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viernes, 11 junio 2010

1
opinión

Cómo educar a niñas y niños en igualdad

por Mariana Pesce en , ,

Al momento del nacimiento, no existe distinción entre niños y niñas más que aquella dada por el género sexual. El desarrollo de la identidad sexual se irá formando a través de los años.

La educación recibida y las relaciones
establecidas son determinantes en estos procesos.
Ahora bien, criar a nuestros hijos en la igualdad, no implica negarles su condición sexual. Por el contrario, implica permitirles asumir su identidad sexual aprendiendo a respetar a los demás como a sí mismo, sin discriminaciones ni prejuicios para con personas del otro sexo.

Sin embargo, suele suceder que, habiendo decidido este tipo de crianza para nuestro hijo, nos vamos topando, de forma evidente o no tanto, con muchas creencias populares, hábitos, actitudes que han rondado desde hace generaciones, creando estereotipos rígidos de los roles a asumir. Y estos pueden estar presente en cuestiones tan básicas y cotidianas como los juguetes y los colores. Veamos algunos ejemplos. Suele ser mal visto que una niña quiera jugar con juguetes de construcción o con una pelota de fútbol, o que un niño desee jugar con una muñeca ya que, en ambos casos, se considera que esos juguetes están diseñados para el sexo opuesto.

Lo mismo sucede con aspectos tan básicos como los colores. Rosa y amarillo para las niñas, celeste y verde para los niños.
Sin embargo, cuando pensamos en los roles que exige la sociedad actual, nos encontramos con una rigidez menor que no solo tolera, sino que exige, una flexibilidad mayor en los roles. Se espera de una mujer que, además de criar a los hijos y realizar las tareas del hogar, trabaje, conduzca, etc; y del hombre, que, además de trabajar, ayude con los hijos, los bañe, cocine y limpie. Pues entonces, ¿por qué debería de ser inapropiado que una niña tenga una herramienta de juguete en sus manos o que un niño escoja jugar a la casita en el kindergarden?

¿Qué cosas podemos hacer nosotros, en el día a día, que colaboren con aquello en lo que creemos?

Pues, estar atento a estos detalles es un buen comienzo.
Lo primero es darle al niño lo que le gusta, no lo que correspondería según su género sexual.

También debemos ser críticos con aquellas actitudes discriminatorias o desvalorizantes hacia cualquiera de los sexos, reflexionando y explicando a nuestro hijo lo que pensamos al respecto.

Una buena forma de fomentar la igualdad es dar tareas en conjunto a nuestros hijos, suponiendo que sean hombre y mujer, pidiéndoles que las realicen entre los dos.

Existen otros aspectos relativos a la vida cotidiana donde suelen presentarse estereotipos poco flexibles: la elección de actividades extraescolares, los modelos presentados por los medios de comunicación, los prejuicios relativos a la elección de actividades, deportes y carreras, y muchos otros más.
Próximamente continuaremos con este tema.


miércoles, 9 junio 2010

3
opiniones

Sobreprotección ¿Protegemos demasiado a nuestros hijos?

por Mariana Pesce en ,

La línea entre protección y sobreprotección puede resultar, a veces, muy delgada. ¿Cómo distinguir, entonces, cuando comienza a estar en riesgo el desarrollo de nuestros hijos?

La protección, tanto física como psicológica,
es parte fundamental de cualquier crianza plena.
Y, por supuesto, nosotros, como padres, queremos brindarles a nuestros hijos la mayor seguridad y felicidad posibles. Forma parte natural de la paternidad que tengamos un instinto de protección fuerte y permanente. Principalmente, ante los peligros y las noticias que se hacen presentes en la actualidad.
Sin embargo, proteger o cuidar en exceso pueden transformarse en grandes enemigos de nuestros hijos, sobre todo en lo que respecta a su desarrollo psico-social.

