| 2 opiniones |
Mamá!! Mi hermano me pegó.
de 6 a 11, Malos hábitos, Psicología, Agresividad, Hermanos
Comienza la discusión. Las voces se elevan y la pelea
se arma entre los hermanos. Los
padres asustados se
preguntan si siempre será así…
Las relaciones entre hermanos son complejas. Recorren de punta a punta todas las emociones pasando por el amor, la ira o el odio. Los papás se sienten sorprendidos por tantas diferencia cuando ellos los han educado igual.
¿Iguales o diferentes?
Cada persona es única, cada hijo nace en un momento distinto de la pareja, tanto emocional como social y económico. El movimiento de la vida hace que los pequeños no tengan siempre los mismos padres y requieran distintas cosas.
Los adultos pueden aspirar a darles igualdad de oportunidad pero no es beneficioso ni posible darles lo mismo. Este es uno de los conflictos en la relación y lo recuerdan permanentemente: ¿por qué a ella le diste dinero? ¿Por qué yo no tengo un lápiz? La pregunta es qué le hace falta cada uno y cómo cubrir sus necesidades. La hostilidad es parte de este proceso de crecimiento. A ellos les gustaría ser los únicos destinatarios de la atención y el afecto de sus progenitores y tienen que experimentar como parte de la convivencia estar con otros, compartir y no tener siempre lo que quieren.
Esta hostilidad puede presentarse en dos formatos: agresividad o agresión y violencia. Para el ser humano es necesario tener una cuota de agresividad. Se hace referencia aquí a la agresividad positiva, que es un componente natural del desarrollo psicoafectivo, relacionada a la supervivencia y el logro de objetivos. Es el empuje vital para emprender una acción o separarse de una situación y lograr las propias metas. Esta forma se ve representada por el no, poner distancia y preservarse. Si bien conlleva rivalidad está centrada en defender lo que se valora sin destruir las relaciones. Se funda en la protección y su objetivo es evitar el daño personal.
La agresión o violencia tiene una connotación beligerante cuyo objetivo es dañar a alguien o algo. Se caracteriza por su intencionalidad y ataca sin importar la relación. Está vinculada a la destrucción.
En resumen, la agresividad es una fuerza precisa para afrontar los desafíos de la vida. Es saludable y aquellas personas que no tienen una cuota de ella están expuestas al stress y las enfermedades por quedar merced a las demandas del mundo exterior.
Los hermanos están gestando sus espacios individuales y su relación con la familia es el primer lugar para practicar. Despliegan sus primeras armas de la discusión, la persuasión y hasta la coerción. Establecen fronteras, las desafían e imponen sus propios castigos. Son los primeros iguales para establecer una relación de paridad. Esta función más adelante se complementa con los amigos y compañeros del colegio.
¿Cómo intervenir?
Cuando la diferencia de edad es menor a 6 años es conveniente permitir que los hijos diriman sus situaciones interviniendo sólo si hay intento de agresiones físicas. En este caso, separar a los críos, preferentemente en dos ambientes distintos para que reflexionen sobre lo sucedido evitando tomar partido. Lo más difícil de estas situaciones es guardar la calma necesaria para permitir a los pequeños experimentar el aprendizaje del autocontrol y la autonomía.
También es importante distinguir la inducción involuntaria que algunos progenitores hacen de las peleas. Por ejemplo, considerando que el hijo mayor es más fuerte (aunque solo tengan un par de años de diferencia) y sobreprotegiendo al pequeño. Aumenta el malestar entre ellos las comparaciones y rótulos que generan sentimientos de inferioridad y revancha.
Considerar y valorar los momentos que comparten son solidarios y juegan juntos es una forma de estimular conductas positivas.
Los niños aprenden de lo que viven y si los padres discuten, se faltan el respeto o se agreden ellos repetirán esta conducta con sus pares.
Con paciencia y tiempo entre discusiones y algún que otro coscorrón crecerán y podrán establecer una relación entrañable.
Comienza la discusión. Las voces se elevan y la pelea se arma entre los hermanos. Los padres asustados se preguntan si siempre será así, sorprendidos por tantas diferencias ya que los han criado igual
Comienza la discusión. Las voces se elevan y la pelea
se arma entre los hermanos. Los
padres asustados sepreguntan si siempre será así…
Las relaciones entre hermanos son complejas. Recorren de punta a punta todas las emociones pasando por el amor, la ira o el odio. Los papás se sienten sorprendidos por tantas diferencia cuando ellos los han educado igual.
