Separados, juntados, divorciados y vueltos a juntar
Psicología, Creando hábitos, de 6 a 11, Divorcio, Familia
Al tiempo conoció al afortunado hombre y todo lo
que él implicaba. Conoció a los
hijos de este hombre
y se sintió desesperanzado. No solo no se parecía en nada a papá sinó que sus hijos eran lo más lejano al hermanito que él había soñado cuando era más pequeño. ¡Todo era horrible! Y encima ver a mamá hablando con ellos le producía tremenda bronca y frustración difíciles de traducir en palabras. Su familia le parecía distinta a otras, y eso a veces lo avergonzaba.
Cuando los años pasaron y Tomás armó su propia familia comprendió mejor aquello que le pareció un ataque cuando era niño.
Comprendió que su madre no era perfecta, que a veces se sentía sola y necesitaba alguien a su lado. Y que él era demasiado pequeño para ayudarla y para ocupar el lugar que dejó vacío su padre.
Comprendió que su padre también tenía errores. Que era un hombre que la mayoría de las veces se perdía de vista, a pesar de tenerlo él tan presente.
Entendió también que la historia del casamiento tiene algo de leyenda. Algunas partes son verdad y otras son mentiras. Y que las “parejas para toda la vida” son como figuritas difíciles de conseguir. Y entonces se sintió en paz.

En paz por haber podido atravesar tormentas desafiantes al lado de su madre y de su padre, aunque estos no estuvieran juntos. Reconociendo que lo importante era que estaban. Y lo lindo, era cuando ellos estaban bien… aunque separados. Cada uno por su lado y a su modo.
Los datos indican que las familias tal como las conocían nuestros padres y abuelos, y como las que a veces nosotros también soñamos; están cambiando conforme todo se mueve en el mundo de hoy. Así, las tendencias a formar familias con un solo progenitor (ya sea por divorcio, madres o padres solteros), las familias que deciden adoptar, las familias que se arman con pedacitos de otras familias después de un divorcio, las familias que se constituyen entre parejas de un mismo sexo y que deciden adoptar niños, entre otras variedades; van ganando terreno y van abriendo nuevos caminos que están siendo explorados.
Conforme se abre la mentalidad de las sociedades, estas familias encuentran su modo de estar y de organizarse. Y también demuestran ser válidas para funcionar como instituciones que garanticen los derechos de los niños y que puedan alojarlos, acompañarlos y garantizarles una buena educación rodeados del mayor amor que se tenga para dar.
Los niños que se crían en estas nuevas formas familiares, tienen las mismas dificultades que cualquier otro niño. Es decir, no porque las familias y su compaginación estén cambiando, los niños tiene necesariamente que atravesar esto como algo traumático o algo disfuncional. Se debe respetar el orden generacional y conservar las responsabilidades de padres hacia hijos, sin intercambios de roles. Es decir: los niños no deben cuidar a sus padres, ni tomar posiciones de adultos por falta de referentes claros y de mayores comprometidos. Esto es lo que se debe conservar a pesar de los movimientos y los cambios actuales.
Lo importante es que nosotros también podamos flexibilizarnos y abrirnos a la comprensión más amplia de lo que se aparece como novedoso. Ya que a veces tendemos a leerlo como amenazante o peligroso.
El peligro verdadero es la estrechez mental y la rigidez en comprender que las familias también pueden cambiar como todo lo que nos rodea. Es su forma de sobrevivir y permanecer: mutando en sus formas de armarse, pero conservando un orden invisible que permita a los niños encontrar la protección y las garantías para crecer.
Cuando la mamá de Tomás le anunció que pensaba casarse por segunda vez, este creyó ver todo su mundo derrumbarse. Sin papá en casa las cosas ya estaban funcionando bastante mal.
Al tiempo conoció al afortunado hombre y todo lo
que él implicaba. Conoció a los
hijos de este hombre y se sintió desesperanzado. No solo no se parecía en nada a papá sinó que sus hijos eran lo más lejano al hermanito que él había soñado cuando era más pequeño. ¡Todo era horrible! Y encima ver a mamá hablando con ellos le producía tremenda bronca y frustración difíciles de traducir en palabras. Su familia le parecía distinta a otras, y eso a veces lo avergonzaba.
Cuando los años pasaron y Tomás armó su propia familia comprendió mejor aquello que le pareció un ataque cuando era niño.
Comprendió que su madre no era perfecta, que a veces se sentía sola y necesitaba alguien a su lado. Y que él era demasiado pequeño para ayudarla y para ocupar el lugar que dejó vacío su padre.
Comprendió que su padre también tenía errores. Que era un hombre que la mayoría de las veces se perdía de vista, a pesar de tenerlo él tan presente.
Entendió también que la historia del casamiento tiene algo de leyenda. Algunas partes son verdad y otras son mentiras. Y que las “parejas para toda la vida” son como figuritas difíciles de conseguir. Y entonces se sintió en paz.

Los datos indican que las familias tal como las conocían nuestros padres y abuelos, y como las que a veces nosotros también soñamos; están cambiando conforme todo se mueve en el mundo de hoy. Así, las tendencias a formar familias con un solo progenitor (ya sea por divorcio, madres o padres solteros), las familias que deciden adoptar, las familias que se arman con pedacitos de otras familias después de un divorcio, las familias que se constituyen entre parejas de un mismo sexo y que deciden adoptar niños, entre otras variedades; van ganando terreno y van abriendo nuevos caminos que están siendo explorados.
Conforme se abre la mentalidad de las sociedades, estas familias encuentran su modo de estar y de organizarse. Y también demuestran ser válidas para funcionar como instituciones que garanticen los derechos de los niños y que puedan alojarlos, acompañarlos y garantizarles una buena educación rodeados del mayor amor que se tenga para dar.
Los niños que se crían en estas nuevas formas familiares, tienen las mismas dificultades que cualquier otro niño. Es decir, no porque las familias y su compaginación estén cambiando, los niños tiene necesariamente que atravesar esto como algo traumático o algo disfuncional. Se debe respetar el orden generacional y conservar las responsabilidades de padres hacia hijos, sin intercambios de roles. Es decir: los niños no deben cuidar a sus padres, ni tomar posiciones de adultos por falta de referentes claros y de mayores comprometidos. Esto es lo que se debe conservar a pesar de los movimientos y los cambios actuales.
Lo importante es que nosotros también podamos flexibilizarnos y abrirnos a la comprensión más amplia de lo que se aparece como novedoso. Ya que a veces tendemos a leerlo como amenazante o peligroso.
El peligro verdadero es la estrechez mental y la rigidez en comprender que las familias también pueden cambiar como todo lo que nos rodea. Es su forma de sobrevivir y permanecer: mutando en sus formas de armarse, pero conservando un orden invisible que permita a los niños encontrar la protección y las garantías para crecer.
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