¿Nuestros hijos dicen palabrotras, insultos y chistes verdes?
Se tapan la boca con las manos y se ríen a carcajadas luego de un sospechoso murmullo. ¿Cómo debemos actuar cuando nuestros hijos dicen palabrotas? ¿Y cuando cuentan chistes pícaros?
Entre los 6 y 12 años los chicos 
experimentan algunos cambios
evolutivos. La exploración de la
primera infancia cede espacio a una búsqueda más simbólica. Con la lecto escritura ingresan en el mundo del saber: preguntan sobre la vida, los animales y entre estos interrogantes se encuentran los temas como la sexualidad. En la etapa anterior estaban muy inquietos por el nacimiento pero ahora conocen más de las palabras, sus usos y sobre todo están interesados en las prohibidas. Esas que aluden al coito, los genitales y a los insultos. Les atrae mucho ese mundo y presumen por estar al tanto de estos términos frente a los amiguitos.
Quieren demostrar cuánto comprenden de esas cosas que los adultos no hablan delante de ellos.
También son formas inocentes para derivar sentimientos, tensiones e inquietudes que les provoca hablar o tener acceso a imágenes sobre el sexo. Ese cosquilleo que experimentan en su cuerpo se desliza al chiste o la mirada cómplice.
¿Qué hacer frente a la picardía?
Si bien es importante encontrar el equilibrio con nuestros valores no es beneficioso armar un escándalo ni festejarlo.
Es una experiencia que necesitan atravesar por lo cual lo más saludable es que lo descubran a su ritmo. Si los padres los estimulan enseñándoles chistes más subidos o agregando información se produce un exceso que no tiene forma ni edad para descargar.
Los mayores deben evitar infantilizarse haciéndose compinches de los hijos. Esta actividad es para que la desarrollen con sus pares. A veces ellos los participan con algún cuentito y será decisión de cada uno sonreír, invitarlo a contarle a sus amigos o marcar un franco límite si la sensación es que están transgrediendo el buen gusto.
También puede suceder que a los padres no les incomode pero sí a un abuelo u otro allegado. En estos casos es preciso enseñarles el respeto por los márgenes de los otros y expresarles que sus gracias pueden ofender o denigrar a otras personas, sin por eso censurar la actividad que será reservada para compartir con sus camaradas.
Conviene observar la conducta de un niño si se expresa permanentemente en forma chabacana o alude a la sexualidad en forma violenta así como si pasa del lenguaje a actos con tinte genital. En este caso se podría pensar que este pequeño está sufriendo algún conflicto o recibiendo una sobreestimulación inadecuada para su edad que lo llevo lleva a conectarse de manera agresiva no pudiendo transformar los actos en palabras.
Fuera de esta situación puntual es una etapa necesaria del desarrollo que expresa en el desarrollo del lenguaje lo que luego será toda emoción y acción en la adolescencia.
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