¿Cómo surge la sobreprotección?
La sobreprotección está más relacionada con nuestras propias dificultades en aceptar el crecimiento de nuestros hijos. Durante los primeros meses de vida, los hemos visto como seres totalmente dependientes de nosotros, tanto para su supervivencia como para su salud. Pues bien, cuando llega el momento

Por eso, es importante hacer un esfuerzo por reflexionar sobre nuestras conductas y

¿Cómo podemos saber si estamos sobreprotegiendo a nuestros hijos?

Existen algunas expresiones típicas de un padre o responsable sobreprotector:
Hacer todo por anticipado:
-dejarle preparada la mochila para ir a la escuela
-hacerle las tareas escolares para prevenir un problema en la escuela o simplemente para colaborar a que finalice antes.
-preguntar por el/ella en todos lados (en la escuela, en una tienda, etc) para poder estar al tanto de la información y que esta no sea incompleta
-servirle o darle la comida para evitar que se manche o para evitar que se demore.
-excusarlo siempre
-solucionarle todos los problemas, sin enseñarle cómo hacerlo por sí mismo y darle la oportunidad para esto
-sentir una angustia permanente pensando en la posibilidad de que le suceda algo

Desde ya, los crecientes riesgos que impone el mundo actual, no funcionan como facilitadores para que podamos sentirnos seguros y tranquilos cuando nuestros hijos no están bajo nuestra vista y cuidado. Sin embargo, tomando las precauciones y cuidados necesarios, sin descuidar su integridad, vale la pena hacer el esfuerzo y ayudarlos que aprendan a cuidarse a sí mismos, de forma progresiva.


lunes, 7 junio 2010

Hermanos que comparten habitación

por Mariana Pesce en ,

Bien sabemos que las habitaciones compartidas entre hermanos puede ser un importante motivo de conflicto en el hogar. ¿Existe algo que podamos hacer al respecto?

Usualmente, dos o más hijos comparten habitación ya que una imposibilidad de espacio lo requiere así. En oportunidades, esto sucede por algunos años hasta que la familia puede adquirir o rentar una propiedad más grande y, por lo tanto, cada miembro pasa a tener su propia habitación. Sin embargo, mientras tanto, los conflictos derivados de la convivencia y del desarrollo de la personalidad, traen aparejados una serie de complicaciones, riñas y situaciones de tensión que pueden alterar el ritmo familiar y angustiar a los padres y a los mismos niños.

Algunos de los temas de discusión más frecuentes son: la decoración, los objetos compartidos, los tiempos y espacios de cada uno. Por eso, si vemos lejana la posibilidad de que haya habitaciones individuales para cada uno, deberemos ser previsores e irnos anticipando a estos posibles problemas.

Existen dos cuestiones simples que pueden colaborar a un clima de convivencia más armónico entre hermanos:

Decoración
Incluso cuando la habitación es muy pequeña, podemos permitir una decoración mixta que incluya colores variados ( o dos gamas: amarillo y verde, rosa y celeste, etc). Esto aplicado en paredes suele dar un buen resultado sin por ello alterar el estilo final. También podemos crear espacios específicos para cada uno. Por ejemplo, una pequeña biblioteca para ambos, una mesa para que la niña pueda juegar al té, una carretera en un rincón para que el niño juegue con los autitos, dos puffs para que los dos puedan recostarse, etc.

Horarios de actividades

Cuando la habitación es compartida, obviamente, las actividades que cada uno de los hermanos realice afectarán inevitablemente al otro. Desde estudiar o jugar a los videojuegos, hasta dormir o practicar un instrumento.
Por esto es importante que los horarios y los tipos de actividades estén pautadas o que creemos opciones alternativas. Por ejemplo: acordamos entre todos que de cinco a seis es momento de estudiar mientras que, en la hora posterior, se puede mirar la tele o escuchar música. O, en caso de que alguno rinda un exámen el día posterior, tendrá prioridad en sus tiempos de estudio.

