Autismo: Nuestro hijo autista y el resto de la familia
Cambios en los hijos, Comprendiendo a tu hijo, Todas las edades, Comunicación, Autismo
A este nene le pasa algo…dice la abuelita. Mi hermano hace cosas extrañas. Frases como estas pueden señalar la inquietud de los íntimos por las conductas del niño…La dirección fundamental en un chiquillo autista la dará siempre el equipo tratante, pero acercamos algunas sugerencias para estimular a la familia en la comprensión de la problemática.
Familia en tarea.
Cuando los padres reciben el diagnóstico tienen muchos sentimientos encontrados. La necesidad de ayudar al hijo, desconfianza y negación, búsquedas de “segundas opiniones” son forma de adaptarse a la nueva información. No cuestionamos aquí la legitimidad de pedir otras opiniones sino que a veces se producen incesantemente esperando que se desmienta el diagnóstico.
Comienzan a aparecer pensamientos e interrogantes en relación a cómo manejar esta nueva realidad. Confusión y desesperanza, así como pensar en su futuro. Es un momento donde el acompañamiento del psicólogo indispensable para elaborar estas emociones y orientarse hacia el tratamiento más adecuado. En todo este movimiento quedarán en otro plano, pero no menos importante otros parientes: abuelos, tíos quieren acompañar el proceso, saber que deben o no hacer para el bienestar del niño. Los padres cubriendo tantos frentes no pueden dedicarse a pleno a todo y a veces cuesta encontrar el equilibrio.
¿Cómo hablamos con los hermanos?
En los temas personales es importante una conversación clara. No es necesario el uso de términos cientificos y explicaciones (que a menudo se convierten en formas de alejarse de la cuestión). Es de mucha utilidad, conversar desde la afectividad dando pautas concretas. “Tu hermano tiene un problema, le cuesta relacionarse y comunicarse con las personas. Vamos a ayudarlo entre todos”. La comunicación inicial debe ser sencilla y concisa. Luego dejar tiempo para que los chicos saquen sus conclusiones. Si el clima hogareño es de intercambio, los otros hijos irán preguntando en el día a día y nos darán la oportunidad de responder: ¿Por qué lo llevas a una fonoaudióloga? No me mira cuando le doy el juguete… ¿es por el problema? ellos aprenden en lo cotidiano como tratar a su herman@ y pueden ir adaptándose a esta realidad.
Aunque por momentos se hace muy difícil, es trascendental no dejar que el niño autista acapare toda nuestra atención. A veces, se incurre en el error de pensar, él tiene limitaciones, me necesita más. Todos los hijos requieren una mirada, precisan de sus padres y sufren la ausencia. La dedicación exclusiva al pequeño con dificultades puede despertar sensación de abandono o despertar hostilidades, creando la idea de que hay que estar en aprietos o enfermo para recibir atención.
Abuelos, niñera, tíos… ¿cómo orientar a los cuidadores?
Hay algunas tareas que son necesarias para estimular a un chiquillo autista y que los familiares puedan sentirse más comunicados con él:
• Estimular la atención por medio de sonidos, palabras, buscando su mirada (tomándolo con suavidad de la carita) y hablando en forma directa.
• Incentivar la imitación, realizando acciones como tocar los palillos o mover un autito y tomar su mano ayudándolo a copiar esta acción.
• Cuando golpea los juguetes o los arroja, tomarlo de las manos y suavemente decirle no, acompañando una actitud de exploración. (Por ej, si es una pelota, hacerla rodar).
Como tantos temas cuando de los hijos se trata, afecto, perseverancia y aceptación van conduciendo hacia el bienestar brindándoles la contención necesaria para crecer felices.
A este nene le pasa algo…dice la abuelita. Mi hermano hace cosas extrañas. Frases como estas pueden señalar la inquietud de los íntimos por las conductas del niño.
A este nene le pasa algo…dice la abuelita. Mi hermano hace cosas extrañas. Frases como estas pueden señalar la inquietud de los íntimos por las conductas del niño…La dirección fundamental en un chiquillo autista la dará siempre el equipo tratante, pero acercamos algunas sugerencias para estimular a la familia en la comprensión de la problemática.Familia en tarea.
Cuando los padres reciben el diagnóstico tienen muchos sentimientos encontrados. La necesidad de ayudar al hijo, desconfianza y negación, búsquedas de “segundas opiniones” son forma de adaptarse a la nueva información. No cuestionamos aquí la legitimidad de pedir otras opiniones sino que a veces se producen incesantemente esperando que se desmienta el diagnóstico.
Comienzan a aparecer pensamientos e interrogantes en relación a cómo manejar esta nueva realidad. Confusión y desesperanza, así como pensar en su futuro. Es un momento donde el acompañamiento del psicólogo indispensable para elaborar estas emociones y orientarse hacia el tratamiento más adecuado. En todo este movimiento quedarán en otro plano, pero no menos importante otros parientes: abuelos, tíos quieren acompañar el proceso, saber que deben o no hacer para el bienestar del niño. Los padres cubriendo tantos frentes no pueden dedicarse a pleno a todo y a veces cuesta encontrar el equilibrio.
¿Cómo hablamos con los hermanos?
En los temas personales es importante una conversación clara. No es necesario el uso de términos cientificos y explicaciones (que a menudo se convierten en formas de alejarse de la cuestión). Es de mucha utilidad, conversar desde la afectividad dando pautas concretas. “Tu hermano tiene un problema, le cuesta relacionarse y comunicarse con las personas. Vamos a ayudarlo entre todos”. La comunicación inicial debe ser sencilla y concisa. Luego dejar tiempo para que los chicos saquen sus conclusiones. Si el clima hogareño es de intercambio, los otros hijos irán preguntando en el día a día y nos darán la oportunidad de responder: ¿Por qué lo llevas a una fonoaudióloga? No me mira cuando le doy el juguete… ¿es por el problema? ellos aprenden en lo cotidiano como tratar a su herman@ y pueden ir adaptándose a esta realidad.
Aunque por momentos se hace muy difícil, es trascendental no dejar que el niño autista acapare toda nuestra atención. A veces, se incurre en el error de pensar, él tiene limitaciones, me necesita más. Todos los hijos requieren una mirada, precisan de sus padres y sufren la ausencia. La dedicación exclusiva al pequeño con dificultades puede despertar sensación de abandono o despertar hostilidades, creando la idea de que hay que estar en aprietos o enfermo para recibir atención.
Abuelos, niñera, tíos… ¿cómo orientar a los cuidadores?
Hay algunas tareas que son necesarias para estimular a un chiquillo autista y que los familiares puedan sentirse más comunicados con él:
• Estimular la atención por medio de sonidos, palabras, buscando su mirada (tomándolo con suavidad de la carita) y hablando en forma directa.
• Incentivar la imitación, realizando acciones como tocar los palillos o mover un autito y tomar su mano ayudándolo a copiar esta acción.
• Cuando golpea los juguetes o los arroja, tomarlo de las manos y suavemente decirle no, acompañando una actitud de exploración. (Por ej, si es una pelota, hacerla rodar).
Como tantos temas cuando de los hijos se trata, afecto, perseverancia y aceptación van conduciendo hacia el bienestar brindándoles la contención necesaria para crecer felices.
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