¿Iguales o diferentes?
Cada persona es única, cada hijo nace en un momento distinto de la pareja, tanto emocional como social y económico. El movimiento de la vida hace que los pequeños no tengan siempre los mismos padres y requieran distintas cosas.
Los adultos pueden aspirar a darles igualdad de oportunidad pero no es beneficioso ni posible darles lo mismo. Este es uno de los conflictos en la relación y lo recuerdan permanentemente: ¿por qué a ella le diste dinero? ¿Por qué yo no tengo un lápiz? La pregunta es qué le hace falta cada uno y cómo cubrir sus necesidades. La hostilidad es parte de este proceso de crecimiento. A ellos les gustaría ser los únicos destinatarios de la atención y el afecto de sus progenitores y tienen que experimentar como parte de la convivencia estar con otros, compartir y no tener siempre lo que quieren.
Esta hostilidad puede presentarse en dos formatos: agresividad o agresión y violencia. Para el ser humano es necesario tener una cuota de agresividad. Se hace referencia aquí a la agresividad positiva, que es un componente natural del desarrollo psicoafectivo, relacionada a la supervivencia y el logro de objetivos. Es el empuje vital para emprender una acción o separarse de una situación y lograr las propias metas. Esta forma se ve representada por el no, poner distancia y preservarse. Si bien conlleva rivalidad está centrada en defender lo que se valora sin destruir las relaciones. Se funda en la protección y su objetivo es evitar el daño personal.
La agresión o violencia tiene una connotación beligerante cuyo objetivo es dañar a alguien o algo. Se caracteriza por su intencionalidad y ataca sin importar la relación. Está vinculada a la destrucción.
En resumen, la agresividad es una fuerza precisa para afrontar los desafíos de la vida. Es saludable y aquellas personas que no tienen una cuota de ella están expuestas al stress y las enfermedades por quedar merced a las demandas del mundo exterior.
Los hermanos están gestando sus espacios individuales y su relación con la familia es el primer lugar para practicar. Despliegan sus primeras armas de la discusión, la persuasión y hasta la coerción. Establecen fronteras, las desafían e imponen sus propios castigos. Son los primeros iguales para establecer una relación de paridad. Esta función más adelante se complementa con los amigos y compañeros del colegio.
¿Cómo intervenir?
Cuando la diferencia de edad es menor a 6 años es conveniente permitir que los hijos diriman sus situaciones interviniendo sólo si hay intento de agresiones físicas. En este caso, separar a los críos, preferentemente en dos ambientes distintos para que reflexionen sobre lo sucedido evitando tomar partido. Lo más difícil de estas situaciones es guardar la calma necesaria para permitir a los pequeños experimentar el aprendizaje del autocontrol y la autonomía.
También es importante distinguir la inducción involuntaria que algunos progenitores hacen de las peleas. Por ejemplo, considerando que el hijo mayor es más fuerte (aunque solo tengan un par de años de diferencia) y sobreprotegiendo al pequeño. Aumenta el malestar entre ellos las comparaciones y rótulos que generan sentimientos de inferioridad y revancha.
Considerar y valorar los momentos que comparten son solidarios y juegan juntos es una forma de estimular conductas positivas.
Los niños aprenden de lo que viven y si los padres discuten, se faltan el respeto o se agreden ellos repetirán esta conducta con sus pares.
Con paciencia y tiempo entre discusiones y algún que otro coscorrón crecerán y podrán establecer una relación entrañable.
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El 26 enero 2010 a las 18:03 #
excelente articulo. Muy bien escrito y realista. Tus consejos a los padres estan muy bien escritos, sin embargo te faltó aclarar que en la agresión o violencia negativa es indispensable la participación de los padres para evitarla o controlarla en forma más directa.
Y me hubiera gustado que resaltaras tu frase inducción involuntaria pues es importante que los padres se autoanalicen y descubran si involuntariamente ellos esta etiquetando a sus hijos.
Pero creeme, tu artículo es excelente.
El 26 enero 2010 a las 18:13 #
Rocío,
Lo bueno de que los lectores puedan poner comentarios es que completan los artículos con sus experiencias y la práctica.
Muchas gracias por la aportación.
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Un abrazo
Gema