Todos estos detalles harán sentir a los menores que, aún compartiendo, cuentan un espacio propio.

Cuando se acerca la adolescencia, recomendamos buscar otras opciones ya que los pre-adolescentes comienzan a tener nuevas necesidades, deseos de mayor intimidad y la convivencia puede tornarse más complicada.

En conclusión, armando y respetando estas pautas, estamos colaborando a que nuestros hijos aprendan a respetar a los otros, a considerar las necesidades ajenas, a compartir, a establecer sus propios límites así como a defender lo que les corresponde, entre otros hábitos.

miércoles, 2 junio 2010

2
opiniones

Dispraxia: ¿qué es?

por Mariana Pesce en ,

También es conocida como “síndrome del niño torpe” ya que quienes la sufren tienen dificultades para concretar movimientos. ¿Qué sabemos de esta dificultad que afecta casi a un 14% de la población?

Se trata de una dificultad o incapacidad a la hora de terminar movimientos que exigen cierta coordinación, por ejemplo algunas personas tienen dificultades a la hora de atarse los cordones, abotonarse el abrigo, cortar la carne, otras no son capaces de ordenar tacos de madera de diferente color, etc.

Existe en diversos grados, desde las más leves hasta las más graves.
La dispraxia no tiene relación alguna con la capacidad intelectual del niño.
Usualmente es detectada en la etapa pre-escolar, en el campo neurológico y, sobre todo, en el campo motor; ya que es en esta época cuando algunas aptitudes motoras deberían ser más coordinadas y, también, es cuando pueden compararse con las del resto de los niños, ya que el jardín lo permite.

Si se realiza el diagnóstico precoz, los síntomas serán minimizados y, por lo tanto, la adaptación del niño mejorará.
Lo primero y fundamental es, por supuesto, consultar a un especialista.

Desde pequeños, los niños con dispraxia deben aprender estrategias alternativas para poder enfrentar aquellas dificultades que se les van presentando. Por eso, es necesario enseñarles algunas cuestiones simples de la vida cotidiana

También es bueno trabajar con ellos el tema de la autoestima, ya que muchas veces se sienten ridiculizados en público o ponen tanto foco en este aspecto de su vida, que se les hace difícil poder ver todas las otras capacidades y aptitudes que poseen. A este último punto debe apuntar el tratamiento psicológico.

Un buen incentivo es que participen de alguna actividad artística, como pueden ser: realizar manualidades, pintar, tocar algún instrumento, etc. Las mismas suelen ser momentos recreativos para los niños y, al mismo tiempo, requieren de la utilización de la motilidad gruesa y fina. Por lo tanto, estará participando de una modalidad de rehabilitación, sin que esta tenga la connotación de tal.

Si la dispraxia afecta al área del habla, el tipo de tratamiento se denomina “logopédico” ya que, a través de ejercicios con la lengua, la mandíbula, las mejillas, se busca mejorar la habilidad en cuestión.

En conclusión, para el niño que posee dispraxia, es fundamental que cuente no solo con contención familiar, sino también con un diagnóstico precoz, un tratamiento adecuado y un asesoramiento psicológico que lo ayude a controlar y conducir sus emociones de forma positiva. Todo esto será de gran ayuda y permitirá un importante progreso en eñ desarrollo y las capacidades de la persona.

lunes, 31 mayo 2010

¿Cómo interviene un psicopedagogo?

por Mariana Pesce en , ,

La psicopedagogía se encarga de estudiar, prevenir e intervenir sobre las dificultades que puede presentar una persona en los procesos de aprendizaje.

El objetivo principal de la misma será ayudar al niño o adolescente a superar o manejar estas dificultades para continuar avanzando en su aprendizaje.

El psicopedagogo puede trabajar directamente dentro de la institución educativa o de forma particular, en un consultorio.
Los niños con alguna dificultad suelen ser conscientes de la misma y tener sentimientos al respecto: apatía, tristeza, sobreexigencia, frustración, aislamiento, etc.

