Nuevas bases después de la separación o el divorcio
Todas las edades, Psicología, Divorcio
Tras el sacudón inicial de una separación o un divorcio llega luego un momento de asentar nuevas bases. De armar lo desarmado pero con una estructura distinta, con piezas nuevas y con otras que ya no están. El objetivo es construir un nuevo orden funcional, que garantice que todos los miembros de la familia vuelvan a sentirse seguros, confiados y con ganas de seguir adelante.
Cuando la decisión de un divorcio fue tomada, se abren muchas cosas por hacer para garantizar que un nuevo funcionamiento pueda instalarse en el seno familiar.

Lo primero es revisar que nadie se haya quedado en el camino. Es decir, verificar que nosotros mismos y nuestros hijos estemos atravesando una angustia que nos sea soportable. Es decir, que no interfiera con las actividades de todos los días, ni con la escuela o el trabajo. Si ello ocurriera, si observamos que nuestros hijos no pueden mantener la concentración en la escuela, o pierden el interés por todo lo que les parecía interesante y divertido, si los vemos dejando de lado hábitos que solían gustarles; y que esta situación se extiende en el tiempo sin revertir, entonces una buena idea puede ser consultar con un profesional.
Por el contrario podemos observar algunos estados tristes, mal humor, peleas y frustraciones varias; pero que permiten seguir con un ritmo esperable y similar al que llevábamos antes de la separación. En este caso significa que poco a poco la reacomodación se irá produciendo sin forzamientos.
Encontrar un nuevo orden, una nueva rutina de vida es una tarea complicada que exige un trabajo conjunto familiar. Para ello se necesita que todos los miembros puedan hacer su aporte desde su lugar en el grupo. Es por ello que contribuye positivamente, que los padres que se separan o divorcian, lo hagan de un modo pacifico y en buenos términos. Esto elimina tensiones, retensiones, y tironeos villanescos. Que sólo impiden que la aparentemente deseada separación, se prolongue y dificulte, causando más dolor del que le corresponde.
Que los padres no puedan encontrar un nuevo modo de relación entre ellos, es un problema para sus hijos. Y es algo sumamente necesario, ya que ellos deberán compartir este rol de por vida y requerirá minimamente que puedan ponerse de acuerdo sobre cuestiones básicas de la crianza de sus hijos.
Otras veces lo que ocurre es que el divorcio lleva consigo la necesidad de que los niños cambien de lugar de vivienda. Esto es un estrés extra para todos. Toda mudanza es una situación complicada, pero una en esas circunstancias pone a prueba muy duramente el desapego. No solamente dejan de convivir con uno de sus padres, sino además pierden sus rutinas y sus lugares conocidos. Es por ello que en caso de ser posible elegir, se debe pensar en lo menos duro o traumático para ellos. Y resolver que permanezcan viviendo donde venían haciéndolo, es sin duda una buena decisión.
Lo importante en materia de reacomodaciones, es la voluntad de encontrar un nuevo camino donde todos puedan transitar, encontrarse, y reinventar modos de estar sin que ello vaya acompañado de tironeos, guerras o escándalos entre los padres. Para éstos el apoyo mutuo en esta reconstrucción es invalorable y debería ser aquello que quede luego de algún tiempo compartido y de hijos en común.
¿Y qué pasa después? Cuando hay una separación o un divorcio, hay que encontrar un nuevo orden y sentar una nuevas bases, tarea que puede ser bastante dificil.
Tras el sacudón inicial de una separación o un divorcio llega luego un momento de asentar nuevas bases. De armar lo desarmado pero con una estructura distinta, con piezas nuevas y con otras que ya no están. El objetivo es construir un nuevo orden funcional, que garantice que todos los miembros de la familia vuelvan a sentirse seguros, confiados y con ganas de seguir adelante.
Cuando la decisión de un divorcio fue tomada, se abren muchas cosas por hacer para garantizar que un nuevo funcionamiento pueda instalarse en el seno familiar.

Por el contrario podemos observar algunos estados tristes, mal humor, peleas y frustraciones varias; pero que permiten seguir con un ritmo esperable y similar al que llevábamos antes de la separación. En este caso significa que poco a poco la reacomodación se irá produciendo sin forzamientos.
Encontrar un nuevo orden, una nueva rutina de vida es una tarea complicada que exige un trabajo conjunto familiar. Para ello se necesita que todos los miembros puedan hacer su aporte desde su lugar en el grupo. Es por ello que contribuye positivamente, que los padres que se separan o divorcian, lo hagan de un modo pacifico y en buenos términos. Esto elimina tensiones, retensiones, y tironeos villanescos. Que sólo impiden que la aparentemente deseada separación, se prolongue y dificulte, causando más dolor del que le corresponde.
Que los padres no puedan encontrar un nuevo modo de relación entre ellos, es un problema para sus hijos. Y es algo sumamente necesario, ya que ellos deberán compartir este rol de por vida y requerirá minimamente que puedan ponerse de acuerdo sobre cuestiones básicas de la crianza de sus hijos.
Otras veces lo que ocurre es que el divorcio lleva consigo la necesidad de que los niños cambien de lugar de vivienda. Esto es un estrés extra para todos. Toda mudanza es una situación complicada, pero una en esas circunstancias pone a prueba muy duramente el desapego. No solamente dejan de convivir con uno de sus padres, sino además pierden sus rutinas y sus lugares conocidos. Es por ello que en caso de ser posible elegir, se debe pensar en lo menos duro o traumático para ellos. Y resolver que permanezcan viviendo donde venían haciéndolo, es sin duda una buena decisión.
Lo importante en materia de reacomodaciones, es la voluntad de encontrar un nuevo camino donde todos puedan transitar, encontrarse, y reinventar modos de estar sin que ello vaya acompañado de tironeos, guerras o escándalos entre los padres. Para éstos el apoyo mutuo en esta reconstrucción es invalorable y debería ser aquello que quede luego de algún tiempo compartido y de hijos en común.
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