Niños que a los que no les gusta bañarse: ¡Odio bañarme!
Todas las edades, Creando hábitos, Higiene, Psicología
Durante los primeros 5 años de vida los chicos van aprendiendo hábitos de la mano de los adultos. A partir de los 6 es deseable que el pequeño en forma autónoma se ocupe de algunos. La higiene personal es una práctica y requiere para su formación de reiteración y destreza.
Con ojos de niño el aseo no reporta ningún beneficio. Corta el juego para realizar una actividad rutinaria con una serie de tareas desagradables tales como limpiar las orejas, cortar uñas o desenredar el cabello. En esta etapa ellos se apropian de sí mismos y deciden no estar ‘suficientemente sucios’. Están probando sus límites y los del adulto.
Dame alguna razón…
En general los niños precisan razones para acceder a nuestros requerimientos y la convención social no les alcanza. Por otro lado, adquirir práctica en las actividades cotidianas es un trabajo que requiere habilidad y convicción. Estos son algunos de los aspectos que deben integrar los pequeños:
• Alivio y bienestar: Identificar el placer del cuerpo limpio, perfumado. Se los puede incentivar con productos de perfumería adecuados a su edad (jabones, esponjas, champúes con colores o personajes).
• Límites claros sobre las pautas en las que no se puede ceder: hay temas que se constituyen en “los sí o sí”: por ejemplo, no se pone ropa limpia sobre el cuerpo sucio o cualquier otra pauta familiar al respecto.
• Prevención en salud: así como les enseñamos las vacunas o asistir al médico como conductas de autocuidado definir la limpieza como una forma de protección de las enfermedades y aceptación social: ‘si hueles mal será difícil compartir con otras personas’.
• Anticipar conductas: al principio es conveniente buscar un horario o acontecimiento que identifique el momento de bañarse: “Cuando termina tal dibujo animado te irás a la tina”. Esto les permite proyectarse y organizarse en y para el hábito.
• Actitud y firmeza: es necesario transmitir que el higienizarse es una necesidad para diferenciar entre aquellas actividades que pueden elegir y las que están regladas.
• Admitir negociaciones: como parte de la autonomía y autoafirmación pero bajo la responsabilidad de cumplir. Si el pequeño solicita cambiar el horario pautado por un programa de tv, por ejemplo, se puede acceder fijando uno nuevo pero este no admite ser pospuesto.
¿Y por qué tanto rollo?
Las pautas que mejor se fijan son aquellas que comprendemos o consensuamos y los hijos deben incorporar las razones del socializar.
Se puede gritar y confrontar con ellos hasta transformar el aseo en una lucha de poder o buscar formas más tranquilas para generar esta rutina.
Cerca de la preadolescencia las razones para no querer lavarse están más relacionadas a los cambios del cuerpo y hormonales, a no estar familiarizados con sus nuevos olores, ya que en esta etapa la rutina estará totalmente consolidada y pueden identificar perfectamente el desaliño. En general a esta edad dedican mucho tiempo al baño, siendo minuciosos en los detalles y todo el empeño que los padres pusieron para ingresarlos al servicio, en la niñez deberán invertirlo ahora, en sacarlos de la bañadera.
Gritos, protestas, pataleo a la hora indicada y la pregunta de los padres: ¿Por que le disgusta tanto bañarse?. Cada día la hora del baño, se convierte en una pesadilla.
Durante los primeros 5 años de vida los chicos van aprendiendo hábitos de la mano de los adultos. A partir de los 6 es deseable que el pequeño en forma autónoma se ocupe de algunos. La higiene personal es una práctica y requiere para su formación de reiteración y destreza. Con ojos de niño el aseo no reporta ningún beneficio. Corta el juego para realizar una actividad rutinaria con una serie de tareas desagradables tales como limpiar las orejas, cortar uñas o desenredar el cabello. En esta etapa ellos se apropian de sí mismos y deciden no estar ‘suficientemente sucios’. Están probando sus límites y los del adulto.
Dame alguna razón…
En general los niños precisan razones para acceder a nuestros requerimientos y la convención social no les alcanza. Por otro lado, adquirir práctica en las actividades cotidianas es un trabajo que requiere habilidad y convicción. Estos son algunos de los aspectos que deben integrar los pequeños:
• Alivio y bienestar: Identificar el placer del cuerpo limpio, perfumado. Se los puede incentivar con productos de perfumería adecuados a su edad (jabones, esponjas, champúes con colores o personajes).
• Límites claros sobre las pautas en las que no se puede ceder: hay temas que se constituyen en “los sí o sí”: por ejemplo, no se pone ropa limpia sobre el cuerpo sucio o cualquier otra pauta familiar al respecto.
• Prevención en salud: así como les enseñamos las vacunas o asistir al médico como conductas de autocuidado definir la limpieza como una forma de protección de las enfermedades y aceptación social: ‘si hueles mal será difícil compartir con otras personas’.
• Anticipar conductas: al principio es conveniente buscar un horario o acontecimiento que identifique el momento de bañarse: “Cuando termina tal dibujo animado te irás a la tina”. Esto les permite proyectarse y organizarse en y para el hábito.
• Actitud y firmeza: es necesario transmitir que el higienizarse es una necesidad para diferenciar entre aquellas actividades que pueden elegir y las que están regladas.
• Admitir negociaciones: como parte de la autonomía y autoafirmación pero bajo la responsabilidad de cumplir. Si el pequeño solicita cambiar el horario pautado por un programa de tv, por ejemplo, se puede acceder fijando uno nuevo pero este no admite ser pospuesto.
¿Y por qué tanto rollo?
Las pautas que mejor se fijan son aquellas que comprendemos o consensuamos y los hijos deben incorporar las razones del socializar.
Se puede gritar y confrontar con ellos hasta transformar el aseo en una lucha de poder o buscar formas más tranquilas para generar esta rutina.
Cerca de la preadolescencia las razones para no querer lavarse están más relacionadas a los cambios del cuerpo y hormonales, a no estar familiarizados con sus nuevos olores, ya que en esta etapa la rutina estará totalmente consolidada y pueden identificar perfectamente el desaliño. En general a esta edad dedican mucho tiempo al baño, siendo minuciosos en los detalles y todo el empeño que los padres pusieron para ingresarlos al servicio, en la niñez deberán invertirlo ahora, en sacarlos de la bañadera.
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