Por lo tanto, si creemos que nuestro hijo presenta algún problema en el aprendizaje pero todavía no se nos ha comunicado nada desde la escuela, lo primero que podemos hacer es consultar en ella si hay algún profesional del área para conversar con él. De no ser así, entonces nos resta buscar un profesional externo.

El psicopedagogo actúa sobre una variada gama de problemas:
-Problemas del aprendizaje con base en el ámbito cognitivo
-Problemas emocionales que afectan directamente la escolaridad y el aprendizaje
-Problemas psicomotores y su relación con la educación.
-Estimulación temprana


No cumple el rol de un profesor particular y, por lo tanto, no nos dará clases de alguna asignatura así como tampoco nos enseñará ni nos explicará contenidos. Lo primero será contar con un diagnóstico, no desde el punto de vista de “etiquetar” al alumno con “tal o cual dificultad”, sino porque un buen diagnóstico es lo que nos permitirá diseñar un plan de trabajo efectivo y conjunto entre profesionales, escuela y familia.

Así, el profesional evalúa dónde reside la dificultad en el aprendizaje y proporcionar al consultante herramientas y recursos para superarla.

Diagrama un plan a corto y largo plazo donde se busca fortalecer funciones cognitivas ya existentes. O sea, el trabajo está focalizado sobre las potencialidades de la persona.
Busca intervenir desde varios ámbitos: cognitivos, sociales, afectivos y, en muchas oportunidades, se realiza un trabajo en conjunto con profesionales de otras especialidades: psicólogos, neurólogos, psiquiatras, etc.

En conclusión, una consulta e intervención adecuadas en el momento apropiado, pueden ser decisivas para el progreso de un alumno con dificultades en su desempeño.

jueves, 27 mayo 2010

Fomentando la responsabilidad en nuestros hijos

por Mariana Pesce en ,

¿Qué es la responsabilidad? Es la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer las consecuencia de un hecho que realizó con libertad. Es una virtud y un valor del ser humano.

Seguramente hemos oído millones de veces a familiares,
a otros padres o a educadores decir, en referencia a algún niño o adolescente, expresiones como: “es tan responsable”, “es irresponsable y no cambia nunca”, “yo deseo que sea responsable”, “aquí fomentamos su responsabilidad”. Pues bien, hay en un punto en que parece que todos acordamos: en que buscamos y queremos inculcar la responsabilidad como un valor personal.

Hay algunas acciones concretas que pueden ayudar a lograr este objetivo:
Un buen comienzo es ser siempre claros con lo que esperamos de nuestro hijo. Los dobles mensajes o la falta de comunicación son un obstáculo frecuente que hace que los niños no comprendan lo que esperamos de ellos y que, por tal motivo, no respondan en la forma en que lo hubiéramos deseado.
Esto incluye ayudarlos a que aprendan a pensar, reflexionar, opinar y tomar decisiones de manera independiente; considerando las posibles consecuencias por las mismas.

También es positivo establecer límites claros que sirvan como punto de referencia, las cuales el niño asumirá conforme vaya creciendo.
Una buena opción es programar determinadas tareas que nuestro hijo deba cumplir dentro del hogar. Las mismas deben ser acordes a su edad y, aun desde pequeños, se le pueden asignar algunas cuestiones simples que se irán acomplejando según sus posibilidades y madurez.

Si queremos que nuestro hijo sea responsable, debemos tener paciencia y enseñarle las cosas paso a paso, para que luego pueda hacerlas de forma autónoma.
Dentro de la responsabilidad, se incluyen también aspectos como la constancia, el esfuerzo, el cuidado personal.

