Obesidad infantil: causas y prevención
Todas las edades, Enfermedad, Alimentación, Transtornos de la alimentación
¿Cuáles son las razones por las cuáles un niño
pequeño puede ser obeso?
Los motivos pueden ser muchos y muy variados, pero aquí mencionaremos algunos generales. Si nos preocupan los hábitos y la salud de nuestro hijo, podemos comenzar preguntándonos cómo son nuestros propios hábitos alimenticios y de ejercicio físico como padres. Es común que los niños tomen como modelo a sus progenitores y, si alguno de ellos es obeso y tiene conductas extrañas con la comida, el menor tenderá a imitarlas. Por eso, más allá de lo que aconsejemos u ordenemos hacer a nuestros hijos, debemos comenzar nosotros mismos con el ejemplo.
Si este no es el caso y, a pesar de tener nosotros conductas saludables con la alimentación y de intentar transmitirlas a nuestros hijos, ellos tienen un peso muy superior al ideal, surgen dos opciones. Por un lado, descartar alguna enfermedad física que pueda estar provocando el aumento de peso. Para esto es necesario realizar una consulta clínica.
Una vez desestimado esto también, podemos pensar en otras causas. La obesidad siempre encubre un alto nivel de ansiedad. Y, probablemente, la descarga de la misma se está haciendo a través de la ingesta excesiva de alimentos. Pues, entonces, ¿a qué se debe esta ansiedad? Hay millones de explicaciones posibles:
En conclusión, nunca debemos considerar la obesidad como algo aleatorio o accidental. Debemos buscar los motivos subyacentes y trabajar sobre ellos. La gran ventaja de la niñez es que, en esta etapa, y me disculpo por esta tosca comparación, es como “una esponja”. Esto quiere decir, es flexible, se adapta, y puede absorber fácilmente los aprendizajes que le brinda el medio.
Crear la costumbre de alimentarse bien y sanamente, respetar los horarios de ingestas, compartirlas con otras personas y transformarlas en un tiempo de intercambio, evitar saltearse comidas o reemplazarlas por picadas; son algunos consejos útiles. Recordemos que, durante estos años, somos nosotros quienes debemos establecer los límites y las pautas de conducta. Esto no significa que el niño no pueda elegir qué alimentos le gustan más, pero todavía no es el quien debería escoger su alimentación diaria. Sin embargo, si podemos intercalar estos alimentos o utilizarlos como refuerzo positivo si cumple con lo demás.
Otro tema de relevancia es el de la actividad física. El consumo exacerbado de la televisión, los videos juegos y la computadora hace que, cada día, la rutina sea más y más sedentaria. Y el ejercicio es el complemento necesario para cualquier dieta y cualquier vida sana. En consecuencia, son buenas ideas anotar a los niños en algún deporte o danza, controlar la cantidad de horas que pasan frente a una pantalla e incentivarlos a realizar actividades más activas y/o al aire libre.
El apoyo familiar y el estímulo del entorno serán claves ayudar al pequeño para superar esta dificultad y mejorar su confianza y autoestima.
Con el tiempo, el niño irá incorporando estas pautas como propias y, cuando tenga la capacidad de elegir por sí mismo, lo hará de una forma saludable.
Ya hemos visto las características generales de la obesidad y algunas de sus consecuencias. Ahora bien, ¿cómo podemos nosotros, como padres, prevenirla o tratarla?
¿Cuáles son las razones por las cuáles un niño
pequeño puede ser obeso?

Los motivos pueden ser muchos y muy variados, pero aquí mencionaremos algunos generales. Si nos preocupan los hábitos y la salud de nuestro hijo, podemos comenzar preguntándonos cómo son nuestros propios hábitos alimenticios y de ejercicio físico como padres. Es común que los niños tomen como modelo a sus progenitores y, si alguno de ellos es obeso y tiene conductas extrañas con la comida, el menor tenderá a imitarlas. Por eso, más allá de lo que aconsejemos u ordenemos hacer a nuestros hijos, debemos comenzar nosotros mismos con el ejemplo.
Si este no es el caso y, a pesar de tener nosotros conductas saludables con la alimentación y de intentar transmitirlas a nuestros hijos, ellos tienen un peso muy superior al ideal, surgen dos opciones. Por un lado, descartar alguna enfermedad física que pueda estar provocando el aumento de peso. Para esto es necesario realizar una consulta clínica.
Una vez desestimado esto también, podemos pensar en otras causas. La obesidad siempre encubre un alto nivel de ansiedad. Y, probablemente, la descarga de la misma se está haciendo a través de la ingesta excesiva de alimentos. Pues, entonces, ¿a qué se debe esta ansiedad? Hay millones de explicaciones posibles:
En conclusión, nunca debemos considerar la obesidad como algo aleatorio o accidental. Debemos buscar los motivos subyacentes y trabajar sobre ellos. La gran ventaja de la niñez es que, en esta etapa, y me disculpo por esta tosca comparación, es como “una esponja”. Esto quiere decir, es flexible, se adapta, y puede absorber fácilmente los aprendizajes que le brinda el medio.
Crear la costumbre de alimentarse bien y sanamente, respetar los horarios de ingestas, compartirlas con otras personas y transformarlas en un tiempo de intercambio, evitar saltearse comidas o reemplazarlas por picadas; son algunos consejos útiles. Recordemos que, durante estos años, somos nosotros quienes debemos establecer los límites y las pautas de conducta. Esto no significa que el niño no pueda elegir qué alimentos le gustan más, pero todavía no es el quien debería escoger su alimentación diaria. Sin embargo, si podemos intercalar estos alimentos o utilizarlos como refuerzo positivo si cumple con lo demás.
Otro tema de relevancia es el de la actividad física. El consumo exacerbado de la televisión, los videos juegos y la computadora hace que, cada día, la rutina sea más y más sedentaria. Y el ejercicio es el complemento necesario para cualquier dieta y cualquier vida sana. En consecuencia, son buenas ideas anotar a los niños en algún deporte o danza, controlar la cantidad de horas que pasan frente a una pantalla e incentivarlos a realizar actividades más activas y/o al aire libre.
El apoyo familiar y el estímulo del entorno serán claves ayudar al pequeño para superar esta dificultad y mejorar su confianza y autoestima.
Con el tiempo, el niño irá incorporando estas pautas como propias y, cuando tenga la capacidad de elegir por sí mismo, lo hará de una forma saludable.
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