé es una llamada a sus padres, una perfecta demanda de cuidado y amor. Y así, les correspondemos con alimento, abrigo, cuidados, limpieza, caricias, y lo que se nos ocurra para calmarlos en su llanto. Ahí comienza una historia de pedidos y de respuestas o intentos de corresponder a nuestros hijos.
Dada entonces su capacidad de pedir sin discriminar hasta dónde, se tratará de que sus padres puedan darle un lugar a sus demandas, sin permitir el abuso. Esto se irá formando gradualmente conforme el crecimiento del niño y su capacidad de comprender y elaborar.
Son los padres los encargados de ir trazando los límites razonables a todo aquello que exceda su capacidad para responder a los requerimientos.
El niño comienza así, a sumergirse en un orden lógico, que comienza a manejar y a reconocer. Comienza a darse cuenta que entre todo lo que pide, hay algunas cosas que no les son dadas y otras que sí.
Si todo este orden y esta limitación a sus extravagancias no se produce a tiempo, los niños comenzarán a verse cada vez más expansivos en su capacidad de pedir y de obtener.
El circuito comienza así, y llega a lo que podemos llamar “manipulación”. Comienza en el nivel más próximo que son los padres, para avanzar luego en espiral creciente hasta otros significativos y extenderse luego a cualquiera que se les presente.
Encontrarse con el límite, para estos niños es una experiencia desconcertante de la que darán cuenta con gritos, berrinches y escándalos difíciles de disimular en público. Son niños que no aceptan un “no” como respuesta y que creen merecerlo todo.
El problema radica en la dificultad de los padres en comprender que los límites y los “no” tienen un costado necesario. Así, los hijos manipuladores, son capaces de disponer de la presencia de sus padres y de llevarlos a una relación de dependencia marcada por la dominación del niño sobre el adulto.
Con el tiempo y el desarrollo los niños comenzarán a mostrarse cada vez más astutos para conseguir aquello que quieran, y a sus padres la cuestión tenderá a írseles de las manos.
Estos padres deberán poner más atención a sus inseguridades y sus miedos. Sobre todo lo relacionado a perder el amor del niño.
También es aconsejable pedir ayuda profesional si la cuestión pasa el límite del hogar. Muchas veces estos niños llegan a tener problemas en la escuela, por no poder aceptar reglas ni límites puestos por autoridades.
Niños manipuladores son niños que se quedan, por lo general, sin la posibilidad de disfrutar lo que tienen y de darle un valor a sus méritos y a todo lo que los rodea. Tienden a estar disconformes con todo y por eso creen que disponiendo de otros y haciéndolos cumplir con sus requerimientos hallarán algo de satisfacción o de gratificación. Sin embargo, estos niños están en un lugar de mucha frustración, del que sus padres deben poderlos ayudar a salir.
Padres que pueden cambiar de rumbo o de parecer según las disposiciones de sus hijos y sus astucias. Que nuestros hijos sean manipuladores o no dependen de nosotros.
Todos los niños tienen la capacidad
de convertirse en excelentes
manipuladores. Que lo sean o no, dependerá del lugar que le hagan sus padres a estos manejos.
Cualquier niño tiene una dificultad natural: no reconocer hasta dónde pueden llegar. Así, los niños son excelentes demandantes. De allí que intenten conseguir todo lo que se les presente apetitoso, sin cuestionarse y sin mucho análisis de lo que conlleva cada pedido.
Cada llanto de un bebé es una llamada a sus padres, una perfecta demanda de cuidado y amor. Y así, les correspondemos con alimento, abrigo, cuidados, limpieza, caricias, y lo que se nos ocurra para calmarlos en su llanto. Ahí comienza una historia de pedidos y de respuestas o intentos de corresponder a nuestros hijos.
Dada entonces su capacidad de pedir sin discriminar hasta dónde, se tratará de que sus padres puedan darle un lugar a sus demandas, sin permitir el abuso. Esto se irá formando gradualmente conforme el crecimiento del niño y su capacidad de comprender y elaborar.
Son los padres los encargados de ir trazando los límites razonables a todo aquello que exceda su capacidad para responder a los requerimientos.
El niño comienza así, a sumergirse en un orden lógico, que comienza a manejar y a reconocer. Comienza a darse cuenta que entre todo lo que pide, hay algunas cosas que no les son dadas y otras que sí.
Si todo este orden y esta limitación a sus extravagancias no se produce a tiempo, los niños comenzarán a verse cada vez más expansivos en su capacidad de pedir y de obtener.
El circuito comienza así, y llega a lo que podemos llamar “manipulación”. Comienza en el nivel más próximo que son los padres, para avanzar luego en espiral creciente hasta otros significativos y extenderse luego a cualquiera que se les presente.
Encontrarse con el límite, para estos niños es una experiencia desconcertante de la que darán cuenta con gritos, berrinches y escándalos difíciles de disimular en público. Son niños que no aceptan un “no” como respuesta y que creen merecerlo todo.
El problema radica en la dificultad de los padres en comprender que los límites y los “no” tienen un costado necesario. Así, los hijos manipuladores, son capaces de disponer de la presencia de sus padres y de llevarlos a una relación de dependencia marcada por la dominación del niño sobre el adulto.
Con el tiempo y el desarrollo los niños comenzarán a mostrarse cada vez más astutos para conseguir aquello que quieran, y a sus padres la cuestión tenderá a írseles de las manos.
Estos padres deberán poner más atención a sus inseguridades y sus miedos. Sobre todo lo relacionado a perder el amor del niño.
También es aconsejable pedir ayuda profesional si la cuestión pasa el límite del hogar. Muchas veces estos niños llegan a tener problemas en la escuela, por no poder aceptar reglas ni límites puestos por autoridades.
Niños manipuladores son niños que se quedan, por lo general, sin la posibilidad de disfrutar lo que tienen y de darle un valor a sus méritos y a todo lo que los rodea. Tienden a estar disconformes con todo y por eso creen que disponiendo de otros y haciéndolos cumplir con sus requerimientos hallarán algo de satisfacción o de gratificación. Sin embargo, estos niños están en un lugar de mucha frustración, del que sus padres deben poderlos ayudar a salir.
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