El valor terapéutico de los cuentos
Psicología, Todas las edades, Lectura
Pensarán que estamos haciendo referencia a los libros
de autoayuda y sin embargo no
es a ellos a los que me
refiero, al menos no en este artículo.
Algunos cuentos para los niños, especialmente los temáticos: imaginemos por ejemplo "Juan se hizo pis" o "Juan tiene una hermanita" son directamente terapéuticos. Ellos hacen referencia directa al problema que enfrenta al niño y le enseña explícitamente caminos para salirse del mal trance. Aquí lo curativo se entremezcla con lo educativo.
Pero también otros cuentos que leen los niños son simplemente historias: de piratas, de niños huérfanos, de animales, cuya experiencia no es aparentemente similar a la de nuestros hijos.
Muchas veces este último tipo de cuentos, tienen muchas más posibilidades de curar heridas en los niños que aquellos que plantean temas directamente.
El poder de la metáfora en el cerebro humano, todavía no ha sido enteramente descubierto. Lo que sí se sabe es que podemos identificarnos con personajes e historias que en apariencia no guardan similitudes con nosotros.
Lo importante es que podemos proyectar sus lecciones, sabiduría y experiencia en nosotros mismos.
A través de los cuentos podemos modificar nuestras creencias, adquirir unas nuevas y incluso darle nombre a aquello que experimentamos.
Pongamos un ejemplo: Llamémosle Luna, tenía siete años y una linda familia. Su abuelita, que la cuidaba algunas veces por semana, falleció. Fue de repente, sin previo aviso, simplemente una mañana no se despertó más.
Los padres de Luna, que difícilmente podían explicárselo a sí mismos, intentaron algunas palabras para Luna. Ella estuvo triste algún tiempo, en general no hablaba del tema con su mamá porque ella se largaba a llorar y Luna no la quería ver triste.
Lo que de verdad no entendía Luna es a dónde había ido su abuelita. Cómo una persona podía desaparecer de un día para el otro. ¿Se habría ido de viaje? ¿Que era el cielo? Miles de preguntas se mezclaban en su cabecita y de fondo un sentimiento de tristeza que no tenía nombre.
En la escuela, durante la hora de lectura, su maestra comenzó a leerles un cuento. Era bien simple: trataba de una flor hermosa que había crecido en el jardín de Tomás, el protagonista de la historia. Tomás la había dibujado con mucho cuidado. Eventualmente, la flor se marchitaba y Tomás pensaba hacia el final del cuento que aunque crecieran flores parecidas, nunca sería la misma flor, nunca sería esa flor. Lo bueno es que siempre la recordaría.
Sabiéndolo o sin saber, Luna captó el mensaje metafórico del cuento. No es que de un día para el otro el duelo hubiera sido superado, pero el cuento la ayudó a aceptar (a pesar de su corta edad) que los seres que amamos, se vuelven únicos y son irrepetibles. Esto es algo que hay que aceptar, es un hecho de la vida,
Tomás no puede hacer revivir esa flor. Pero tuvo su recuerdo.
A la vez ayudó a Luna a aceptar el dolor, a aceptar que el dolor es parte del proceso. Identificándose con la experiencia de Tomás, Luna entendió mucho de su propia experiencia.
Y este es el secreto de los cuentos, parecen simples y sin embargo muchas veces nos curan y guían a través de sus ricas metáforas.
Los cuentos son maravillosos, de eso no hay duda (¡por lo menos para mí!). Pero su secreto mejor guardado es su poder de curar a los lectores, aquí veremos de que manera.
Pensarán que estamos haciendo referencia a los libros
de autoayuda y sin embargo no
es a ellos a los que me refiero, al menos no en este artículo.
Algunos cuentos para los niños, especialmente los temáticos: imaginemos por ejemplo "Juan se hizo pis" o "Juan tiene una hermanita" son directamente terapéuticos. Ellos hacen referencia directa al problema que enfrenta al niño y le enseña explícitamente caminos para salirse del mal trance. Aquí lo curativo se entremezcla con lo educativo.
Pero también otros cuentos que leen los niños son simplemente historias: de piratas, de niños huérfanos, de animales, cuya experiencia no es aparentemente similar a la de nuestros hijos.
Muchas veces este último tipo de cuentos, tienen muchas más posibilidades de curar heridas en los niños que aquellos que plantean temas directamente.
El poder de la metáfora en el cerebro humano, todavía no ha sido enteramente descubierto. Lo que sí se sabe es que podemos identificarnos con personajes e historias que en apariencia no guardan similitudes con nosotros.
Lo importante es que podemos proyectar sus lecciones, sabiduría y experiencia en nosotros mismos.
A través de los cuentos podemos modificar nuestras creencias, adquirir unas nuevas y incluso darle nombre a aquello que experimentamos.
Pongamos un ejemplo: Llamémosle Luna, tenía siete años y una linda familia. Su abuelita, que la cuidaba algunas veces por semana, falleció. Fue de repente, sin previo aviso, simplemente una mañana no se despertó más.
Los padres de Luna, que difícilmente podían explicárselo a sí mismos, intentaron algunas palabras para Luna. Ella estuvo triste algún tiempo, en general no hablaba del tema con su mamá porque ella se largaba a llorar y Luna no la quería ver triste.
Lo que de verdad no entendía Luna es a dónde había ido su abuelita. Cómo una persona podía desaparecer de un día para el otro. ¿Se habría ido de viaje? ¿Que era el cielo? Miles de preguntas se mezclaban en su cabecita y de fondo un sentimiento de tristeza que no tenía nombre.
En la escuela, durante la hora de lectura, su maestra comenzó a leerles un cuento. Era bien simple: trataba de una flor hermosa que había crecido en el jardín de Tomás, el protagonista de la historia. Tomás la había dibujado con mucho cuidado. Eventualmente, la flor se marchitaba y Tomás pensaba hacia el final del cuento que aunque crecieran flores parecidas, nunca sería la misma flor, nunca sería esa flor. Lo bueno es que siempre la recordaría.
Sabiéndolo o sin saber, Luna captó el mensaje metafórico del cuento. No es que de un día para el otro el duelo hubiera sido superado, pero el cuento la ayudó a aceptar (a pesar de su corta edad) que los seres que amamos, se vuelven únicos y son irrepetibles. Esto es algo que hay que aceptar, es un hecho de la vida,
Tomás no puede hacer revivir esa flor. Pero tuvo su recuerdo.
A la vez ayudó a Luna a aceptar el dolor, a aceptar que el dolor es parte del proceso. Identificándose con la experiencia de Tomás, Luna entendió mucho de su propia experiencia.
Y este es el secreto de los cuentos, parecen simples y sin embargo muchas veces nos curan y guían a través de sus ricas metáforas.
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