Niños que pegan: cómo actuar
Todas las edades, Agresividad, Cambiar hábitos
Por lo tanto, hay algunos pasos que
podemos seguir para incentivarlo a
reemplazar
estas actitudes por otras más deseadas:
*Debemos comenzar por no alarmarnos y, fundamentalmente, ayudar a nuestro hijo a poner en palabras sus sentimientos. Es probable que, si se siente angustiado o ansioso por algo, le resulte difícil comprender lo que le está sucediendo, o que no pueda, no quiera o no se anime a decirlo. En estos casos, una buena alternativa, es comenzar hablando nosotros, facilitándole alguna frase. Por ej: “Es difícil esto que sucedió. Te sientes enojado, ¿verdad?” o “te dio bronca que esto no saliera como querías, ¿cierto?”.
*Compartir alguna experiencia propia similar o hacerle saber que comprendemos lo que siente porque alguna vez nos pasó, puede colaborar a que el niño confíe y se abra y que tenga alguien con quien identificarse. Por otra parte, al hacer esto último, le estamos restando peso al acontecimiento y, por lo tanto, el pegar dejará de ser algo “especial”, para llamar la atención; y se convertirá en una conducta más “normal”.
*Mostrarse seguros y firmes con el “no”, “ya basta”, “no puedes pegar más”, etc.
*No sentirse culpable a la hora de poner límites. Recordemos: los límites bien puestos, en el momento indicado y de la forma indicada, son saludables y permiten la maduración del niño. Son necesarios. Tampoco es necesario dar demasiadas explicaciones del porqué no se puede continuar pegando, ya que pueden confundir más, o denotar cierta inseguridad o culpa por parte del adulto.
*Ser consecuentes entre nuestras palabras y nuestras acciones. Si le decimos a nuestros hijos que no peguen pero luego, con el ejemplo, hacemos lo contrario, y nos comunicamos mediante sacudidas, golpes, etc; pues entonces no podemos pretender que nuestro hijo.
*Si el niño continúa pegando, debemos preguntarnos qué motivos puede tener para sentirse ansioso o angustiado o excitado. La agresión corporal puede ser una forma de expresión de situaciones que rodean al niño y que lo angustian mucho, o que no puede cambiar. Reflexionar acerca del entorno o hablar con el niño sobre si ha padecido alguna situación en particular que le esté preocupando pueden ayudar a entender qué le está pasando.
Si ya hemos probado todas las alternativas y el comportamiento persiste, lo mejor
será consultar a un psicólogo infantil.
Cuando hablamos de niños que pegan, debemos tener en cuenta el cuándo, con qué frecuencia, porqué, a quién. Estas preguntas básicas nos ayudarán a pensar la mejor forma de detener este comportamiento
Por lo tanto, hay algunos pasos que
podemos seguir para incentivarlo a
reemplazar
estas actitudes por otras más deseadas:*Debemos comenzar por no alarmarnos y, fundamentalmente, ayudar a nuestro hijo a poner en palabras sus sentimientos. Es probable que, si se siente angustiado o ansioso por algo, le resulte difícil comprender lo que le está sucediendo, o que no pueda, no quiera o no se anime a decirlo. En estos casos, una buena alternativa, es comenzar hablando nosotros, facilitándole alguna frase. Por ej: “Es difícil esto que sucedió. Te sientes enojado, ¿verdad?” o “te dio bronca que esto no saliera como querías, ¿cierto?”.
*Compartir alguna experiencia propia similar o hacerle saber que comprendemos lo que siente porque alguna vez nos pasó, puede colaborar a que el niño confíe y se abra y que tenga alguien con quien identificarse. Por otra parte, al hacer esto último, le estamos restando peso al acontecimiento y, por lo tanto, el pegar dejará de ser algo “especial”, para llamar la atención; y se convertirá en una conducta más “normal”.
*Mostrarse seguros y firmes con el “no”, “ya basta”, “no puedes pegar más”, etc.
*No sentirse culpable a la hora de poner límites. Recordemos: los límites bien puestos, en el momento indicado y de la forma indicada, son saludables y permiten la maduración del niño. Son necesarios. Tampoco es necesario dar demasiadas explicaciones del porqué no se puede continuar pegando, ya que pueden confundir más, o denotar cierta inseguridad o culpa por parte del adulto.
*Ser consecuentes entre nuestras palabras y nuestras acciones. Si le decimos a nuestros hijos que no peguen pero luego, con el ejemplo, hacemos lo contrario, y nos comunicamos mediante sacudidas, golpes, etc; pues entonces no podemos pretender que nuestro hijo.
*Si el niño continúa pegando, debemos preguntarnos qué motivos puede tener para sentirse ansioso o angustiado o excitado. La agresión corporal puede ser una forma de expresión de situaciones que rodean al niño y que lo angustian mucho, o que no puede cambiar. Reflexionar acerca del entorno o hablar con el niño sobre si ha padecido alguna situación en particular que le esté preocupando pueden ayudar a entender qué le está pasando.
Si ya hemos probado todas las alternativas y el comportamiento persiste, lo mejor
será consultar a un psicólogo infantil.
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