Es importante nunca hacerse responsable por las tareas y/u obligaciones de nuestro hijo. De esta forma, aprenderá desde pequeño que todas sus acciones tienen consecuencias y que debe hacerse cargo de las decisiones tomadas.
Pero finalmente, es fundamental enseñar a nuestro hijo las herramientas para llegar a ser una persona responsable, autónoma. Y para esto es necesario darle sus espacios, confiar en el y permitirle demostrar que puede hacer las cosas adecuadamente. Además, para la responsabilidad, es necesario que conozca el sentido del esfuerzo y el sacrificio. Ambos reforzarán la importancia y el valor de las cosas logradas.

Son signos de que vamos por el camino correcto si el pequeño: es capaz de considerar diferentes opciones y escoger de forma razonable, si puede acatar los límites que le corresponden cumplir, si se compromete a algo y lo cumple, si lleva a cabo las tareas asignadas (escolares, domésticas, etc), si se hace cargo de sus errores, etc
.

Obviamente, como cualquier otro valor, todo comienza con el ejemplo.

martes, 25 mayo 2010

3
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Repetir un curso en el colegio: ¿qué podemos hacer?

por Mariana Pesce en , ,

Han acabado las evaluaciones del año escolar y sabemos efectivamente que nuestro hijo repetirá el curso. Comienzan los cuestionamientos, la desesperación, las dudas. ¿Qué podemos hacer ahora?

Lo primero y principal es abrir un espacio
para hablar sobre el tema
. Echar culpas
no será beneficioso para nadie
, sino que nos encerrará en un camino sin salida.

La repitencia siempre nos habla de una relación triangular: alumno-hijo, familia y escuela. Por lo tanto, si un niño o adolescente repite es necesario tener un momento de reflexión donde nos preguntemos qué sucedió, qué factores intervinieron, que fallas hubo en estas relaciones, cómo intentamos modificar la siutación nosotros, entre otros aspectos. Y, sobre todo, no olvidar nunca que la repitencia es una alarma que nos indica que algo le está sucediendo a nuestro hijo y no le permite desenvolverse como es esperable en la escuela.

Un niño o adolescente puede tener un bajo desempeño escolar por variados motivos:
-posee alguna dificultad en el área del aprendizaje que no ha sido detectada y diagnosticada apropiadamente. No son pocos los casos en que un alumno es caratulado de “mal alumno” cuando, en verdad, puede haber muchos diagnósticos detrás que justifiquen su actitud: dislexia, retraso leve, déficit de atención, alto coeficiente intelectual, etc.

-situaciones de índole personal/familiar están influyendo sobre su estado de ánimo y, por ende, sobre su rendimiento.

-está teniendo dificultades en sus vínculos con pares, lo cual inhibe sus conductas, desvía su atención y perjudica su desempeño

-los contenidos escolares no son los adecuados para su edad, capacidad de commprensión y elaboración, etc.
Por supuesto, estas son solo algunas variables que podrían entrar en juego y pueden existir muchas razones más. Diferenciar cuál es el motivo predominante nos marca el camino a seguir ya que, sabiendo qué sucede, podemos determinar cómo actuar.

Es aconsejable consultar a un profesional que nos ayude a delucidar estos temas.
Si continuamos como si nada hubiera ocurrido, sin intervenir de forma alguna, probablemente a fin del nuevo año nos volveremos a encontrar con la misma situación, más agudizada.

Desde ya, es fundamental diseñar un plan para el nuevo año, incorporando todas las acciones que tomaremos como padres para lograr un cambio y, por supuesto, haciendo participar a nuestro hijo pensando cuáles serán sus propias acciones (por ejemplo: realizar un cronograma de estudio, asistir a clases particulares, entregar los deberes en tiempo y forma, consultar a un psicopedagogo o psicólogo o ambos, sentarnos nosotros todas las semanas y revisar juntos carpetas, cuadernos, libros, etc para mostrar nuestro apoyo y guía, etc).

Finalmente, queremos aclara que, además de crear hábitos de estudio que se establezcan y perduren en el hogar, lo más imporante será mostrar un acompañamiento constante ya que, el niño que repite un año escolar, es un niño que sabe que hay algo que no está sucediendo como se suponía y que, por lo tanto, tiene sentimientos de inadecuación, tristeza, culpa, vergüenza, etc. Cuanto mayor es el alumno, mayor es la conciencia de la situación y, por lo tanto, el dolor sentido.

