Tamagotchi...esa mascota...virtual
de 6 a 11, Psicología, Juguetes, Videojuegos
Tanto con los Tamagotchi, así como con
los videojuegos y otros aparatos
electrónicos,
despiertan usualmente dos preguntas en los padres de aquellos niños que los utilizan: ¿Existe un límite de tiempo ideal para permitirles este tipo de juegos? ¿Cómo puede afectarlos psicológicamente el pasar tantas horas pendientes de estos productos?
Las mascotas virtuales no pueden considerarse perjudiciales ni beneficiosas en sí mismas. Todo depende del uso que se les de.
Dado que los niños tienen dificultades para establecer sus propios límites o para distinguir claramente hasta qué punto un objeto externo puede ser beneficioso o perjudicial y simplemente se rigen por el entretenimiento o aburrimiento que el juguete les propicie, es necesaria la intervención de los adultos.
En estos casos es importante que los padres y los maestros hagan hincapié en la distinción entre realidad y realidad virtual, para ayudarlos a diferenciar realidad y ficción y evitar confusiones, fantasías e identificaciones excesivas.
Dado que los Tamagotchi pueden morir si nos se les dan los cuidados considerados como “apropiados”, es positivo explicar que las mascotas virtuales pueden “revivir” tantas veces como sea deseado. Esto es una forma de evitar la frustración del niño porque su mascota virtual ha muerto y de diferenciarlo con lo que es una muerte real.
Los problemas surgen cuando, la concentración y el tiempo dedicado a este juego estorban el desarrollo normal y adaptado del niño. En pocas palabras, cuando el juego controla al niño en vez de viceversa.
En conclusión, los adultos deben permanecer en dialógo constante con los menores, relativizando el valor del Tamagotchi como mascota, estando atentos a los cambios actitudinales negativos y poniendo límites de tiempo claros cuando sea necesario. Si esto no es requerido, es una buena señal ya que el niño está desarrollando un autocontrol sano.
El Tamagotchi fue furor en los '90s y ahora vuelve a ser popular entre niños y pre-adolescentes a través de la telefonía celular. ¿Qué sucede cuando los niños son absorbidos por estos aparatos?
Tanto con los Tamagotchi, así como con
los videojuegos y otros aparatos
electrónicos, despiertan usualmente dos preguntas en los padres de aquellos niños que los utilizan: ¿Existe un límite de tiempo ideal para permitirles este tipo de juegos? ¿Cómo puede afectarlos psicológicamente el pasar tantas horas pendientes de estos productos?
Las mascotas virtuales no pueden considerarse perjudiciales ni beneficiosas en sí mismas. Todo depende del uso que se les de.
Dado que los niños tienen dificultades para establecer sus propios límites o para distinguir claramente hasta qué punto un objeto externo puede ser beneficioso o perjudicial y simplemente se rigen por el entretenimiento o aburrimiento que el juguete les propicie, es necesaria la intervención de los adultos.
En estos casos es importante que los padres y los maestros hagan hincapié en la distinción entre realidad y realidad virtual, para ayudarlos a diferenciar realidad y ficción y evitar confusiones, fantasías e identificaciones excesivas.
Dado que los Tamagotchi pueden morir si nos se les dan los cuidados considerados como “apropiados”, es positivo explicar que las mascotas virtuales pueden “revivir” tantas veces como sea deseado. Esto es una forma de evitar la frustración del niño porque su mascota virtual ha muerto y de diferenciarlo con lo que es una muerte real.
Los problemas surgen cuando, la concentración y el tiempo dedicado a este juego estorban el desarrollo normal y adaptado del niño. En pocas palabras, cuando el juego controla al niño en vez de viceversa.
En conclusión, los adultos deben permanecer en dialógo constante con los menores, relativizando el valor del Tamagotchi como mascota, estando atentos a los cambios actitudinales negativos y poniendo límites de tiempo claros cuando sea necesario. Si esto no es requerido, es una buena señal ya que el niño está desarrollando un autocontrol sano.
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