Finalmente, concluímos diciendo que debemos desmitificar el mal augurio del alumno que repite. Con un trabajo, acompañamiento y prevención adecuados, podrá continuar su educación de forma efectiva.

lunes, 24 mayo 2010

Meningitis

por Gabriela Ramos en , ,

La Meningitis es una de las enfermedades mas temidas por padres y médicos porque es muy grave y ademas puede dejar secuelas invalidantes para el resto de la vida. Sin embargo algunas son benignas.

La Meningitis es una inflamación de las meninges, los tejidos que recubren el cerebro y la medula espinal. A veces la enfermedad llega a afectar el cerebro. Es una enfermedad grave y poco habitual. Si se diagnostica en forma precoz se puede tratar con éxito y evitar las complicaciones.

El tipo mas serio de meningitis es la bacteriana, y es mas frecuente en niños menores de 2 años. También hay de origen viral y otras provocadas por hongos y parásitos. Las meningitis virales no suelen ser muy graves y no deja secuelas, excepto cuando afecta a menores de 3 meses.
Hay niños que tienen mayor probabilidad de hacer una meningitis: los menores de 2 meses, prematuros, niños con infecciones en los senos paranasales, quienes han sufrido lesiones graves en la cabeza o fracturas de cráneo, niños con quemaduras graves, con cirugías de cerebro y con enfermedades crònicas como cáncer, fibrosis quística, anemia falciforme, etc.

¿Qué síntomas presenta?

Si el niño es menor de 2 meses, debe alertarse ante la presencia de fiebre, pérdida del apetito, apatía o aumento de la irritabilidad y del llanto.
Si su hijo tiene entre 2 meses y 2 años, llévelo urgente al pediatra si presenta: fiebre, nauseas, vómitos, perdida del apetito, agitación o somnolencia excesiva.
Si el niño es mayor de 2 años puede presentarse con : fiebre, nauseas, vómitos, perdida del apetito, intenso dolor de cabeza, espalda o cuello, con rigidez de nuca. También siente fastidio al ver luces brillantes (fotofobia).
El pediatra luego de evaluar al niño le solicitara análisis de sangre y le efectuará una punción lumbar para extraerle liquido cefalorraquídeo, para determinar que tipo de gérmenes están dando esa meningitis.
El tratamiento consiste en la hospitalización del niño y se le administran antibióticos si la meningitis es bacteriana, así como se controlan todas las funciones vitales.

martes, 18 mayo 2010

Abuso sexual infantil: consecuencias en el abusado

por Mariana Pesce en , ,

Definitivamente, el abuso sexual es una experiencia traumática para cualquier niño y es vivida como un ataque a la integridad física, psicológica y emocional.

Las consecuencias suelen ser muy variadas según la persona, el caso, el modo en que se maneje la situación una vez revelado el hecho, el grado de contención y otros factores. Sin embargo, podemos enumerar una serie de efectos que

Consecuencias a corto plazo
Las niñas manifiestan, mayormente, reacciones de tipo ansioso-depresivas. Los niños suelen presentar problemas a nivel escolar y son más propensos a tener algún tipo de alteración en la conducta, como agresiones sexuales o conductas violentas. También son frecuentes las alteraciones del sueño, las dificultades en la concentración, la presentación de miedo, sentimientos de culpa y vergüenza, pérdida de confianza en los demás, dificultades en las relaciones sociales, sentimientos de indefensión, entre otros. Los niños abusados también son propensos a presentar enfermedades psicosomáticas; o sea, la expresión del síntoma de orígen psicológico a través del cuerpo (dolores de cabeza reiterados, de estómago, gastritis, etc)

Consecuencias largo plazo
Las consecuencias en este aspecto parecen ser menos uniformes, más si hay algunos aspectos hallados comúnmente: las dificultades y alteraciones en el ámbito sexual (en sus dos extremos: inhibición o promiscuidad sexual), depresión, estado de alerta constante, sumisión o alta defensión, falta de control emocional, etc. Las mujeres que han sufrido de abuso, frecuentemente, presentan algún tipo de trastorno, como trastornos de la alimentación o conductas autoagresivas. También pueden darse fobias, insensibilidad de tipo afectiva (bloqueo emocional), dificultades en la concentración y en la memoria, aislamiento, entre otros síntomas.

Como vemos, las mismas son muchas y muy variadas; por eso son fundamentales las medidas que los adultos responsables tomemos una vez que efectivamente se ha producido el hecho. El proveer al menor de la contención, soporte, confianza y ayuda profesional necesarios será clave para lograr la mejor recuperación posible y, por lo tanto, una vida saludable y plena.

jueves, 13 mayo 2010

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Abuso sexual infantil: indicadores para detectarlo

por Mariana Pesce en ,

Los indicadores de abuso suelen expresarse, de forma evidente, de dos maneras: a través de signos físicos y de rasgos conductuales. Una, otra o las dos deben ser alarmas que activen nuestra atención.

Cabe señalar que la falta de evidencia de tipo físico no necesariamente implica ausencia de abuso. Como hemos explicado anteriormente, el abuso no siempre se expresa a través del contacto, por lo que puede no haber modificaciones de esta índole. Cuando un niño confiesa ser abusado, rara es la ocasión en que miente, ya que su relato se cae rápidamente por falta de veracidad y fundamentos.
Los indicadores pueden presentar variantes según la edad de la víctima.

Indicadores de abuso en edad preescolar:
Irritabilidad o agitación excesiva, llanto desmesurado y sin motivos aparentes en lactantes, miedos constantes y desmesurados, sexualización de juegos (con muñecos, animales, objetos, etc), trastornos del sueño, masturbación compulsiva, dificultades en la socialización, conocimientos inadecuados para la edad sobre temas sexuales, regresión a etapas del desarrollo ya superadas (por ejemplo: vuelve a hacerse pis en la cama o hablar con voz de bebé), etc.

Indicadores de abuso en edad escolar:
En esta etapa son frecuentes las dificultades escolares y modificaciones pronunciadas en el desempeño escolar, el alejamiento de los pares y aislamiento, la distorsión de la imagen corporal, la vergüenza a mostrar el cuerpo o ser visto desnudo (por ejemplo: al tener que ducharse o cambiarse tras una clase de gimnasia), cambios extremos en el estado de ánimo, depresión, ideas o intentos suicidas, conocimientos sexuales adelantados para su edad, conductas sexualizadas para con personas mayores, miedo al rechazo, sentimientos constantes de vergüenza y culpa, dibujos que expresan angustia y agresión.

Indicadores de abuso en la adolescencia:

Aquí encontramos, de forma usual, situaciones de huída del hogar, ausencias excesivas a la escuela y bajo rendimiento escolar, retraimiento, dificultades en las relaciones con pares, baja autoestima, problemas para conciliar el sueño o pesadillas reiteradas, conductas autoagresivas, comportamiento sexual desenfrenado o inhibición sexual, consumo de sustancias como alcohol o drogas, trastornos de la alimentación, ideas obsesivas, ansiedad, depresión, etc.

Es importante, en caso de sospecha o confesión por parte del menor, realizar una consulta médica urgente a fin de detectar posibles enfermedades de transmisión sexual. Algunas de ellas son signos definitorios de la presencia de abuso. Otros, nos indican la posibilidad elevada o media de que haya sucedido. Algunos ejemplos son:
gonorrea, HIV, sífilis, verrugas ano-genitales, herpes genitales, vaginosis bacteriana, chlamydia, hepatitis B, entre otras.
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